Introducción: Debido a su dependencia del agua, el hombre siempre ha intentado vivir cerca de ella, aunque no fuera más que un pozo de agua en el desierto. Inventaba rituales místicos de protección para la fuente de agua y reaccionaba con furia e incluso irracionalmente ante cualquier amenaza a sus reservas. En la Edad Media se justificaron algunas masacres de judíos porque se suponía que habían sido los causantes de la Peste Negra, envenenando los pozos. En los países industriales, la fuente del pueblo ha sido sustituida por tuberías que traen el agua a las casas y se llevan los residuos. Casi todos nuestros problemas de agua proceden de la no separación de sus funciones principales; el agua sucia se mezcla con la pura. Las enfermedades transmitidas por el agua se extienden principalmente donde coinciden densas poblaciones y bajos niveles tecnológicos. Hoy día la mayoría de pueblos carecen de un abastecimiento adecuado de agua pura, a pesar de ser la necesidad más fundamental del hombre.
El
agua: no tan buena como la pintan
Alrededor
del 80 por ciento de todas las enfermedades y más de una tercera
parte de todas las muertes en los países en desarrollo están
relacionadas con el agua. Cada ocho segundos muere un niño por una
enfermedad relacionada con el agua. Cada año, más de cinco
millones de personas fallecen por dolencias vinculadas a su consumo,
la falta de higiene en el hogar o defectos en la canalización. Y la
diarrea, originada en un 30 por ciento de los casos por el agua
causando una grave deshidratación y malnutrición, mata cada año a
casi 3 millones de niños menores de cinco años, lo que representa
la cuarta parte de muertes en este grupo de edad. Los
riesgos para la salud asociados al consumo de agua serán
especialmente severos en las zonas urbanas en rápida expansión,
donde el crecimiento de la población y la construcción de grandes
metrópolis limitará aún más la disponibilidad de agua, según
los expertos. La
OMS calcula que la morbilidad (número de casos) y mortalidad (número
de muertes) derivadas de las enfermedades más graves asociadas al
agua se reduciría entre un 20 y un 80 por ciento garantizando su
potabilidad y adecuada canalización. Los
patógenos que prosperan en los ambientes acuáticos pueden provocar
cólera, fiebre tifoidea, disenterías, poliomelitis, hepatitis y
salmonelosis. Se transmiten al beber agua infectada, comer pescado y
marisco contaminado, bañarse, nadar o vadear en aguas contaminadas
o por insectos y caracoles acuáticos. La
esquistomiasis mata cada año a unas 20.000 personas, según la OMS.
Se contrae al lavarse o bañarse en ríos, lagos o canales
infectados. Un gusano denominado esquistosoma penetra por la piel,
llega a la sangre y se instala en los vasos sanguíneos de los
intestinos o la vejiga causando, por ejemplo, un tipo de cáncer de
vejiga que es la principal causa de muerte para los hombres menores
de 44 años en Egipto. La
incidencia de la dracunculosis ha decrecido un 97 por ciento desde
1986 gracias a la adopción de medidas preventivas como el filtrado
de agua, la desinfección de estanques, la instalación de bombas y
la protección de fuentes. La dracunculosis la causa un parásito
conocido como gusano de Guinea. La hembra adulta puede medir hasta
un metro de largo y dos milímetros de ancho. El parásito recorre
el cuerpo causando enormes dolores, sobre todo en las
articulaciones. Finalmente, emerge por la piel, normalmente por los
pies, causando edemas, ampollas y úlceras que suelen ir acompañadas
de fiebre, náuseas y vómitos. Los afectados pueden infectar los
estanques de los que se abastecen las aldeas sumergiendo la parte
afectada en el agua. La
erradicación global de esta enfermedad parece próxima, con lo que,
con la poliomelitis, se convertirá en una de las escasas
enfermedades que pueden darse por eliminadas del Planeta, categoría
en la que entra ya la viruela. Para ello se requiere que no se
notifiquen casos en ninguna parte del mundo durante al menos tres años.
La OMS certificó, el pasado mes de enero, su erradicación en
Pakistán, Irán y otros 19 países, entre los que figuran Brasil y
Papúa Nueva Guinea. Aunque continúa presente en 18 países, 16 de
ellos subsaharianos, su retroceso es evidente: en 1986 se
contabilizaron tres millones y medio de casos frente a los 120.000
detectados en 1995. La mitad de todos ellos se produce ahora en un sólo
país, Sudán, cuya situación de conflicto dificulta la erradicación
de una enfermedad para la que se precisaría una inversión de unos
tres millones de dólares (13 y 16). La dracunculosis sigue siendo
una dolencia endémica en el 44 por ciento de las aldeas del país. Unos
200 millones de personas de Asia, Africa y Latinoamérica sufren
giardiasis, una infección intestinal que se transmite sobre todo
por el consumo de agua contaminada por heces. Causa diarrea, dolores
abdominales y pérdida de peso. Cada año se registran unos 500.000
nuevos casos, la mayoría en niños. En
la actualidad, el cólera, el tifus y la disentería son raros en
los países industrializados. No así en los países en vías de
desarrollo, donde cada año se registran unos 16 millones de casos
de cólera y 120.000 defunciones por esta enfermedad. Un 80 por
ciento de los casos y muertes por cólera se registran en Asia.
También tiene una alta incidencia en Africa y Latinoamérica. En
Estados Unidos, las enfermedades provocadas por microorganismos
transmitidos por el agua disminuyeron a una milésima parte durante
el último siglo. Aun así, la Agencia de Protección Ambiental de
EE UU calcula que las enfermedades infecciosas transmitidas por el
agua cuestan al país unos 9.700 millones de dólares al año. En
1993, la contaminación del suministro de agua de Milwaukee hizo
enfermar a más de 400.000 personas, de las que murieron 104. El
desastre costó a la ciudad unos 150 millones de dólares. En
1991 se consideró que el agua vertida por un carguero chino era la
culpable de haber introducido la estirpe asiática del cólera en
aguas de Perú. Se cree que, después del vertido, las bacterias se
propagaron rápidamente en el ecosistema marino, infectando al
plancton y llegando hasta la población humana a través del consumo
de agua, pescado y mariscos contaminados. Transcurridos dos años
del vertido, se habían registrado más de 500.000 casos de cólera
en toda América Latina, 200.000 de ellos en Perú. La
degradación del Mar de Aral ha provocado que cientos de miles de
personas padezcan anemia y otras enfermedades debido al consumo de
agua saturada de sales y contaminada de sustancias químicas
procedentes de los campos de algodón. De acuerdo a un estudio realizado por Medicus Mundi en Gugerat, un estado situado en el oeste de la India, el agua de los pozos analizados presentaba un alto grado de contaminación fecal, responsable de la alta prevalencia de parásitos en la zona. Se analizó a más de 200 personas y resultó que el 87,3 por ciento estaba infectado con parásitos intestinales. Un 85,3 portaba parásitos patógenos.
Enfermedades causadas por el agua
El mosquito del dengue está en Buenos Aires Los
mosquitos, no solo producen picaduras sino que también pueden
transmitir enfermedades, como el dengue. Evitar que proliferen de manera
desmedida depende de nosotros. En
la ciudad de Buenos Aires se han encontrado unas 30 especies de
mosquitos, 9 de ellas son transmisoras de enfermedades. Entre
las especies transmisoras se encuentra el Aedes aegypti, vector del
dengue y la fiebre amarilla. El número de mosquitos
Aedes hallados en la ciudad supera los valores considerados por
la Organización Mundial de la Salud (OMS) como umbral de transmisión.
Esto significa que, si se dan ciertas condiciones de temperatura y
humedad junto con el hecho de que haya en Buenos Aires alguna persona
infectada con el virus del dengue, la ciudad podría llegar a padecer
una epidemia. El
dengue se transmite del mosquito al hombre y del hombre al mosquito.
Desde el momento en que una persona se infectan pasan dos días hasta
que es capaz de pasarle el virus a un mosquito. Y transcurren dos días
más hasta que se sufren los síntomas. Por ello, cuando el sistema de
salud de la ciudad detecta la enfermedad, ya es tarde. Si se
produce una epidemia, es explosiva. Al
dengue se lo conoce como “enfermedad rompe huesos”, porque produce
dolores muy fuertes en los huesos y los músculos. El causante es un
virus, del cual se conocen cuatro tipos diferentes. Si
una persona que fue infectada se vuelve a infectar con el mismo tipo de
virus, no desarrolla la enfermedad porque su sistema inmunológico lo
protege. En cambio, si resulta infectado con otro tipo de
virus, no solo padece la enfermedad nuevamente, sino que puede
sufrir una forma grave, el dengue hemorrágico, que puede ser mortal. El
efecto del dengue en el organismo es el aumento de la permeabilidad de
los vasos capilares, y el desagregado de las plaquetas. Esto significa
que la coagulación de la sangre es más lenta. Son los mismos efectos
que produce la aspirina. Por eso se aconseja no tomar aspirinas para no
agravar el cuadro. Si
una persona sufre la enfermedad por segunda vez, estos efectos sobre los
capilares se multiplican, y se pueden producir hemorragias. El
Aedes es un mosquito exclusivamente domestico, no se lo encuentra en
ambientes silvestres, allí los predadores no permiten que prolifere. Las
larvas del mosquito Aedes aegypti no se encuentran en grandes
extensiones de agua, tampoco en zanjas, porque estas no tienen paredes
donde las hembras puedan colocar sus huevos. El lugar preferido para
desovar son las paredes de recipientes con agua estancada. Por eso es
posible hallar larvas en aquellas cosas que suelen dejarse olvidadas en
el patio de las casas, y que juntan agua: techos, cubiertas de desuso,
chatarra, entre otros elementos que pueden servir como recipiente de
agua. Pero también es posible detectarlas en el interior de un
departamento, en un florero con agua, sobre todo si esta en un lugar cálido,
cercano a una estufa, por ejemplo. Si
bien la OMS afirma que, para que haya larvas el agua tiene que ser
clara, los investigadores las han hallado en aguas turbias, sucias con
grasas o aceites. El
mosquito Aedes, que desde 1995 ha recalado en Buenos Aires, no es la
primera vez que nos visita. En realidad fue el causante de las grandes
epidemias de fiebre amarilla que se produjeron a fines del siglo pasado;
la más grave fue la de 1871, en que murieron alrededor de 14.000
personas. Claro, en aquella época ni se sospechaba que el causante era
un mosquito. Recién en 1900 el medico cubano Finlay descubrió el
verdadero culpable. Entonces
surgió una gran preocupación en toda América por la fiebre amarilla.
En la década de 40, la Organización Panamericana de la
Salud organizo un programa de erradicación. En la Argentina se
realizó una campaña entre 1954 y 1963, y en 1964 se certificó la
erradicación del mosquito. Pero luego el programa de control quedo sin
efecto, y en 1986 se volvió a encontrar al mosquito en la provincia de
Misiones. En 1991 apareció en Quilmes, y en el 95, en la ciudad de
Buenos Aires. En
Buenos Aires hubo algunos casos de dengue, pero fueron importados. Se
detecto en personas que vinieron de Venezuela y de Paraguay, pero no
generaron un brote aquí. El dengue esta amenazando a 2.500 millones de personas en el mundo, dado que el Aedes se encuentra en todo el planeta, excepto en las zonas muy frías o en la alta montaña. En América se extiende desde el sur de los Estados Unidos hasta la Argentina, a la altura de la ciudad de La Plata. Sin
embargo, en Buenos Aires, el dengue no es el único riesgo que traen
aparejados los mosquitos, ya que hay algunos que transmiten enfermedades
mas graves como la encefalitis. El
Aedes aegypti es el mosquito mas estudiado en el mundo, también se sabe
qué hacer para evitar que sigua proliferando. Para los investigadores
una de las claves radica en la decisión política de llevar a cabo el
control. Pero también es fundamental la educación. La
fumigación ha demostrado no ser el mejor método para prevenirlo. La
OMS afirma que no sirve para nada. La solución esta en no abandonar
recipientes con agua que puedan convertirse en criaderos de larvas.
Evitar que el mosquito del dengue se expanda es una decisión que
depende de nosotros.
Fuente: Schweigmann, N. et al
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