Wichis  

    AYER 

Pertenecen al tipo racial Patagónico, aunque con mezcla de elementos andinos y brasílidos.

La familia lingüística mataca, conocida como Mataco-Maccá agrupa a los Matacos (wichis), Chorotís, Ashluslay y Maccáes. Según Imbelloni, también los Noctenes Vejoces  y Mataguayos .

 En el siglo pasado, las aldeas matacas, se encontraban situadas sobre todo a lo largo de los ríos Pilcomayo, Bermejo y Teuco, Yegua  y Vega Quemada.

Si lo comparamos con lo Guaycurúes, en la estatura y en la complexión físicas, son más bajitos, rechonchos y tienen las piernas más cortas. Los hábitos de los Matacos eran muy similares a la de sus vecinos Guaycurúes.

Su constitución familiar era nuclear, de carácter monogámico. Cada parcialidad tenía su territorio de caza que era de propiedad colectiva.

Las parcialidades estaban integradas por un número muy grande de familias a cuyo frente estaba un cacique de autoridad relativa.

Estos aborígenes construían chozas cupulares hemisféricas de planta circular, cuyas dimensiones eran de 2 a 3 metros de diámetro.

Los muebles tales como conocemos hoy no existían, pues el mobiliario se limitaba a pieles colocadas desordenadamente en el piso y que servían de cama. Se entremezclaban las bolsas de fibra de caraguatá para el transporte, con los platos de madera y ollas de barro para la comida.

Se dedicaban especialmente a la caza, recolección y pesca, también eran expertos tejedores, utilizaban la fibra de caraguatá, con la que fabricaban bolsas para la recolección. De esta artesanía proceden las actuales “yicas”, incorporadas a la moda femenina de las grandes ciudades.

No practicaron mucho la técnica del cultivo, por lo tanto sus huertas no abundaban en especies vegetales.

El cultivo preferido era el de zapallos pequeños. Como instrumento de labranza (cultivo de los campos o tierras de labor) utilizaban una pala de madera con  forma  de remo.

Ese elemento servía, así mismo, para sacudir los frutos de las palmeras. Cuando elegían un terreno se lo rodeaba con un cerco de árboles y ramas espinosas para evitar que los animales dañinos y golosos acabaran con los sembrados.  

Debido a la gran variedad de frutos silvestres que crecen en la región chaqueña durante las distintas estaciones del año, nuestros aborígenes eran dueños de un verdadero calendario alimentario. Comenzando con la algarroba, que madura de noviembre a febrero, siguiendo con los porotos del monte, el tasi y los higos de tunas, todos ellos son de fines de verano, luego realizaban una actividad  distinta pero también  relacionada con la alimentación: la pesca intensiva. Ésta tenía lugar en los meses de abril y junio. La pesca en relación con la algarroba proporcionaban los mejores alimentos de todo el año.

Gracias al  hábito de guardar reservas alimenticias principales, sumado a lo que diariamente se cazaba y se cosechaba o recolectaba, estos indígenas no pasaban  privaciones. La miel era uno de sus manjares preferidos, podían clasificar 16 tipos diferentes, según fuera la especie de la flor de donde las abejas extraían el néctar.

Como instrumentos musicales utilizaban el tambor, pequeños sonajeros de calabazas, sonajeros de pezuñas de ciervos, flautas de cañas, etc.

En religión se ha indicado la existencia de un Ser Supremo, algo dudoso. Sin embargo, reconocen una serie de dioses, buenos y malos, a los que llaman aittah. Al principal de ellos le llamaban Aittathtalac, “el viejo”, el cual estaba representado en el cielo por las Pléyades. Los ahots son espíritus malos, que moran en los cementerios.

 

    HOY  

4240 aborígena Wichis habitan en la zona rural del Departamento General Güemes.

  La situación actual de los Wichís sigue siendo, en algunos casos, de extrema pobreza.

Buena parte de la economía familiar continúa basándose en la caza y recolección de frutos del monte por demás empobrecido, que ya no aporta una alimentación aceptable en calidad y cantidad. En época de pesca, lo obtenido en esa actividad se utiliza para el abastecimiento, sin embargo, algunos lo comercializan para adquirir otro tipo de alimento.

Otra fuente de ingreso la constituye la fabricación de ladrillo y la venta de artesanía en madera y chaguar, pero estas son actividades esporádicas  y poco rentables. Como alternativa de producción se han generado pequeñas explotaciones como manejo de chivos, apicultura y huertas familiares, frecuentemente subsidiadas.

La alfarería y el tejido constituyen las principales artesanías de estos aborígenes. El tejido se realiza con fibra del chaguar: una vez extraída esta de la hoja, se retuerce en cordones de distintos grosores según los tejidos por confeccionar, emplean distintas semillas, cortezas y raíces para teñir la fibra; con ello  logran vistosos colores.  

Paulatinamente algunos Wichís se han insertado al trabajo rentado, desempeñando cargos en instituciones del medio, entre ellas Municipalidad, Instituto del Aborigen Chaqueño (IDACH), Escuelas (Auxiliares Docentes), Hospital (Enfermeros) y Registro Civíl.  

Algunas viviendas son pequeños ranchos de tres o cuatros paredes continuados con palos a pique y barro. Varias familias han sido beneficiadas por planes de viviendas las que aunque sencillas, brindan mayor comodidad y mejores condiciones de salubridad.  

Desde el punto de vista sanitario, si bien se han implementado desde hace varios años una política de salud (atención a niños y embarazadas), se pueden observar enfermedades frecuentes como tuberculosis, mal de chagas, desnutrición y parásitos.

 Desde el Curso de Auxiliares Docentes Aborígenes de El Sauzalito y la Asociación Cultural Taiñi y desde las experiencias escolares de educación intercultural   y bilingüe, los aborígenes wichis participan activamente en:

Este proceso de análisis, búsquedas, reflexión y crítica que se ha gestado en el Curso de Auxiliares, hace crecer en los aborígenes la necesidad de lograr acuerdos mínimos de escritura que sean reconocidos por todos los hablantes de la lengua. Para estudiar los fonemas  wichis y sus grafías se realizaron en abril, mayo, y julio del 98 talleres entre los wichis de Chaco, Formosa y Salta. Aunque se han llegado a algunos acuerdos, el proceso de consolidación de su lengua es muy lento.

 

    NARRACIONES

CUENTO:  LA HERRADURA

El cacique de una tribu de matacos sufría de una extraña enfermedad y ninguno de los remedios conocidos por su gente había podido aplacar el mal.

Puyjú, el anciano sabio de la tribu se ofreció a ir a la ciudad de los blancos; había estado allí y sabía a quien recurrir para pedir un consejo .

El cacique estuvo de acuerdo con esa decisión y para gran sorpresa de todos, ordenó a su hijo Allpa, que acopañara al anciano. Este era un muchachito más bien inrresponsable, sin embargo Puyjú aceptó sin vacilar a su acompañante y el joven se declaró dispuesto a asumir esa responsabilidad.

Inmediatamente comenzaron los preparativos para la prolongada marcha y una mañana partieron. El trayecto era largo y caminaban despacio; fue asi que Allpa pidió al anciano que relatara alguna de las historias con que sabía entretener por las noches a la gente de la tribu.

Aunque se sentía atraido por los relatos de Puyjú, no podía evitar una sensación de impaciencia frente a las enseñanzas que transmitían.

De pronto el anciano tropezó con algo: era una herradura.

Entonces le dijo a Allpa:

- Levántala, quizás nos haga falta.

Pero el muchacho le contestó encogiéndose de hombros:

- Bastantes cosas llevamos ya; seguro que sólo nos servirá para aumentar el peso de la carga.

Ysin esperar la respuestas del anciano, dejó la herradura tirada y siguió adelante. Puyjú se agachó disimuladamente y la guardó entre sus vestimentas.

Llegaron a la ciudad a mediodía y el sol calcinaba las calles sin piedad. Sus provisiones ya se habían agotado y sintieron mucha hambre y sed. En eso pasaron frente a una herrería y Puyjú aprovechó la oportunidad para vender la herradura. Poco después compró con el dinero adquirido algunas naranjas, las que comenzó a comer con fruición. Allpa lo obserbava con el ceño fruncido. Por supuesto que se moría de ganas de pedir una, pero su orgullo se lo impedía . El anciano siguió comiendo; al rato dejó caer una naranja con todo disimulo Allpa la levantó; esa escena se repetió varias veces . Los dos seguían en silencio .

Puyjú pudo conseguir el remedio que buscaba y así iniciaron el regreso.

El muchacho continuaba callado y taciturno.

Entonces el anciano lo abrazó, diciéndole con mucho cariño:

- No te procupes; no eres el primero ni el último que ha dejado una herradura tirada en el camino.

Allpa sonrió aliviado una vez descansados,  continuaron la marcha. Llegaron contentos para entregarle el remedio al cacique.

 

Relato de un aborígen: 

En el mes de agosto, la luna de las flores, teníamos la costumbre de cantar en el idioma nuestro.

Cantábamos contentos, porque cantaban los pajaritos y nosotros también. Era como comenzar el año...okä nek' chiom.

El canto era para rogar que llueva.

Todos los años llovía.

Cantábamos con pim-pim y chas chas.

Sebastián Montes, wichi de Río Bermejo