Desde
hace mucho tiempo el vino esta considerado como un elemento de base en la
nutrición humana. Lo que escribió Olivier de Serres en 1600, en su Theatre de
1'Agricultura resume una opinión general que el tiempo se ha encargado de
confirmar: "Después del pan, viene el vino, segundo elemento entregado por
el Creador para la conservación de esta vida, y el primero celebrado por su
excelencia.
Pero
antes que él, la célebre frase del Eclesiástico, prueba que 1000 años antes
de nuestra era ya se admitía que el vino era un alimento de primera necesidad,
tan indispensable como el pan: "Ve come alegremente tu pan y bebe con gusto
tu vino".
En
los siglos XVII y XVIII, el agua era considerada como una mala bebida. Sydenhar,
pretende que las gentes pobres, bebedores de agua, no llegan a conservar su
salud sino merced a una adaptación de su organismo para las malas condiciones.
Buffon era también de esta opinión: "El agua pura no bastaría a los
trabajadores para mantener sus fuerzas. En toda época el hombre ha buscado en
su alimentación algo más que la vulgar satisfacción de una necesidad física.
Ha buscado siempre procurarse, gracias a los alimentos, no solamente el simple
hecho de nutrirse sino un conjunto de satisfacciones físicas y psíquicas, un
medio de luchar contra la fatiga y las preocupaciones al mismo tiempo que una
ligera y bienhechora excitación.
Además
de sus virtudes higiénicas y dietéticas, el vino, lazo de unión entre la
Tierra y el Espíritu, es el solo alimento que haya respondido, sin duda y de
manera ideal, a este deseo inherente a la raza humana. Ningún otro producto
salido de la tierra ocupa este sitio de honor; ningún producto habla más
directamente a nuestros corazones, a nuestros gustos, a nuestros recuerdos o a
nuestros sueños, ni el trigo, gracias al cual el mito del "pan nuestro de
cada día" es realidad para millones de hombres, ni el arroz, que asegurara
la subsistencia de todo un continente, ni el café, ni el té.
Y
por todo ello es por lo que el vino, alimento espiritual, cuya historia, es
inseparable de la del hombre y de la civilización, guardará indudablemente y
para siempre su p1aza aparte en nuestra alimentación.
Las
propiedades del vino
Estas
propiedades son preciosas, innumerables, irreemplazables. Antes de enumerarlas
hace falta sin embargo fijar los límites diarios que han de imponerse al
consumo del vino. En efecto, para aprovechar sus numerosas virtudes, no cabe
duda que es necesario no sobrepasar los límites diarios, generalmente admitidos
por los especialistas en la materia y confirmados por los trabajos de
laboratorio. Estos son en su conjunto los dados a conocer por el profesor
Tremoliers en el último congreso sobre el alcoholismo. Cuando se trata de
sujetos adultos, en buen estado de salud y cuya ración alimenticia es
suficiente y equilibrada "el organismo puede normalmente oxidar al maximum
un litro de vino para un hombre y tres cuartos de litro para una mujer. Más allá
de estos límites si una de las condiciones no se cumple (desnutrición, por
ejemplo), el alcohol se oxida mediante procesos tóxicos que justifican su
nocividad".
Cuando
esta dosis diaria no es sobrepasada y además se tiene la precaución de
repartirla entre las dos principales comidas, el vino puede entonces desempeñar
su papel de alimento tónico y benéfico.
Es
necesario considerar ante todo que, por reqla general, el individuo normal y
sano permanece entre estos límites. El alcoholismo, largo tiempo visto como una
funesta pasión, como un vicio, es considerado cada vez más en patología médica,
como una enfermedad. Esta noción de "enfermedad alcohólica" de la
que Jellinek fue el gran defensor, ha tenido acogida en los medios médicos
franceses hacia 1956. Por ella se muestra que el alcoholismo es una "sumisión
física complicada con una obsesión mental" y cuyas víctimas son sujetos
que sufren un estado psicoafectivo, particular, no importa que no se convierta
en un alcohólico y no hay ninguna razón para condenar al vino a un ostracismo
que no merece y de dar complejo de alcoholismo a buenas gentes que usan de él
prudentemente.
Es
clásico y comprobado el hecho de que los estragos del alcoholismo se registran
precisamente en las regiones que no tienen la dicha de cultivar la viña en su
suelo. Esto no quiere decir ciertamente que los grandes bebedores de vino no estén
expuestos a las consecuencias que produce el abuso de las bebidas alcohólicas.
Pero sobre un fondo de personalidad perturbada por desórdenes de diferentes orígenes,
es sobre los consumidores de aperitivos, de cocktails, de alcoholes
industriales, de todo aquello que contiene alcohol de origen, -bueno o malo-, en
los que el alcoholismo produce verdaderos estragos. Es a ellos a los que yo he
tenido ocasión de desintoxicar en los servicios del hospital psiquiátrico y
nunca a honrados y razonables consumidores de buenos vinos.
VALOR
ALIMENTICIO DEL VINO
El
vino es ciertamente una bebida, puesto que contiene casi 900 gramos de agua por
litro, lo que permite decir a algunos amables bromistas que "todo bebedor
de vino es un bebedor de agua que se ignora en su fuero interno como
tal"...Pero la riqueza de los elementos que lo integran hacen de él, en
realidad, un verdadero alimento líquido de incomparables virtudes. Y de ahí
hay que confesar además que si los métodos analíticos modernos y
perfeccionados permiten separar y dosificar los componentes del vino, ellos no
nos revelan y acaso nunca puedan hacerlo. la parte del milagro y de misterio que
da al vino todo su valor de alimento simbólico y sagrado. El bienestar, la
euforia que invade cuerpo y alma cuando degustamos un buen vino, no pueden
traducirse en miligramos de tal o cual elemento.
Forzosamente
hemos de contentamos con aquellos que el vino ha querido revelamos por sí
mismo, ya que los diversos elementos que le componen varían de un vino a otro,
según los terrenos, los vidueños, la añada, la edad del embotellado, y, sobre
todo, según los cuidados que ha recibido durante su crianza.
VALOR
CALORICO
Depende
de dos factores: grado alcóholico del vino y azúcar que contiene.
Aunque
no considerásemos al vino mas que como una disolución de alcohol en agua
(desdeñando todos los otros elementos que entran en su composici0n) el vino sería
ya un alimento o, al menos, un alimento de ahorro. En efecto, el alcohol como lo
han probado los trabajos de Atwater en 1902 , siendo utilizado inmediatamente
por el organismo (contrariamente a lo que sucede con los azucares, las grasas y
los ácidos aminados) permite economizar, en cierta medida, otros elementos
energéticos . No puede sin embargo asegurar más del 50 o/o de los gastos de
base del organismo, o sea 600 a 800 calorías (trabajos de Schaffer, Le Breton y
Dontcheff).
Pero,
y no lo repetiremos bastante, los 10 centilitros de alcohol por litro, cuyo
contenido reprochan al vino, no guardan relación alguna con la misma cantidad
de alcohol si fuese absorbida en estado puro. El vino no es más que una simple
solución de alcohol etílico al 10%. Intimamente mezclado en el vino, a un
complejo viviente, el alcohol, materia inerte, hace que aproveche de sus reales
cualidades, el conjunto de este complejo.
El número de calorías que aporta al organismo un litro de vino varía
de 600 a 1000 con una media de 600 a 700 para el vino tinto. Los vinos blancos
licorosos (tipo Sauternes) ricos en azúcar, son más calóricos que los vinos
blancos secos. Los vinos dulces naturales, los vinos de licor, a la vez cargados
de azúcar y alcohol, son los vinos mas calóricos. Ciertamente, en nuestros países
de alto nivel de vida, esta fuente de calorías puede parecer de una importancia
desdeñable, puesto que nuestro problema actual sería más bien el de tratar de
disminuir una ración demasiado rica. Pero este combustible utilitario, cuando
proviene del vino ¿no parece poseer la milagrosa virtud de engendrar la
euforia, el entusiasmo y la actividad intelectual creadora?
LAS
VITAMINAS
Encontramos en nuestro vino cotidiano.
La vitamina P (C2) factor de ahorro de la vitamina C, que aumenta la
resistencia y produce un efecto real sobre ciertos estados de astenia con
hipotensión. Lavollay y Sevestre atribuyen desde luego la acción tonificante
del vino a su contenido en vitamina P.
La vitamina B2 (riboflavina) considerada de utilización nutritiva.
Interviene en el
metabolismo de los glúcidos, de los prótidos, de las
vitaminas A, Bl y PP y de las hormonas corticosurrenalianas.
La vitamina B3
poderoso estimulante del funcionamiento de las células. Andross ha demostrado
por otra parte que la productividad aumenta cuando se provee de una cantidad
importante de estas vitaminas a ciertos grupos de obreros u otras personas que
realizan grandes esfuerzos físicos continuados.

Efectos
bioquímicos del vino sobre
el organismo
La
secreción del jugo gástrico se encuentra también excitada y acrecentada por
el vino.
Esta bebida contiene, además, diastasas análogas a las de nuestros
jugos digestivos, lo que le permite venir en ayuda de los estómagos fatigados y
deficientes. Su tanino es un excitante de las fibras de todo el aparato
digestivo. El uso regular de un buen vino, actuando, como estimulante de las
secreciones intestinales ayuda también en la lucha contra el estreñimiento,
dolencia que aflige a muchos de nuestros contemporáneos.
Pero
sobre todo, se ha comprobado que el vino facilita poderosamente la digestión de
los prótidos (carnes, pescados, ostras, quesos). Es, según Genevois, la sola
bebida que permite la fácil digestión de ellos gracias a su acidez iónica y a
su débil presión osmótica. Ahora bien, con la elevación del nivel de vida,
la ración alimenticia del hombre moderno se encuentra singularmente enriquecida
en prótidos nobles de origen animal, lujo que en otros tiempos estaba reservado
a las clases acomodadas. El vino, aliándose maravillosamente con estos prótidos,
realiza ante todo una perfecta y golosa alianza, antes de facilitar su digestión.
Así el acuerdo gastronómico de las carnes, pescados, mariscos, crustáceos y
quesos con el vino que más les conviene no es solamente un refinamiento
epicureo, sino también una sabia medida de higiene digestiva, científicamente
probada.
El
vino es un antiséptico
Se
ha comprobado que un centímetro cúbico de vino blanco, mezclado con igual
cantidad de caldo de cultivo, mataba el 99 % de los colibacilos y de los bacilos
del cólera y de la fiebre tifoidea. Por ello no nos debe asombrar que se
distribuyese vino al ejército cuando había epidemias de disentería, como nos
los revela el "Diario de Percy" (Campaña de Prusia en I807). "La
disentería hace progresos. E1 ejército sufre de ella, pero débilmente. se
distribuye . vino a las tropas porque es el mejor preservativo".
De
igual manera, la costumbre gastronómica que consiste en acompañar con un buen
vino blanco, una degustación de ostras o de mariscos, constituye, además una
notable precaución higiénica. Y pensamos, no sin emoción, que la absorción
de agua coloreada de rojo, en nuestra niñez (lo que no ha hecho de nosotros
unos alcohólicos) no era tan estúpida como pudiera parecer a las asociaciones
antialcohólicas.
El
vino posee propiedades antitóxica
Ellas
le convierten en un agente terapéutico ya probado en la profilaxia de las
enfermedades contagiosas y febriles y en ciertas infecciones toxicas, como la
gripe. El buen vino caliente y aromatizado de otros tiempos, continua siendo un
elemento antigripal excepcional aunque la gama medicamentosa se haya ensanchado
considerablemente. Esta acción antitóxica ha sido asimismo comprobada
en la prevención de intoxicaciones causadas por ciertos alcaloides tales como
la esparteína y la estricnina.
Asimismo,
el escabechado y la cocción al vino de la caza se revelan como una prudente
prevención de higiene alimentaria. Es cierto que el empleo del vino tiene por
fin principal el de ablandar las viandas un poco duras y de realzar el sabor de
ellas,
pero
cuando se trata de una pieza de caza, que se ha defendido en el curso de ella y
cuya carne esta cargada de toxinas de fatiga o cuyas heridas están sucias, el
vino evita el riesgo de una intoxicaciones alimentaria.
El
vino tiene propiedades anafilácticas
Estas
propiedades han sido puestas de relieve por el profesor Weinssenbach, que
aconseja macerar las fresas con vino tinto un cuarto de hora antes de comerlas a
fin de evitar la urticaria que aqueja a ciertas personas.
El
vino y el hombre moderno
Ciertamente
el vino ya no es en nuestros días, el alimento de primera necesidad que fue en
otros tiempos, cuando la alimentaci0n era mucho menos rica y variada. Sin dejar
de representar su papel de alimento, continúa siendo la bebida ideal del hombre
de nuestra época.
Bebida
tónica y viva, además de las sensaciones incomparables que hacen vibrar
nuestros hastiadospaladaresel vino entona a los organismos maltrechos por el
ritmo actual de la vida y les prepara para resistir a las agresiones, a las
decepciones que nos caen en suerte. El vino responde precisamente a la imperiosa
necesidad que le impone la vid actual: la de mantener su espíritu alerta y su
cuerpo en forma.
Las vitaminas que contiene, por un feliz don de la naturaleza
son precisamente aquéllas c)ue le permiten luchar contra la fatiga, el mal del
siglo en que rema el maquinismo. El tanino contribuye además a la acción
tónica del vino. Los vinos tintos, a causa de su mayor riqueza en este elemento
son más tónicos que los vinos blancos y gozan de una facultad estimulante muy
marcada. Sus materias tánicas colorantes "tonifican del mismo modo que
lohace la quina" (Gautier).
Es
indicado, por tanto, el vino tinto cada vez que el organismo en pérdida de
velocidad necesita un estímulo.
La
práctica muy extendida en los siglos pasados del "golpe de estribo"
bebido antes de subir a la montura probaba bien el valor de este tónico de los
músculos y del espíritu, de este dinámico reconfortante, apto parasosteneral
jinete en sus fatigadoras cabalgatas. A dosis normales, evidentemente, esta
accidnestimula,ntedel. víno absolutamente natural no ha sido jamás seguida de
depresión alguna, que es el tributo que se paga por el uso de tantas drogas
modernas.
Pero
si el vino es un tónico de elecci0n, es también el mejor y más sano de los
euforizantes. Siempre el hombre ha buscado, de manera instintiva, para su
alimentación, no solamente estimulantes, sino también reconfortantes, para
soportar sus preocupaciones, resolver los problemas que le asaltan, luchar
contra el ambiente de angustia depresiva, en el cual se debate con frecuencia.
El vino vierte en los corazones el optimismo y Ja alegría de vivir y nos
procura además una clara mejora psíquica en nuestros estados de ansiedad.
Tan
viejo como el mundo, natural ,inofensivo el buen vino, tomado a dosis razonables
¿no vale más que todas las "drogas de la dicha" y sus peligrosos
paraísos artificiales? Es en la euforia de los buenos platos y de los buenos
vinos donde se encuentra alegremente y sin esfuerzo el relajamiento que esta de
moda que nuestros abuelos conocían tan bien sin haberlo aprendido. Y al menos,
no hay necesidad de sill0n de "relax" ni de métodos fastidiosos...
¡Basta la carta de los vinos!
Finalmente,
esta euforia comunicativa que el buen vino crea, pemitedevolver a la sociedad
actual un a acto fraternal y optimista que no hubiera debido perder jamás.Enuna
época en la que las preocupaciones, el agotamiento y el nerviosismo pueblan el
mundo de extraños o de enemigos, beber entre amigos ¿no hace renacer los
símbolos ya olvidados de la amistad y del calor humanos?
El
vino y el deportista
Deporte
-no alcohol. Esta es la rigurosa ecuación que determinados ascetas del deporte,
entrenadores o deportistas, reducen a tales términos de intransigencia, que
llegan hasta el punto de englobar al buen vino en esta prohibición.
Ahora
bien, los últimos trabajos, llevados a cabo en dietética deportiva, lejos de
encomiar los regímenes excepcionales que estuvieron de moda en otros tiempos,
se muestran de acuerdo sobre el hecho de que la alimentación del atleta debe
ser, pura y simplemente, la alimentación ideal, es decir, sana y equilibrada,
de un hombre corriente que realice esfuerzos musculares. Salvo ocasiones
excepcionales, los aperitivos y los digestivos deben evidentemente ser excluidos
de los menús del atleta y totalmente prohibidos en los períodos de
entrenamiento deportivo. Condenar al mismo tiempo el buen vino es una exageración
lamentable.
Mas
aún que para el sedentario, el vino al que Pasteur denominaba "la más
sana e higiénica de las bebidas se revela como la bebida ideal para el
deportista.
El
resto de las bebidas presentan ciertos inconvenientes. Los jugos de frutas son,
a veces, mal tolerados, sobre todo los cítricos, muy agradables en el curso de
las comidas, no realizan sin embargo una alianza gastronómica ideal con los
platos cocinados. La cerveza da pesadez y produce desagradables fenómenos de
eructos y de flatulencia. La sidra causa con frecuencia trastornos gástricos y
ejerce acción laxante e irritativa sobre el intestino. Demasiada cantidad de
café o de té produce inscimnio y nerviosismo (y los atletas ya son de por si
propensos a la ansiedad). La leche, muchas veces mal tolerada por el adulto, es
un alimento, pero no una bebida. El consumo habitual de aguas sódicas esta
seriamente desaconsejado en dietética deportiva. No quedan por tanto más que
las aguas débilmente mineralizadas o el agua corriente del grifo, con mal olor
y sabor de antiséptico... ¿No es esto llevar al ascetismo demasiado lejos?
Más
que ningún otro hombre, el deportista cuyas pruebas extraordinarias reclaman
una plena forma tanto física como psíquica, necesita vino, precioso nutriente,
estimulante del funcionamiento de todas las células y cuya acción bienhechora
es innegable.
El
vino, recordémoslo, ayuda poderosamente a la digestión de l
as materias
proteicas. Ahora bien, en la actualidad, y sobre todo en períodos de
entrenamiento o cuando el deporte practicado exige grandes esfuerzos musculares
se recomienda al atleta un régimen muy rico en proteínas (carnes, pescados,
huevos, quesos). Por sus vitaminas, el vino combate la fatiga muscular y
nerviosa del organismo deportivo y mantiene su tono general.
Por
sus sales minerales previene las carencias que pueden tener consecuencias
graves, ya que el más pequeño desequilibrio repercute en la "forma"
deportiva, estado de gracia físico bastante indefinible y caprichoso. Así el
hierro puede faltar en determinadas circunstancias; el aumento de la ventilación
y volumen de sangre necesarios para el riego de una gran masa muscular, hacen de
é1 un elemento esencial para el entrenamiento deportivo. Del mismo modo, la
eliminación de las toxinas de fatiga provocadas por un entrenamiento intensivo
exige azufre. Hierro y azufre se encuentran precisamente en el vino. Finalmente,
la acción tónica y euforizante del vino no puede ejercer más que
una
benéfica influencia sobre la moral del atleta porque diferentes factores
(voluntad tensa hacia la prueba excepcional, estricta disciplina, entrenamiento
llevado a veces hasta la obsesión) producen en el atleta un estado psíquico
excepcional y en muchos casos frágil y vulnerable.
En
estas condiciones el deportista tiene el mayor interés en la inclusión de una
cantidad razonable de vino en sus comidas, tanto más cuanto que está sometido
a un gran esfuerzo muscular, a que su ventilación pulmonar está pues
acelerada, lo que le permite eliminar el alcohol más fácilmente que lo hace el
sedentario.
Por
otra parte, los especialistas del deporte están lejos de prohibir el consumo
razonable del vino. Así, por ejemplo, el doctor Mathieu, médico olímpico,
declara:”Para un sujeto normal, si la cantidad de vino no excede de medio
litro por comida (un litro diario) el alcohol es enteramente quemado por el
organismo y el vino es una bebida excelente y alimenticia”: Boigey, cuyas
obras sobre la cura por el ejercicio han creado doctrina piensa que "el
vino natural es la más encomiable de las bebidas alcoholizadas. Contiene un
maravilloso complejo de sustancias útiles y bien equilibradas que nada puede
reemplazar".
El
doctor Encausse, inspector médico de la Alta Comisaría de la Juventud y de los
Deportes, fija los límites del consumo en tres cuartos de litro para un adulto
sano de 65 kgs. de peso. Saca la conclusión, notable por su prudencia, de que
el cuerpo médico debe predicar:" ¡la templanza, no la abstinencia! ¡la
sobriedad, no el ascetismo!".
Sin embargo, dentro de los límites que imponen los gustos personales y
de una cierta flexibilidad en la interpretación, todos los vinos no son
recomendados a los deportistas por los diferentes autores. Este es el caso de
los vinos robustos, ricos en perfumes y de mucho color. Borgoñas y vinos de las
riberas del Ródano estarán ¡ay! reservados para los días de fiesta y alegría,
no para los períodos de entrenamiento. Sucede lo mismo con el vino blanco, que
tiene la desagradable reputación, bien conocida de los guías de montaña de
"romper las patas"...Pero al deportista le queda el incomparable
abanico de todos los vinos ligeros así como los redondos y completos. No
podemos quejarnos.
El vino y la
juventud
No se trata evidentemente de dar vino a un niño. Señalaremos, sin
embargo que en la familia italiana tradicional los niños beben vino en las
comidas (en cantidad muy moderada, desde luego), porque el vino es considerado
allí como formando parte de la alimentación. Ahora bien la proporción de
alcohólicos es menos elevada que en Estados Unidos, por ejemplo.
El
vino y el anciano
Se
ha llamado al vino -y con mucha razón- "la leche del viejo". El
Medoc, productor y bebedor de vino, está orgulloso de figurar en cabeza de los
records de longevidad humana.
A
causa de la disminución de sus secreciones digestivas, el apetito del anciano
es con frecuencia deficiente. Un estado de desnutrición puede producirse en él
de manera insidiosa, agravado por una mala dentición, consideraciones de
"régimen" más o menos adecuado y por un presupuesto muchas veces
reducido. Fácilmente adaptado, fuente de sensaciones gustativas agradarles, el
buen vino estimula el apetito del anciano y facilita su digestión. Sus virtudes
estimulantes y tónicas son precisas para aquellos organismos que la edad ha
convertido en asténicos. El vino procura también (más si se trata de vinos
licorosos o de vinos dulces naturales) el apoyo, nada despreciarle de su valor
calórico. No es inútil hacer resaltar, por ultimo, que existen buenos vinos a
precios abordables y al alcance de presupuestos reducidos (a pesar de todos los
cuidados que exige para su
producción y conservación; a pesar del esfuerzo y
laboriosidad que lleva desde el viñedo a 1a bodega, el vino sigue siendo de
precio relativamente económico si se le compara con otras bebidas corrientes
industriales y no digamos...con el azua mineral! ).
El
vino y el enfermo
El
viejo Hipócrates (460-377 antes de J.C.) padre de la medicina, decía ya en sus
enseñanzas, “El vino es cosa maravillosamente apropiada al hombre si, en
salud como en enfermedad, se le administra con tino y justa medida”.
En
la época carolingia, el régimen ordinario de los enfermos y ancianos acogidos
a los` asilos de los monasterios comprendía reconfortantes y sabrosas sopas de
vino, sopas de las que Juana de Arco gustada tanto, según se cuenta.
Ya
hemos hecho mención de las virtudes bacterianas y antitóxicas del vino que le
convierten en un excelente agente contra las infecciones. Pero la generosa
naturaleza, que ha ofrecido al hombre los mismos remedios contra sus males, ha
previsto todo, adecuando cada vino a cada caso particular.
Es
así que los vinos dulces naturales, los vinos blancos licorosos, estas
golosinas de la viña, están especialmente recomendadas a los convalecientes,
los depauperados, los asténicos. Su riqueza en azúcar les hace por el
contrario prohibitivos para los diabéticos. '
Los
pequeños vinos blancos, secos, pobres en azúcar, de una agradable acidez y
ligeros en alcohol , excitan el apetito y la digestión. Conviene a los dispépticos
que sufren de hipoclorhidria. Se recomiendan también a los obesos, puesto que
su poder calórico es débil...y su poder diurético muy grande (los vinos
blancos de Saboya sostienen la moral de los pobres pacientes sometidos a cura de
agua en Bride-les-Bains).
Los
vinos espumosos convienen a cierta clase de dispépticos: el ácido carbónico
que contienen hace que se utilicen contra los vómitos. El Champagne es la
providencia de los convalecientes a los que hace ver la vida de color de rosa.
Es excelente bebida después de un choque emocional y muy indicado en las bajas
de tensión.
Por
lo general los vinos ligeros, poco robustos, de reducido grado alcohólico, sean
blancos, rosados o tintos, convienen a todos los organismos y deben ser los
preferidos para el consumo corriente. Los vinos robustos, generosos, ricos en
aroma, aquellos que se conocen como "grandes vinos" deben ser
reservados en la bodega de los "tesoros" para los grandes días.
Símbolo
religioso, y fuente de inspiración artística a la vez, el vino es considerado,
con justa razón, como un signo de civilización en la que la dulzura de vivir,
une cuerpo y espíritu.
Que
se vista de terciopelo púrpura, de satén dorado o de seda rosa, este noble
producto de la viña es la bebida ideal del hombre de gusto de nuestro tiempo y
que responde perfectamente a sus necesidades como a sus deseos. Precioso
complemento de una alimentación que se procura sea sana y equilibrada llena
nuestros corazones de la alegría de vivir, sin la cual no hay buena salud ni física
ni moral. Como lo dijo sir Alexander Fleming "Es la penicilina la que cura
a los humanos, pero el vino es el que los hace felices"
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