RUMBO A MALVINAS

Vista panoramica

    En 1938 aparece publicado el libro "Nuestras Malvinas" de Juan Carlos Moreno... un viajero que se propuso llegar a las islas. Su intención era llegar como un simple curioso turista y secretamente tomar notas para publicar algunos artículos en Caras y Caretas (revista de Buenos Aires). Te imaginás que si hoy ir a Malvinas todavía es algo a lo que no están habituados los isleros; un argentino "que simplemente está de paso" era algo mas que extraño hace tantos años y en tan reducida población.
    Ni siquiera existían líneas que regularmente unieran por agua las islas con el continente. No acostumbraban transportar pasajeros sino que eran buques de carga con algunos camarotes, o cruceros de turismo que hacían una breve escala en el puerto malvinero. No quedaba otra que irse hasta el puerto de Montevideo y esperar a que algún barco lo aceptara como pasajero. 
    Esto se le hacía largo y difícil hasta que un día lo logró. Gracias a la agencia del Sr. Maclean y Stapledan de Montevideo, pudo tener el pasaje pero antes tuvo que llenar un talonario que preguntaba a que iba a las Islas Malvinas, por cuanto tiempo, que documentación tenía y si conocía gente allá. Moreno contestó que iba por recreo y estudio por pocos días. El asunto es que le dieron muchas vueltas para obtener el pasaporte aunque finalmente completó cuanta tramitación se le impuso. Los regímenes eran (¡son!) muy estrictos y a él le dijeron que allá no existe el tránsito de pasajeros. En la empresa de barcos le dijeron que era el primer pasaje que vendían a un argentino rumbo a Malvinas.

Puerto en Malvinas

Muelle de las Islas (1938)

    Cuando por fin se embarco, le dieron una carta dirigida al capitán del barco contándole su calidad de pasajero y el hecho de haber ya depositado el valor del pasaje en el banco. El capitán también le contó que era el primer pasajero que llevaba como turista a las Islas Malvinas (viajaban solo unos pocos residentes habituales de Puerto Argentino). Conoció en viaje a gente interesante pero nadie hablaba castellano, solo el capitán.
    Su preocupación estaba centrada en como sería el desembarco y como lo irían a recibir. Cuando salió de Montevideo hacía 31°C y cuando desembarcó en las islas solo 12°C. Al llegar a puerto un encargado ingles se le acercó y le preguntó adónde estaba su camarote. Moreno debió conducirlo hasta el mismo. Allí le hizo unas preguntas: si tenia whisky, tabaco, armas y que asunto le llevaba hasta allá, y cuanto sería su estadía en las Islas. El señor le pidió el pasaporte y cuando lo vió le advirtió que no podía trabajar mientras le daba un boleto con el que le autorizaba a pisar tierra.
    Moreno experimentó las mismas vivencias contradictorias que seguramente sentirán los argentinos que en el 2000 se van animando a visitar las Islas Malvinas... restricciones... pasaportes... gestos flemáticos... un suelo que nos pertenece pero con una cultura opuesta... Diría Moreno como primer impresión en las Islas Malvinas:

"La gente ya sean hombres o mujeres, grandes o flacos, todos me miraron curiosamente y me saludaron familiarmente.
Para mi es todo nuevo... Pueblo extraño, distinta lengua, me siento solo.
Mi conclusión es evidentemente que soy un extranjero... aunque acabo de pisar tierra Argentina."

Colonia de pingüinos

Colonia de pingüinos malvineros

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