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SEIS MESES SOLO Y FRACTURADO
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A fines del siglo XIX apareció por nuestro
país un joven marinero de apellido Madsen... de nombre Andreas. Pensá que en esa época
eran muchos los europeos que deseando vivir en tierras de aventuras se lanzaban a los
pocos sitios del planeta aún inexplorados... Uno de ellos era justamente nuestra
Patagonia.
A los 15 años decidió escapar de la
misera vida lugareña que llevaba en Europa y lanzarse a conocer el mundo... de marinero.
Cuatro años en velero y uno en vapor... a los 20 años desembarcó en Buenos Aires.
La Comisión de Límites (Argentina-Chile) que
exploraba la región cordillerana, lo había contratado como marino. Ahí Madsen prestó
sus servicios en la tierra de la cuál se enamoró. A los pocos años (1903) un buscador
de oro, Fred Otten, lo convence de que se quede en la Patagonia.
| Andreas Madsen recién llegado al país. |
El alemán Fred, enviado a
explorar la fauna de la Patagonia pero que finalmente se decidió por la busqueda de oro;
era su compañero en esta historia. De él aprendió mucho sobre como subsistir en tierra.
Estando en cierta ocasión en cercanías del Lago Tar decidieron Fred y Andreas probar
suerte sólos. Se despidieron de sus camaradas. Así llegaron hasta el lago Viedma, donde
comenzaron a cargar todo para internarse más en la cordillera.
La zona del lago Viedma es bellísima. Apenas uno
llega hasta su extremo este (desde lo que hoy es la ruta nacional N° 40) ya la vista nos
desborda. El color del lago de un turquesa impresionante se ve enmarcado por una vista
inmensa del cordón cordillerano a sus espaldas. Allí emergen el imponente Chaltén
(llamado cerro Fitz Roy por los europeos con su cumbre de 3405 metros alcanzada por
primera vez recién en 1952) y una infinidad de agujas de piedra todas por arriba de los
tres mil metros... de las que se destaca el cerro Torre. Incluso podés ver hasta un
glaciar al fondo que lleva el mismo nombre del lago.
El lugar no estaba poblado pero el jóven Andreas entendió que tarde o
temprano se instalarían allí las grandes compañías especialmente inglesas... y no eran
de respetar a pequeños pioneros o "pioneers". Así que prefirieron adentrarse
unas cuantas leguas mas adentro... lo mas al fondo posible... casi al pie de esos inmensos
macizos de piedra.
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| tehuelche baqueano de la Comisión de Límites (1902) |
Con unas siete leguas de
travesía llegaron al lugar elegido para el futuro hogar, espléndida pradera, bosque y un
arroyuelo. Se acercaba el invierno y les quedaban muy pocas provisiones, por lo que Fred
decidió ir a la costa en busca de las mismas... prometiendo un pronto regreso. Claro que
para una época sin caminos, sin vehículos y sin plata; un pronto regreso significaba no
menos de un mes... Eso es lo que se tardaba en ir y venir desde la cordillera hasta la
costa si es que se querían trasladar provisiones y algo de hacienda... y si el clima
acompañaba.
Andrew quedó solo. Durante el primer par de meses
estuvo siempre ocupado, entusiasmado en la construcción de su casa. La primer tarea fue
construir un gallinero. Cortó varios postes y los encajó bien, para proteger a las
gallinas de los zorros colorados, que en ese tiempo abundaban. También logró espantarlos
con algunas trampas.
Con otro mes de trabajo logró terminar su
choza. Las paredes eran troncos, el techo era de palos hendidos y amarrados entre sí
recubierto con cueros de guanaco y un gran fogón en
el centro. La primer peste fueron los ratones, por lo que tuvo que colgar del techo toda
provisión comestible. Más adelante apareció otro problema: todos los comestibles se
estaban ahumando. Este problema quedó resuelto en el tercer mes... cuando se quedó casi
sin provisiones. Esperaba ansioso la llegada de su compañero, que después del largo
tiempo aún no regresaba con el cargamento.
Al tercer mes se le fue acabando el harina, el
azúcar, la yerba... solo tenía sal. Sobrevivía con la caza de guanacos y avestruces.
Hasta que un día tuvo una mala idea. Y todo por tener un rato libre entre tantos meses de
trabajo y mas trabajo. Fred le había recomendado que usara todos los caballos menos ese
potrillo a medio amansar . Al no poder resistir la tentación de algo que lo sacaría del
aburrimiento, el trabajo y la monótona comida; agarró al potrillo, lo ensilló y
finalmente lo montó. Llevaba meses sin ver ser humano alguno, lo único divertido sería
terminar de amansar al potrillo. Ni bien lo tocó con los talones partió corcoveando
enloquecido. Antes que Andrew se diera cuenta lo "catapultó" a gran altura, y
lo hizo caer en el suelo congelado. Se golpeó fuertemente en el ángulo del hombro
izquierdo. Por un momento quedó inmóvil, hasta que recobró la consciencia. Se tocó el
hombro y sufrió un intenso dolor... ¡se había quebrado la clavícula!
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jinete al piso. Ilustración de "Patagonia Vieja" |
Pudo volver a la choza y con muchísimo esfuerzo logró sacarse la ropa y como pudo se
vendó el hombro. Se recostó y casi no podía moverse del dolor, hasta que se durmió
exhausto. Al despertar tenía hambre pero nada para comer... estuvo sin comer por tres
días hasta que el hambre lo venció. Decidió ensillar un caballo manso y salir en busca
de alimento. Pudo voltear y carnear un guanaco, lo que realmente le fue difícil por el
dolor. Logró comer casi en forma primitiva mientras no dejaba de pensar en el regreso de
Fred. Luego de seis semanas del accidente comenzó a sacarse el vendaje que él mismo se
había hecho con su brazo sano. Muy suavemente comenzó a masajear la zona afectada... el
hueso había quedado mal soldado con las puntas superpuestas, pero ya no le dolía tanto.
Así pasaron los días, las semanas y meses sin que apareciera su compañero.
Un día, estando en el rancho, sintió la voz de
alguien que le decía :"-Buenos Días!" Andrew asustado, y al no reconocer la
voz, enseguida agarró un fusil que tenía a mano y apuntó contra el extraño hombre, el
cual le respondió a su amenaza :
- No, no, amigo ¿No me conoces?
Andrew finalmente se dió cuenta de que era Cándido, un amigo tehuelche; que estaba
acompañado por un paisano y andaban buscando unos caballos perdidos. Luego de
reconocerlos los invitó a pasar a su rancho y les explicó su situación. No podían
creer que haya podido soportar tanta miseria. Luego de una larga charla se enteró que no
muy lejos de su choza había un campamento de gringos, que habían llegado recientemente
por lo que al otro día decidió ir a ver a los nuevos pobladores. Pero antes de que
pudiera hacerlo; Fred llegó finalmente con su caravana de cargueros y un montón de
excusas por la demora.
Había pasado seis meses sólo y ahora de repente tenía a su socio, dos
paisanos de visita, unos nuevos vecinos y provisiones para largo tiempo... y una
clavícula mal "auto-soldada" que lo acompañaría por el resto de su vida.
Madsen... un "pioneer" de la Patagonia Vieja y aventurera... antes de la llegada
de las grandes compañías.-
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La imponencia del Chaltén y Cerro Torre. En foto de la década del '20, en el escudo de la provincia de Santa Cruz y en nuestros días.- |
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