UNA LEONA CON SU CRÍA Y ... UN DINAMARQUES SIN ARMAMENTO.

Madsen de cacería y bien abrigado

    Esta historia fue una de las cuantas que nos dejó el viejo Madsen. Ocurrió en un verano muy seco. No era época de cacería de leones, ya que no había esperanzas de encontrar algún león sino siguiendo las huellas que en invierno dejaban sobre la nieve. Las ovejas en esa temporada se desparramaban y daban muchos dolores de cabeza.
    Un día estaba tratando de reunir a la majada junto a sus tres hijos y algunos perros. Así llegaron a la montaña donde ya no se podía seguir a caballo. Siguió a pie, ya que las ovejas no debían andar lejos. Siguió solo unos cuantos kilómetros hasta donde la subida era áspera y empinada. Debía trepar con garras y uñas y no podía cargar con saco ni fusil, solo llevaba un cuchillo.
    En eso, los perros alzaron las orejas y comenzaron a ladrar... habían descubierto dos cachorros de león. Entonces Andrew sacó el cuchillo y fríamente mató a los indefensos cachorros, justificándose a sí mismo que eliminó a dos futuros pumas que amenazarían a su majada. A principios de siglo los "leones" (pumas) abundaban en la región cordillerana del Viedma y diezmaban a las majadas de ovejas. Por entonces no se conocía siquiera el término de ecología o especies autóctonas, por ello primaba el criterio de eliminar todo aquello que atentara contra la creciente economía de la oveja.

Madsen junto a sus presas

imagen algo fuerte: después de una jornada de cacería

    De repente sintió un ruido... era un fuerte rugido, y apareció tras él una enorme leona que se le iba encima. Él estaba indefenso y huir ya era imposible y no tuvo mejor idea que atropellar al puma. La leona avanzaba rugiendo en forma impresionante, pero él también empezó a gritar como salvaje agitando su gorra desesperadamente. Aunque ni él lo creía, la leona se había detenido bruscamente a dos metros de él... Madsen aprovechó esta duda del animal para golpearla, con lo cual ésta comenzó a retroceder. Andrew lanzó un rugido de victoria lo que terminó por derrotar a la leona que salió disparando. Todavía no lo podía creer, fue una insólita e inolvidable victoria.
    Pero la historia no termina acá, tuvieron un nuevo encuentro meses después en el invierno. Andrew como de costumbre seguía los rastros de leones en la nieve y así sintió el alboroto de sus perros. Entonces fue hasta el lugar y encontró trepada en un árbol a una leona... de inmediato reconoció a su antigua rival. Esta vez no perdió el tiempo y bajó a la leona de un disparo, que quedó colgada del árbol.
    Cuando cargó la leona sintió una mezcla de remordimiento y respeto por la fiera, ya que le había hecho vivir uno de los episodios más singulares de su vida de poblador y cazador.-

UNA LEONA ASTUTA Y PELIGROSA

    Otra de las aventuras contadas por Madsen fue sobre el enfrentamiento que tuvo con una leona que según él, era muy astuta.
    Fue una temporada en que tenía gran cantidad de ovejas, las que a causa de la sarna y la fuerte nevazón le estaban dando mucho trabajo. Y como si fuera poco los leones le comían varias cada noche.

    Tan audaz era esta leona que una noche le liquidó la cabra lechera casi enfrente de sus narices. Fue ese día cuando la leona afectó el amor propio del cazador. Entonces se organizó y empezó la búsqueda de la leona junto a uno de sus hijos un vecino y siete perros. En esta oportunidad no habían tenido mucha suerte: habían tenido a la leona a trescientos metros, pero al acercarse no pudieron dispararle para no herir a los perros que estaban sobre ella... y así la bestia logró escapar. Pero al día siguiente siguieron insistiendo.

las cuevas típicas de la Patagonia. Refugio ideal para el puma...¿Lo llegás a ver?.

    Esta vez tuvieron mejor suerte, salieron y a los pocos kilómetros los perros avisaban con sus ladridos que la buscada fiera se encontraba encerrada por los perros en una cueva. Andrew y su vecino se entendieron por señas para que la fiera no se dé cuenta de que ellos estaban allí. Andrew subió a un peligroso barranco empinado y se metió en la oscura cueva colgando boca abajo y con mucho miedo. Allí vió un bulto. Enseguida se dió cuenta de que era la leona que al verlo lanzó un rugido y saltó sobre su cabeza. Andrew en la oscuridad y en esa incómoda posición apenas pudo ver para disparar. Milagrosamente le dió en medio de los ojos... el disparo la mató instantáneamente. El cazador acalambrado cayó sobre el animal.
    Al recuperarse llamó a su compañero, quien al esperar tanto lo único que se le ocurrió es que Andrew estaba siendo despedazado por la leona. Él contestó en tono triunfante:
-Ya te he dicho Willie que no ha nacido león que me gane.

... Aunque por dentro sabía que estuvo cerca de ser quien perdiera este combate ante tan dificil fiera.-

EL PUMA CON MUELA EMPLOMADA.

El pionero Madsen me contó otro de sus encuentros con una fiera, pero a diferencia de los demás, este relato es muy insólito.

Río contra un cañadón
Cruzando un río junto a un paredón. Foto: Alberto del Castillo

    Comenzó diciendo que un vecino le dejó la manada a su cargo, y a los días unos compañeros le advirtieron que un león estaba atacando ovejas de aquella majada. A pesar de no estar en temporada de caza, Andrew ensilló y al día siguiente prometió tener al atardecer la piel de aquella bestia.
    Entonces salió con algunos perros, los cuales no tardaron en avisar donde se encontraba la fiera, tomó sus binoculares y vió cerca de los perros un corpulento león como a ochocientos metros sobre una cuesta muy empinada. Fue hasta el lugar donde lo había visto, pero ya no estaba. Entonces comenzó a escuchar nuevamente ladridos, vió al animal en el barranco en que se encontraba mientras se sacaba las botas y medias. Así se arrastró por el precipicio... se largó unos cuarenta metros... sintió que andaba en la buena pista. Comenzó a silbar... es inevitable que ante un silbido la curiosidad del puma le haga asomarse... De una pequeña grieta se asomaron dos orejas, pero no consiguió que asomara la cabeza. Hizo un esfuerzo por subir un poco más y desde ahí hizo buena puntería. Fue hasta donde se encontraba muerto el león.
    Pero la historia no termina acá ya que en el intento de sacar la fiera de una cueva el cuerpo se le cayó en el precipicio; descendiendo unos cien metros. Pero no quiso abandonar la pieza que tanto le había costado. Fue a buscarla, al llegar le sacó la piel y la subió en su caballo.
    Al llegar a su hogar lo tendió en el piso y se sorprendió al descubrir que tenía incrustado plomo en una muela, exclamó graciosamente:
-"Caray, hasta los pumas van al dentista".
    Pero esto tenía una explicación. El plomo no era más que una bala que le había disparado un noruego del lugar que obviamente no lo había podido matar. Este gringo siempre contaba que había disparado certeramente a un puma, pero que el cuerpo había desaparecido. Un par de años después el misterio tenía su explicación con la emplomadura.- 

La Olla de Monte León
Impresionante gruta de 40 metros de profundidad en la estancia de Monte León (provincia de Santa Cruz).

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