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El chico de la calle es un trabajador en constante construcción de su supervivencia, su vida es un presente continuo, no ve ni puede proyectarse hacia el futuro. Ellos están permanentemente expuestos a condiciones indignas de trabajo que afectan seriamente tanto su salud física como emocional. Entre los principales problemas que afectan la salud de los chicos se encuentran la manipulación de tóxicos y de herramientas, el esfuerzo físico, los horarios inapropiados de trabajo, las enfermedades infectocontagiosas, etc. Se debe recordar que el chico de la calle es un niño y, como tal, sujeto de derecho de acuerdo con la Convención sobre los Derechos del Niño, que establece en el Artículo 32 que los estados partes reconocen el derecho a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social. En Argentina se han firmado una serie de declaraciones y documentos los cuales por un lado, reconocen la existencia de la problemática del trabajo infantil, y por otro, buscan estrategias alternativas para revertir dicha situación. El gobierno argentino elaboró, por ejemplo, la Declaración de Buenos Aires (1997), la Declaración Grupo de los 10 (1998), y ha participado junto a los representantes de los Ministerios de Trabajo, Organizaciones de Empleadores y de organizaciones de trabajadores de los países del MERCOSUR y Chile en la redacción de un acta acuerdo, firmado el 24 de mayo de 2000, instando a los respectivos gobiernos a desarrollar políticas nacionales eficaces, tendientes a erradicar el trabajo infantil, especialmente en sus formas más extremas.
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