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La crisis de 1930 interrumpió nuevamente las corrientes inmigratorias y los saldos se redujeron notablemente. Se produjeron varios cambios: el origen de la inmigración se diversificó y comenzaron a llegar no sólo nativos de Italia y España sino que ahora eran de Alemania, la Unión Soviética y Polonia. Por otra parte, el período de sustitución de importaciones que caracterizó a la Argentina necesitó de mano de obra en las ciudades y comenzaron a llegar inmigrantes desde nuestros países vecinos, principalmente paraguayos, bolivianos y chilenos. El tercer y gran último período de la inmigración europea fue posterior a la Segunda Guerra Mundial y hasta 1952. En ese período, los inmigrantes llegaron a un ritmo de 110.000 personas por año, superando así los niveles record anteriores, pero luego declinó a 49.000 entre 1952 y 1960. En la década del ’60 cobra gran importancia la inmigración de los países limítrofes significando un 18% de la población extranjera que vivía en el país . En síntesis, los rasgos migratorios cambiaron de una inmigración de
italianos y españoles a un espectro más amplio de alemanes, rusos, polacos,
yugoslavos, armenios, ucranianos, y otros grupos de Europa Central. Casi
finalizada esta inmigración a mediados de este siglo, ya había cobrado cierta
importancia la inmigración limítrofe, es decir, que pasamos de corrientes
intercontinentales a los flujos intra continentales que caracterizan a los
movimientos migratorios de todo el mundo en la actualidad.
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