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LA CIUDAD
DE LOS CÉSARES
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Macizos del Torre y Fitz Roy. Trás un paisaje así se esperaba encontrar una ciudad pavimentada de oro y plata.- |
Bruce Chatwin (el desaparecido escritor
inglés) recorrió la Patagonia en 1975 escribiendo un best-seller internacional: "In
Patagonia". Algunos en el sur le critican haber distorsionado algunos hechos con el
fin de hacer un libro atrapante al gusto de sus lectores.
Según este escritor la zona de Paso Roballos (provincia de Santa Cruz
en el límite con Chile) parecía ser el lugar apropiado para albergar la Ciudad de los
Césares. Se cuenta que en 1650 dos marineros españoles, ambos desertores y asesinos;
salieron trastabillando de los bosques situados frente a la isla de Chiloé después de
haber trepado la vertiente oriental de los Andes desde el Estrecho de Magallanes. Quizás
para distraer la atención del gobernador y apartarla de los crímenes que habían
perpetrado, anunciaron que habían descubierto una ciudad cuyos palacios tenían tejados
de plata; y cuyos habitantes de tez blanca, hablaban castellano y descendían de los
sobrevivientes de la colonia que Pedro Sarmiento había fundado en el Estrecho.
Otros
sitúan el origen de la leyenda en la llegada de dos hombres, Pedro de Oviedo y Antonio de
Cabo, al puesto que mas tarde sería la ciudad de Concepción después de un naufragio y
un largo peregrinaje desde el sur. Allí afirmaban haber encontrado la Ciudad de los
Césares.
Muchas veces la historia contribuye a la formación de las leyendas. En
1528 el Capitán Francisco César de la expedición de Sebastián Caboto, partió del
fuerte de Sancti Spiritu con catorce hombres que dividió en tres columnas: una se
dirigió hacia el sur, otra hacia el este y la tercera hacia el noroeste. Después de
andar unas 300 leguas durante tres meses, la única expedición que regresó fue la que
comandaba el propio César. Algunos autores sostienen que llegó hasta el imperio de los
Incas y otros hasta el lago Nahuel Huapi, en tanto que Paul Groussac sostiene que
anduvieron vagando por San Luis y Mendoza. Lo cierto es que a su regreso contaron
maravillas de su viaje y dijeron que habían visto grandes riquezas de oro y plata y
piedras preciosas.
Cóndor sobre el glaciar |
También por esa época
empezó a correr la noticia de que un grupo de incas había huido del Cuzco después de la
prisión de Atahualpa; internándose en una región montañosa del Sur y llevando enormes
riquezas. Así comienza la leyenda de la Ciudad de los Césares, en alusión a Francisco
César. La historia siguió haciendo sus aportes: en 1534, la expedición de Simón
Alcázaba dejó náufragos en el estrecho de Magallanes, al igual que la de Francisco de
Camargo (el Obispo de Plascencia) en 1539, y el fallido intento de colonización del
estrecho realizado por Sarmiento de Gamboa en 1584.
¡Cada vez mas gente desaparecida en la Patagonia y de la que no se
había vuelto a tener noticias! Ruy Díaz de Guzmán, el primer cronista mestizo del Río
de la Plata y del Paraguay, en su libro La Argentina escrito en 1612; se hace eco
de estas leyendas y tras escribir un itinerario imposible, que incluía desde Magallanes
hasta el Cuzco, cuenta acerca de César y sus hombres que:
"entraron en una provincia de gran suma y multitud de gente; muy rica en oro y plata, que tenían justamente mucha cantidad de ganados y carneros de la tierra, de cuya lana fabricaban gran suma de ropa bien tejida... donde mandaba un gran Señor que a su regreso los obsequió dándoles muchas piezas de oro y plata". |
Chatwin cuenta que una descripción del
siglo XVIII situaba la ciudad al sur de la latitud 45° y la presentaba como una fortaleza
enclavada en las montañas, al pie de un volcán y a orillas de un hermoso lago. Por su
parte Renato Cárdenas Álvarez en El libro de la mitología, la ubica en el sector
cordillerano, entre el lago Nahuel Huapi y el lago Viedma (esto sería entre los 41° y
los 50° de latitud sur).
Numerosas expediciones militares fueron en busca de la ciudad, así
como también muchos expedicionarios solitarios. En 1665, el jesuita Nicolas Mascardi
cruzó los Andes y se dirigió hacia el sur hasta llegar a una latitud estimada de 46°,
donde encontró un gran lago, probablemente el Buenos Aires, pero ningún rastro de la
Ciudad de los Césares. Años más tarde unos indios, en agradecimiento porque los había
liberado de la esclavitud; prometieron a Mascardi llevarlo hasta el lugar buscado y así
llegó hasta el lago Nahuel Huapi donde estableció una Misión. Guiado por su deseo de
descubrir la Ciudad Dorada acompañó a una india llamada "la reina" hacia el
sur, probablemente hasta la zona de Esquel. Pero la mujer no permitió ir más al sur
porque dijo que previamente debía tener autorización de los Césares. Mascardi que no
estaba seguro de cuál sería el idioma de los Césares, escribió cartas en griego,
latín, italiano, araucano y colla, pero más tarde retornaron los mensajeros diciendo que
habían sido atacados por enemigos y que las cartas fueron robadas. En 1672 llegó al Cabo
Vírgenes en el Atlántico y en 1673 fue muerto por flechas indias cuando se dirigía en
una expedición hacia el Estrecho de Magallanes.
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portada de "Descripción de la Patagonia" |
Ya en 1774 Tomás Falkner en su Descripción de la Patagonia apela más a la
razón: "El cuento aquel de que existe una nación en esta tierra, de origen europeo
procedente de un naufragio, es a mi entender enteramente falso y sin fundamento...Y lo que
hace aun más increíble que haya existido una ciudad de los Césares, es la imposibilidad
absoluta que europeos, ni aun cuando fuese en número de 200 ó 300, casi todos hombres,
sin comunicación alguna con país civilizado, hubiesen podido penetrar a través de tan
numerosas y tan guerreras naciones, mantenerse como república aparte en tierra que de
suyo nada ofrece, en que los habitantes sólo viven de la caza, y aun más por el espacio
de 200 años sin haber sido exterminados."
Las descripciones de la Ciudad Encantada de la Patagonia son mas o
menos coincidentes. Estaba en medio de una laguna llamada Payegüé, cerca de un estero
correntoso y profundo; tenía murallas con fosos, fortificaciones y una sola entrada con
puente levadizo. Sus edificios eran lujosos, en piedra labrada, los templos cubiertos de
plata maciza, del mismo metal que los utensilios de uso diario y los instrumentos de
labranza, los muebles de las casas eran de oro, y los pavimentos de las calles de plata y
oro macizos; una gran cruz coronaba la torre de la iglesia y si su campana llegara a
tocarse, su tañido se oiría en el mundo entero. Sus habitantes eran blancos y rubios,
con ojos azules y barba espesa, vestían casacas de paño azul, calzones de buché, capas
amarillas y sombreros de tres picos, y hablaban un idioma ininteligible. No era dado a
ninguna persona descubrirla aun cuando la estuviese pisando, una niebla espesa se
interpone entre ella y el viajero, y la corriente de los ríos que la batían refluye para
alejar las embarcaciones. Sólo al fin del mundo la ciudad se haría visible para
convencer a los incrédulos que dudaron de su existencia.
Todo suena a leyenda... pero increiblemente aún entrados los años
ochenta del siglo XX existieron proyectos de expedición que pedían autorización y
asistencia a Gendarmería Nacional... con el fin de localizar siquiera los restos del La
Ciudad Dorada de los Césares.-
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