ANTOFAGASTA DE LA SIERRA
CATAMARCA
Comenzar a escribir acerca de un determinado lugar que solo se lo conoce de
nombre y por su ubicación geográfica, si es que se sabe algo de él, es
asombroso. Asombroso porque cuando uno se pregunta, observando fotos entre otras
cosas de ese lugar, como un pequeño grupo de habitantes pueden vivir en zonas
como estas, con clima frío, árido y desértico, con la soledad a cuestas y la
única voz que rompe el silencio “La del Viento”. Al borde del extenso y
angosto salar y al píe del gigantesco volcán se halla una pequeña Villa puneña
de singular belleza que vive del pastoreo de llamas y ovejas.
Antofagasta de la
Sierra es el departamento más grande de la Provincia de Catamarca y está al
norte de la misma.
Hablar de él es
decir poco de lo que contiene en cuanto a producción industrial, minería y
otras cosas por el estilo, pero se puede llenar hojas de tinta si alguna vez
pisamos tierra antofagasteña y atentamente escuchamos latir nuestro corazón.
Antofalla, pueblo
al margen del salar del mismo nombre. Durante el invierno el recorrido a lomo de
mula es de tres días siempre y cuando el tiempo lo permita.
Los vehículos
cuando llegan a estas zonas son un verdadero acontecimiento “uno
ya tiene acostumbrado el oído a percibir su rumor desde muchos kilómetros
antes de llegar y lo esperamos con ansiedad”.
Describiendo este
bello paisaje encontramos un viejo trapiche jesuita y ruinas de ese asentamiento
minero para la extracción de oro y hasta un cementerio de aquella época.
En el pueblo fue
restaurado un antiguo molino usado por los jesuitas para lavar y moler
minerales, los cuales eran transportados desde las minas del inmenso Volcán de
Antofalla, con esto también rescatamos que este viejo molino, es uno de los pocos
existentes en América del Sur.
En la actualidad
encontramos uno de los manzanos con más de 500 años de vida que aun da frutos
y aunque usted no lo crea sus frutos son exportados a localidades vecinas, tanto
de Catamarca como de Salta.
En este pequeño
pueblo que fue fundado por él señor “ Nicolás Ramos”, la actual escuelita
de la localidad lleva su nombre y es de las llamadas escuelas de verano. Se
necesitan muchas cosas, la vida de un docente es muy sacrificada, cuenta el
maestro Ángel Rolando Olmos, un docente que enarbola el pabellón nacional
todos los días en esas lejanas inmensidades, que también son parte de la
Patria, esto acontece en el alma de un hombre que con su humilde saber a cuestas
enseña a niños y adolescentes, también a sus hijos, que esperan todo de la
escuela que los prepara para la vida. Esos chicos que salvo su migración, no
tienen otro destino pasando por la primaria, que el de seguir pastoreando como
lo hacían sus ancestro, casarse, si encuentran con quien, tener hijos y repetir
así el ciclo de los siglos.
Allí el maestro
debe enseñar desde las primeras letras y seguir haciendo docencia en todas
partes, porque para esa gente es El Maestro, que siempre debe dar y ser el
ejemplo de todos. También debe transformarse en el “médico” forzoso en
emergencias que no son tan pocas como uno pueda imaginarse y hasta el consejero
o psicólogo ante conflictos familiares e incluso individuales.
Una escritora dedicó
un poema que en una de sus partes dice así:
.....“
Tienes alma de bohemio, sos apóstol del
saber, sos amigo y consejero, cumpliendo con tu deber. Mitigas penas ajenas,
compartiendo el dolor, sos maestro también cura y porque no doctor”.....