CHULENGUEANDO

Chulengo

   Estamos en pleno diciembre de 1910. Apenas hacía pocos años que la oveja empezó a aparecer por estas tierras y por eso seguía siendo muy común la presencia de esos hombres solitarios que subsistían de la caza del guanaco. A la cría de este animal tan libre y digno se la llama chulengo y su piel era muy útil en la confección de los quillangos... esas mantas tan pintorescas y tan abrigadas con que los tehuelches le ganaron su batalla al clima durante milenios... Si hasta a los europeos pioneros les venía de mil maravillas esta prenda.
    El asunto es que a estos gauchos solitarios, verdaderos nómades se les conocía como chulengueadores. Te contaré la rutina de cualquiera de ellos...
    ... El chulengueador ensilló su caballo y salió en busca de un guanaquito al cuál poder cazar. Después que "el sol calienta" (estamos en diciembre) no hay cabalgadura capaz de resistir por mucho tiempo esa enloquecida persecución de las cuadrillas de guanacos con crías huyendo con velocidad por los campos. En el atardecer del día anterior, el hombre había divisado la ubicación de distintas cuadrillas y su experiencia le hizo saber que los podría sorprender al amanecer del día siguiente. Además hasta había calculado la cantidad de chulenguitos que tenía esa tropilla y la edad que estos podían tener.

Guanacos huyendo

En una cacería de guanacos

Con todo esto armó su plan de trabajo antes de dormir unas horas a la intemperie. Ya al amanecer, el "chulenguiador" partió en su caballo a trote suave. Sabía que en época de cría los guanacos pastan en los faldeos y lugares altos. De repente a uno dos mil metros vió una cuadrilla que pastaba esparcida. Para no ser visto porque el chulengo es rápido; el hombre se ocultó esperando la oportunidad de acercarse algo más sin ser visto... para darle la atropellada inicial por sorpresa. Pero al instante el guanaco macho lo descubrió y alertó a toda la cuadrilla. Hoy en dia pueden verse los grupos de guanacos por todo la región. Al acercarse cualquier peligro la tropilla corre pero uno se queda quieto, en guardia... alertando a los demás o asumiendo el peligro llegado el caso... es el macho al que llamamos relincho.
    Pero volvamos al momento de la cacería. Tanto el hombre como animal se hacían los zonzos, pero siempre con la intención de desorientar al adversario. El hombre decidió cambiar su rumbo en un simulacro de alejamiento, y se marchó al galope. El relincho por su parte, simulaba pastar pero seguía con la vista al chulengueador. Sorpresivamente el hombre inició nuevamente el ataque. Empezó así una carrera en la que ingeniosamente el relincho amagaba cambios de dirección hacia un lado y otro. Esta estratagema que le habría servido en otras ocasiones, poco efecto surtió esta vez... quería despistar a un chuluengueador que conocía sus trucos. Así intentó el relincho distraerlo mientras el resto tomara distancia... pero el cazador pronto retomó la persecución de los chulengos que él buscaba. Aquí el relincho ya no tenía mas salidas posibles para salvar las crías...

Chulengo de pocos días.

Cuando llega al borde de la planicie, ya la cuadrilla se va alejando a galope lento. Pero de tanto correr uno de los chulenguitos empieza a rezagarse y eso permite al hombre capturarlo. Después sigue tras el grupo y en un momento aparece una bandada de martinetas que espantan al caballo al punto de que casi despide al chulenguiador... pero éste no se rinde y sigue trás los guanacos. En la persecución capturó un segundo chulenguito, dándole un talerazo en la cabeza. En un momento la cuadrilla comenzó a separarse y eso obligó al hombre a decidir que rumbo tomar.  La corrida ha durado más de dos horas sin cambio de caballo, por lo cual el chulengueador resolvió regresar para conseguir caballo de refresco.

  Volvió al tranco por el camino andado y de paso cuereó a los chulengos que fue volteando. En su marcha, de regreso al campamento, observó la ubicación de nuevas cuadrillas de guanacos con crías y haciendo cálculos sobre la que le ha de resultar más conveniente para la próxima corrida de la tarde. Su campamento era de lo más simple. Al reparo de una mata de molle estaban los restos de un fogón, y cerca de este una pequeña pavita ahumada y un mate con forro de vejiga. En tanto sobre las ramas del molle había un piche asado a las brasas. La cama la llevaba en el recado. Así descansaba.   

¡Que lindo piche!!

Más tarde, cuando refresque, saldría a efectuar nuevas "corridas", para lo cual ha tomado de antemano, la precaución de ubicar sus caballos en un lugar estratégico que le permita cambiar caballo en el menor tiempo posible.
    La "chulenguiada" es la caza típica de la Patagonia. Violenta, peligrosa, emotiva y casi siempre clandestina. Tiene el sabor de lo prohibido, el aliciente de la ganancia y la tranquilidad triste del inmenso desierto patagónico que tanto cautiva al visitante.-

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