Síntesis

 

    En las escuelas, cada mañana, los alumnos, formados en el patio y en silencio, asisten al izamiento de la bandera, y en cada acto de una fecha patria cantan, generalmente en voz baja y tímida, algunos versos del Himno Nacional, mientras otros conversan, mastican chicles o se ríen; en general el adolescente no se siente identificado con los símbolos.

    No hay una conciencia de que el símbolo está ligado a nuestra identidad y acá está el gran dilema sobre qué pasa con nuestra identidad. Saludar a la Bandera o los actos patrios, son un ritual absolutamente vaciado de sentido. No se percibe actualmente que el pasado forma parte del presente y orienta al futuro; algo que antes no estaba en discusión, pero que ahora se perdió, porque es obvio que no hay expectativas del futuro en términos individuales y de conjunto; hay como una ruptura de las temporalidades, y el pasado no tiene presencia social.

    Por eso, la falta de contenido que hoy tienen los símbolos nacionales, está ligada al problema de qué pasa hoy con la identidad, porque los símbolos –que cobran sentido en cada presente- son lo que permanece y es lo que da idea de continuidad histórica en la vida de un pueblo.

    En este marco ¿cobra sentido de identidad nacional, acaso, el despliegue de una bandera o la entonación de estrofas del himno, en una cancha de fútbol, o en una manifestación popular? ¿Es ésta una manera de apropiación de los símbolos por parte de la gente para sostener su identidad, diferente al ritual tradicional que se realiza en las esferas estatales?

    Los símbolos tienen un sentido desdibujado porque es una obligación; pero por otro lado vemos su presencia en momentos muy concretos como la cancha, un recital, en el activismo político. Hay contextos particulares en que el himno o la bandera pueden emocionar; no es que los símbolos no producen nada, sino que tienen que ver con experiencias personales más que con la idea de una pertenencia común.

    Ante la gente tenía una identidad por pertenecer a un país y estar arraigado a una cultura, pero en la actualidad está más identificada con determinadas marcas y hábitos de consumo; mientras que en el plano popular " está más vinculada con el fútbol".

    No hay conciencia de pertenecer a un conjunto mayor –que es lo que simbolizan los emblemas patrios -, entonces los símbolos empiezan a perder sentido

    Hoy asusta cuando se habla de nacionalismo; pero en el sentido de resaltar lo nuestro frente a la globalización, porque lo nuestro no se ve afuera, no es pareja la globalización.

    Una larga historia, atravesada por cambios institucionales, socioculturales y económicos, que cuestionan aspectos de la pertenencia a una historia común, es parte del conjunto de factores que genera esta manera de sentir e instrumentar en la actualidad, LOS SÍMBOLOS NACIONALES.