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LA CACERÍA DEL ZORRINO
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En el año 1887, se armó la expedición al Cabo Vírgenes al mando del capitán
de navío de la Armada Nacional D.Teófilo
de Loqui. Pensá que estas zonas todavía eran reinado de los tehuelches pero Argentina y
Chile se las disputaban diplomáticamente y de vez en cuando con alguna intentona armada
(mas que nada de tipo naval). Incluso una de las estrategias era ver que gobierno seducía
mejor a los tehuelches... pero de eso te hablaré en algún otro relato.
El tema es que desde Punta Arenas (puerto chileno al fin del estrecho
de Magallanes), era mucha la gente que se cruzaba al Cabo Vírgenes (Argentina en los
mapas) a sacar oro. Por eso se le encomendó a Loqui a que con unos pocos hombres, fuese
al lugar a desalentar estas incursiones auríferas que se hacían sin permiso del gobierno
argentino. Claro que el viaje era lento y mas de una vez la diversión (y la necesidad)
era la de cazar algo de la abundante fauna, con el fin de comer algo distinto cada día.
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Zorrino, habitante del lugar |
En el trayecto hacia el cabo Vírgenes hay un cañadón llamado Lukache en honor a un
tehuelche. Es un vallecito de tres leguas de largo por quinientos metros en la parte mas
ancha, y está a tres leguas de Cabo Vírgenes. Un lugar ideal para acampar y para que
pasten los caballos. Con la comitiva iba un ingeniero francés
llamado Habit-d'Oie, el cual se había mostrado muy interesado
por cazar todo lo que se cruzara. Este hombre se había separado de una Compañía en la
que trabajaba para independizarse y hacerse rico con el oro. En realidad era bastante poco
dado al trabajo. Siempre les caía cuando las tareas estaban hechas pero dando
explicaciones teóricas de como hacerlo mejor. Seguro conocés gente de este tipo.
No se cansaba de preguntar sobre la técnica para cuerear los animales
y estaba muy ansioso por poder atrapar un puma. Llegados a Lukache ya en las primeras
matas que encontraron se dió la voz de alto y empezaron a hacer el campamento.
Después de instalarse, Loqui se dirigió hacia el fogón y al agarrar la pava para el
mate amargo sintió unos gritos:
- ¡Afuera! ¡Afuera!
Llegó a ver a los perros silenciosos, rodeando algo que no se
animaban a atacar... supusó que era un zorrino. Y así era, se alejaba despacio dejándo
en claro que esos eran sus dominios. No le temía a los perros, los que por la gran
experiencia adquirida preferían no meterse. Y los demás hombres sólo trataban de
evitarlo. Si alguna vez te topaste con un zorrino sabrás bien que no le temen a nada y te
hacen frente amenazando no con morderte precisamente.
Todo el lío que se armó llamó la atención
al ingeniero "cazador" que cuando notó el movimiento se encaminó hacia el
lugar con la ilusión de "cazar algo grande" por fin. Al ver las dimensiones de
ese pequeño animal que con el que aún no se había topado; dijo despectivamente:
- ¡Arrêtez!, no tienen vergüenza, un ratón... ¡No se mata con revólver... así, con
el pie!!!
Y lo aplastó con el talón...
-
Cuidado señor que es un zorrino le gritó un tal Ortíz.
Pero ya era tarde, lo había pisado y la fiera se paró
frente a él mostrando su cola y lo roció en pleno pecho... ¡y tres veces!
Nadie quiso dormir ni de cerca a su carpa. Al amanecer se
sintió un movimiento en el campamento. Faltaba el ingeniero. Su silueta se la podía ver
a la distancia hacia la mitad de la falda del cerro y en camino a Cabo Vírgenes...
llevándose el perfume del terrible creosota de zorrino en su último campamento en
Cañadón Lukache. Se llevaba el único recuerdo posible de la "caza del zorrino al
pisotón".-
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