Les voy a referir algunos relatos cortos de este explorador de la región que fue Carlos María Moyano... incluso terminó siendo gobernador del territorio.

SEMI-HELADOS

Foto de la época

Carlos María Moyano

   Esta historia que les voy a contar es con respecto a unos hombres que cruzaron en bote el río Santa Cruz para hacer un trabajo en la orilla opuesta. Cuando terminaron la tarea al anochecer, se embarcaron de regreso a la subprefectura. El aire que corría era fresco. Por una correntada o no sé que cosa, el bote zozobró cerca de la costa y los náufragos debieron nadar hasta la orilla para poder salvarse... mientras el bote se hundió con todo lo que llevaba adentro. Los hombres hicieron señas pero no fueron vistos, y encima no pudieron hacer fuego debido a que no tenían con qué. Todo se había mojado.
    La noche avanzaba y la temperatura bajaba rápidamente a varios grados bajo cero. Los hombres tenían la ropa mojada y eso hacía que no pudieran calentarse. A esto se le sumaba que no tenían alimentos y además el sueño los había comenzado a rondar. Como no se podían quedar dormidos, uno de los hombres dió la orden de que realizaran ejercicios. Como esto no era suficiente, debieron pegarse con los cinturones unos a otros para ahuyentar el sueño. Así pasaron la noche.
    Al amanecer llegaron los hombres de la subprefectura que los andaban buscando. Los hallaron extenuados, con las fuerzas agotadas y tiritando de frío. Para calentarlos les hicieron fricciones, los colocaron en la cama y les dieron café caliente. Casi no la cuentan.

EL PELADO HEREDERO

La india y el perro

En la ilustración puede verse al perro, parte inportante de los tehuelches

    En una ocasión Moyano se disponía a realizar una nueva expedición al interior de Santa Cruz y necesitaba caballos. Él siempre tuvo muy buen trato con los indios tehuelches. Este decía que los indios eran de buena índole, pacíficos, y dotados de cualidades estimables. Los indios, por su parte, se apegaron mucho con Moyano y hasta lo consideraron su amigo. Al tratarlos con justicia se ganó la confianza y el afecto de los indios, recordando siempre muchas de sus costumbres y otras modalidades curiosas que estos realizaban.
Y refiriéndonos a costumbres curiosas te va a parecer muy particular esta historia de "El Pelado". Moyano recurrió a sus amigos tehuelches para comprar los caballos que necesitaba. También aprovecharía para pedirles información sobre unos parajes..
    Estos aborígenes eran de esos que no les gusta andar diciendo nada y tampoco le quisieron vender los animales de entrada. El hombre trató entonces de persuadirlos. Como hacía poco que había muerto el cacique de la tribu se dirigió a la viuda; pero ésta no pudo ayudarlo porque no era la dueña de los caballos. Ella solo le dijo que fuera a hablar con el perro "pelado"... el propietario de los caballos... y que era el heredero del difunto.
    Así Moyano se dirigió a hablar con el perro, pero el cuadrúpedo no quiso entrar en negociaciones. Al parecer los indios interpretaban los movimientos de ese cuzco como una negativa. Varias veces lo intentó pero "el pelado" seguía diciendo aparentemente que "no vendía". Como Moyano no era de darse por vencido fácilmente, le prometió a los indios diversos regalos que serían de su gusto y con esto ganó su confianza. Una vez logrado esto, hizo interrogar nuevamente al "pelado" perro. Esta vez la suerte fue distinta... el animal dió su conformidad para la venta de los caballos. Se hizo la negociación, y además los indios se prestaron a acompañar al hombre al sitio que iba a explorar.
    Durante el viaje pudo comprobar que las noticias contradictorias y los obstáculos que le ponían los indígenas obedecían al propósito de que no llegara fácilmente al destino que deseaba explorar. Simplemente estaban preservando sus sitios vitales de la curiosidad inescrupulosa del blanco. Con el tiempo fueron dándole su confianza a Moyano.
    Buena gente siempre y cuando el perro lo apruebe a uno.-

DE COMO LA CURIOSIDAD POR PREGUNTAR LE SALIÓ CARA

    En uno de sus viajes Moyano llegó a una toldería de indios. Mientras conversaba preguntó por un indio que conocía pero que hacía tiempo no tenía noticias de él... No recibió respuesta. La conversación siguió y él hombre observó que se acercaban los indios con la caballada. Sin motivo aparente fueron, apartaron una yegua y la sacrificaron.
    Como el tema de conversación se había ido para cualquier lado, Moyano volvió a preguntarles por el indio que antes nombrara. Nuevamente sin respuesta. Nuevamente un indio se apartó... y nuevamente vio un sacrificio de otra yegua.
    Preguntó entonces la razón de las dos muertes. Le respondieron que las yeguas habían sido sacrificadas por cada vez que él había pronunciado el nombre del indio. Éste había muerto tiempo atrás y según la costumbre de ellos su nombre no debía volver a repetirse jamás. Si alguien lo hacía debía matarse lisa y llanamente una yegua como desagravio.
    Si le faltaba algo a Moyano para teminar con el asombro, ahí mismo se enteró de otra costumbre... debió pagar los dos animales... Algo así como una multa. Le salió cara la curiosidad de preguntar dos veces lo mismo.-

EL "REMATE" DEL ZORRO

Zorritos jugando

Cachorros de zorro gris jugando (foto:Jasmine Rossi)

    En relación a los zorros, Moyano contaba que pocas veces vió tanta astucia en animal salvaje alguno. Había observado varias veces la forma que tenían los zorros para poder comer los huevos de avestruz. Decía que cuando un zorro encontraba un huevo como no lo podían romper con los dientes; lo empujaba con el hocico hacia una barranca y cuando llegaba al borde lo dejaba caer. El huevo al golpear sobre las piedras se rompía y era entonces cuando se lo comía.
    Otra cosa que recuerda es que una vez cazó un zorro para luego cuerear su piel. Lo ató ya muerto a la montura, y siguió camino acompañado de un indio. Habian cabalgado un tramo y el caballo empezó a inquietarse. El hombre paró, se bajó, revisó todo y al no encontrar nada, volvió a montar.
    Al poco tiempo volvió a notar que el caballo seguía molestó pegando unos saltos que casi lo hacían caer. Fue por eso que bajó nuevamente a revisar que era lo que le provocaba esa nerviosidad. Corroborando que todo estaba bien reanudó otra vez la marcha. Al tiempo... de vuelta a lo mismo. El hombre ya se estaba cansando de esto. Apenas si avanzaban con tantas interrupciones. Los cascos del caballo no mostraban señales de herida alguna.
    El indio dijo que el zorro debía ser el causante de eso pero Moyano lo desestimo ya que eso no podía ser porque el animal estaba muerto. No obstante se propusieron observarlo mientras marchaban ya que no había explicación posible.

   
Pudieron comprobar así que el astuto animal se hacía el muerto mientras lo tocaban y el caballo estaba parado... pero cuando éste tomaba el galope, hincaba fuertemente los dientes en la piel del animal. Entonces para asegurarse de que ese zorro no volviera a molestar "lo mató por segunda vez" y pudo así seguir su recorrido. Tal vez el animal mereciera vivir por su astucia pero eran tiempos de poca conciencia ecológica. Los zorros siguen poblando la Patagonia... seguramente a fuerza de viveza.-

UN ESTANCIERO DE SOLO 16 AÑOS

    Esta historia es sobre un muchacho asturiano, minero de apellido Fernández. Él, guiado por su tío; arribó al puerto chileno de Punta Arenas con otros compañeros. En ese lugar cambió el oro que tenía por 180 ovejas. Con ellas se internó en el territorio argentino hasta la orilla del río Gallegos, donde se reunió con sus amigos Rodolfo Suárez, José Fernández y Pedro Montes. Se instalaron en el "Paso del Medio".

Don Pedro Montes

Pedro Montes,  socio de Fernández (foto 1922)

    Él recuerda que cuando llegaron a Río Gallegos había un rancho de adobe ya en ruinas. Entre todos reunieron más de un millar de ovejas, pero el peligro que corrían era la matanza que venían haciendo los leones. Pasado un año, este muchacho marchó solo a Santa Cruz, porque sabía que se había instalado la primera gobernación a cargo del capitán Carlos Moyano (1884). Él quería pedirle unas tierras. Al encontrarse con Moyano, este lo atendió muy bien. Lo alojó en su casa y le recomendó que escribiera a España para que vinieran otros compatriotas a poblar la Patagonia.
    El señor Moyano fue entusiasta propulsor del progreso del territorio. Además cada tanto enviaba comisiones para asegurarse que la vida que llevaban los hombres que estaban poblando este suelo marchara bien. Poco después Fernández se separó de sus compañeros y se fue a poblar su lote por
separado; de modo que a los 16 años ya era todo un estanciero.
    En pocos lugares del mundo pudo darse algo así.-

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SEMI-HELADOS

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