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CHULENGUEANDO
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En una cacería de guanacos |
Con
todo esto armó su plan de trabajo antes de dormir unas horas a la intemperie. Ya al
amanecer, el "chulenguiador" partió en su caballo a trote suave. Sabía que en
época de cría los guanacos pastan en los faldeos y lugares altos. De repente a uno dos
mil metros vió una cuadrilla que pastaba esparcida. Para no ser visto porque el chulengo
es rápido; el hombre se ocultó esperando la oportunidad de acercarse algo más sin ser
visto... para darle la atropellada inicial por sorpresa. Pero al instante el guanaco macho
lo descubrió y alertó a toda la cuadrilla. Hoy en dia pueden verse los grupos de
guanacos por todo la región. Al acercarse cualquier peligro la tropilla corre pero uno se
queda quieto, en guardia... alertando a los demás o asumiendo el peligro llegado el
caso... es el macho al que llamamos relincho.
Pero volvamos al momento de la cacería. Tanto el hombre como animal se
hacían los zonzos, pero siempre con la intención de desorientar al adversario. El hombre
decidió cambiar su rumbo en un simulacro de alejamiento, y se marchó al galope. El
relincho por su parte, simulaba pastar pero seguía con la vista al chulengueador.
Sorpresivamente el hombre inició nuevamente el ataque. Empezó así una carrera en la que
ingeniosamente el relincho amagaba cambios de dirección hacia un lado y otro. Esta
estratagema que le habría servido en otras ocasiones, poco efecto surtió esta vez...
quería despistar a un chuluengueador que conocía sus trucos. Así intentó el relincho
distraerlo mientras el resto tomara distancia... pero el cazador pronto retomó la
persecución de los chulengos que él buscaba. Aquí el relincho ya no tenía mas salidas
posibles para salvar las crías...
Chulengo de pocos días. |
Cuando llega al borde de la planicie, ya la cuadrilla se va alejando a galope lento. Pero de tanto correr uno de los chulenguitos empieza a rezagarse y eso permite al hombre capturarlo. Después sigue tras el grupo y en un momento aparece una bandada de martinetas que espantan al caballo al punto de que casi despide al chulenguiador... pero éste no se rinde y sigue trás los guanacos. En la persecución capturó un segundo chulenguito, dándole un talerazo en la cabeza. En un momento la cuadrilla comenzó a separarse y eso obligó al hombre a decidir que rumbo tomar. La corrida ha durado más de dos horas sin cambio de caballo, por lo cual el chulengueador resolvió regresar para conseguir caballo de refresco.
Volvió al tranco por el camino andado y de paso cuereó a los chulengos que fue volteando. En su marcha, de regreso al campamento, observó la ubicación de nuevas cuadrillas de guanacos con crías y haciendo cálculos sobre la que le ha de resultar más conveniente para la próxima corrida de la tarde. Su campamento era de lo más simple. Al reparo de una mata de molle estaban los restos de un fogón, y cerca de este una pequeña pavita ahumada y un mate con forro de vejiga. En tanto sobre las ramas del molle había un piche asado a las brasas. La cama la llevaba en el recado. Así descansaba.
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Más
tarde, cuando refresque, saldría a efectuar nuevas "corridas", para lo cual ha
tomado de antemano, la precaución de ubicar sus caballos en un lugar estratégico que le
permita cambiar caballo en el menor tiempo posible.
La "chulenguiada" es la caza típica de la Patagonia.
Violenta, peligrosa, emotiva y casi siempre clandestina. Tiene el sabor de lo prohibido,
el aliciente de la ganancia y la tranquilidad triste del inmenso desierto patagónico que
tanto cautiva al visitante.-
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La última carrera. Ñandú con su charito |
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