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EL CURA Y EL COWBOY
Monseñor Fagnano. Véase la vestimenta de los salesianos... especialmente el sombrero |
La Patagonia tuvo en aquellos lejanos tiempos muchos aventureros.
¡Hasta los misioneros que recorrían leguas a caballo, como el padre Mascardi, el padre
Quiroga, el padre Falkner y otros tantos aventureros de la Cruz!
¿Por qué no recordar también a Monseñor Fagnano,
cuando cruzaba Tierra del Fuego en 1886 a lomo de mula? ... o al padre Angel Savio,
remontando en 1885 el río Santa Cruz, rumbo al lago Argentino pasando por las chozas de
los tehuelches. Y no olvidemos al padre Bonacina quien en 1892, en pleno invierno cruzó
con un baqueano y una tropilla de Viedma a Rawson para fundar allí una iglesia salesiana.
Pero vengamos mas abajo... a Santa Cruz, y recordemos
que en el año 1904 el padre Ludovico Dabrowski, polaco de nacionalidad y salesiano de
religión comenzó sus correrías apostólicas. Con su valentía, sus chifladuras y con
conocimientos de medicina se dirigió hacia el Sur. Anduvo por las comarcas tehuelches,
recorriendo siempre a lomo de caballo los toldos de los aborígenes y los ranchos de los
puesteros para llevar a todos la luz del Evangelio.
Él no se manejaba con armas, aunque siempre le
habían advertido que la zona era peligrosa porque andaban muchos bandoleros... pero solo
decidió llevar consigo un crucifijo bendecido porque no le preocupaban esta clase de
hombres. Tampoco le preocupaban las inclemencias del tiempo... al curita no lo detenía
nada.
Por la zona había un malvado y muy conocido
bandolero... era "El Norteamericano", el cual hablaba inglés y un poco de
castellano bastante mal, por cierto. Este era de esos que donde ponía el ojo ponía la
bala y hasta la policía le tenía terror a enfrentársele. Era "yankee" en
serio. Era común que cuando eran buscados por la justicia del país del norte y ya no
había muchas chances por allá; se subían a algún barco en la zona de California para
bajar en Punta Arenas... y seguir "ejerciendo" en la Patagonia. Tal era el caso
de este auténtico cowboy.
En el mes de noviembre el padre Dabrowski andaba
misionando por el pedregoso camino que iba de Colonia Sarmiento a Lago Buenos Aires. Cada
vez que llegaba a un lugar, golpeaba y nadie le abría las puertas... debía dormir afuera
porque la gente estaba asustada y pensaba que podía ser "El Norteamericano" que
andaba merodeando por ahí.
Por la tarde el padre llegó al boliche del turco
Sarum, ató su caballo picazo en el palenque y dejó allí su caballo carguero. Cuando
ingresó al boliche y saludó, Sarum con cara de felicidad lo recibió amablemente y el
padre se dió cuenta al observar a unos de una mesa de atrás, que había llegado en el
momento justo:
- Buenas tardes señores- dijo el cura.
- Güenas, pagrecito.
Típico Cowboy (con algo de ruido). |
Su presentimiento fue cierto porque cuando al rato entró un mocito saludando con
sombrero, un rubio de los de aquella mesa le dijo:
- ¡Cuando se saluda se saca la sombrero! Sino la sacamos nosotros.
Y eso mas que para el que entraba recién iba dirigido al padre, que también llevaba su
sombrero sobre la cabeza. Fue entonces cuando no le quedaron dudas de que quien se
encontraba allí sentado era "El Norteamericano"
El misionero lo miró indiferente como si no lo
conociera. Fue entonces cuando el yanqui lo empezó a interrogar:
-
Diga, señor Padre; ¿Usted nunca sentir olor a pólvora?
- Y usted -replicó el sacerdote sin inmutarse- ¿nunca sintió el olor al rapé? Aquí
tiene sírvase. Y le ofreció.
El hombre tomó una pieza y aspiró un poquito y luego le dijo:
- Usted seguro no me conoce. ¿Usted no sabe que yo pude matar a usted?
- Si, puede, pero no debe, porque desde allá arriba hay uno que después nos va a pedir
cuentas por todo lo que hagamos.
- Usted quiere asustar a mi? - echó a reír: Esas son todas macanas que ustedes
inventaron para ganar plata.
- Si fuera para ganar plata, yo haría como hace usted - replicó el padre Ludovico.
-¿ Qué hace yo?
- ... Y ... ¡trabaja! - concluyó el cura... todos rieron.
La charla continuó hasta que los bandoleros decidieron retirarse. Sarum asustado, le
pidió al padre que no se fuera porque temía que el bandolero regresara. El misionero
decidió descansar allí y prevenido con una winchester pasó la noche.
Por el contrario "El Norteamericano" esa noche no
durmió. Con sus compañeros habían quedado en que esa noche asaltarían a Sarum. Él iba
a dar la señal de partir en la madrugada hacia el boliche. Pero llegó la aurora, el
día... y nada... Los demás bandidos lo miraban pero la orden de encarar hacia el boliche
no llegaba. Claro el yanqui no quería matar al cura. No sé como, pero de pronto le
había brotado un poco de respeto de entre tanta tiranía o quizás tendría temor de
perder la partida al medirse con un sacerdote.
El lunes a la tarde, cuando el misionero llegó a
otro boliche todos le preguntaban si habían matado al turco y él respondió:
- No que va a matar. La hora de Sarum todavía no ha llegado y nadie se muere hasta que
Dios no lo dispone.
Con la tranquilidad de su crucifijo, su rapé (por las dudas un winchester) y su Fé; supo despertar un rayo de humanidad en el corazón de un verdadero pistolero huído de la justicia norteamericana... un cowboy en tierras patagónicas. Hubo mas pero son tema de otros relatos.-
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