La Vida Light


La vida cotidiana se tiñe de cultura Light. Hasta la ciudad se configura de manera distinta. Primero el supermercado sustituyó el almacén barrial, o al negocio de ramos generales y hoy el hipermercado sustituye a aquel. Estos enormes salones con una gran altura, donde el hombre queda totalmente disminuido, rodeado de góndolas cargadas de mercadería de marcas diversas, con ofertas aquí y allá, muestran una tremenda realidad: el ser humano aplastado,  empequeñecido por la sociedad de consumo.

Si se observa el comportamiento de las personas en un hipermercado se podrá ver que algunas cargan los carros casi sin control, introducen mercadería muchas veces innecesaria por que la estrategia del marketing los convenció.

Otros, los no  pudientes, compran las ofertas, a veces con una calculadora y muchas veces sienten sus vidas miserables por no poder acceder a aquellos productos admirables. Los menos realizan algún control tratando de evitar lo más posible las compras innecesarias; pero todos en alguna medida sufren la Influencia Light.

Moviéndose rápidamente como si todo fuera urgente y como si no pudieran distinguir lo importante de lo pasajero, se llega al “Shopping”, otro gran invento postmoderno. Éste es una ciudad en miniatura donde todo está al alcance de la mano. Nació en Estados Unidos y la globalización lo trasladó al mundo. Se lo puede definir como un palacio amurallado, enclavado en la buena o miserable ciudad tratando de esconder la verdadera realidad. Una vez adentro, todo resplandece. Abundan las marcas más importantes del mundo. No se sabe si se está en Mar del Plata, Buenos Aires o en Los Ángeles. Allí se exponen todos los objetos soñados. Nos movemos con rapidez por que han sido diseñados para eso.

“A poco de andar se encuentran locales con ruidos de discoteca y luces de bar portuario. El ruido de la música se mezcla con otros sonidos, silbidos, golpes metálicos y las personas quedan totalmente absorbidas por la pantalla” (Sarlo B., 1999). El video game atrapa a adolescentes y no tan adolescentes, creando un hombre solitario que se comunica con gestos y algunos monosílabos. La intención es vencer a la máquina, es jugar con otra esencia. Esto quiere decir “no vencer a alguien teóricamente igual, sino a algo realmente diferente, ganarle a la máquina”. Así una salida de amigos se torna superficial ya no importa los grandes temas, no hay momentos para contar, para abrir el alma y compartir. Todo es banal. Cuando realmente hay un problema, no se sabe expresar por que eso no se aprende apretando un botón. El encuentro real con el otro no se da por mas que hayan pasado muchas horas juntos.

Si se observa la construcción, enseguida aparece otra tendencia posmodernista. Predomina lo ornamental y lo escenográfico. Por doquier observamos columnas de plástico que nada sostienen, arcos que nada dividen, signos icónicos para dar indicaciones que han sustituido a la palabra escrita.

Así, aparecen junto a los lugares antropológicos característicos de otras épocas, los no lugares, espacios anónimos como vías rápidas, estaciones, aeropuertos e inclusive los medios de transporte, automóviles, trenes, aviones. El no-lugar es lo contrario de un domicilio, de una residencia, de un lugar en el sentido corriente del término. El usuario del no-lugar mantiene con este una relación contractual simbolizada por el billete de tren o de avión, la tarjeta para el peaje, etc. Son espacios donde no hay identidad, relación e historiedad.

Mare Augé dice que la sobre modernidad es productora de no-lugares, es decir de espacios que no son en sí lugares antropológicos y que no integran los lugares antiguos. Esto lleva a la individualidad solitaria, a lo efímero, al pasaje, a la mediación no humana. Basta un cartel o una pantalla entre el individuo y los poderes públicos. (Mare Augé, 1992).

“Se vive en una cultura de la imagen que intenta persuadirnos de que los signos son las cosas. Las mujeres no compran cremas suavizantes, astringentes, rejuvenecedoras, sino imágenes de la juventud” (Guiraud Pierre, 1983).

El comercio vende símbolos y esos símbolos funcionan a niveles subconscientes e inconscientes totalmente irracionales. La imagen es tan importante, la marca tan necesaria, que la publicidad ha abandonado los dobladillos y se exhibe como “Adidas”, BZ, Benetton, Cuerpo y Alma, o cualquier otra en zapatillas o en letras de gran tamaño, en buzos y remeras. La imagen publicitaria es tomada como arte, como símbolo de poder, de buen consumo, que hace sentir orgullo al que la usa y miserable al que no puede acceder a ella, conformando un individuo materialista que después de trabajar todo el día, regresa agotado a su hogar donde lo espera el zapping.

Este tipo de imagen superflua, sin intensidad, que no produce asombro ni intriga que en definitiva no permite conocer nada en profundidad, muestra la rapidez con que el hombre vive. No es importante detenerse en nada. Se acciona constantemente el control remoto y se miran, sin ver varios programas a la vez, intentando recibir en un corto plazo información de todo y de nada. Es que la época postmoderna marca la cultura del desencanto y éste es quizás el principal matiz Light que podemos mencionar. Ha llegado el fin de las utopías, el fin de la ilusión, el fin de los sueños. La idea de progreso, emancipación y bienestar dieron paso a otras como el relax, el reciclaje, el momento, el hoy. Importa por sobre todo el presente, el futuro no se vislumbra y el pasado casi no se recuerda. ¡Vivamos el hoy! ¡Vivamos el ahora!.

En este contexto es fácil llamar a cualquier relación superficial “Amor”. En los medios de comunicación hay sexo en todas partes.

En la Relación Sexual Light, hay un consumo de sexo y una unión sin vínculos. En lugar de unir, aleja a uno del otro.

Las investigaciones demuestran una iniciación muy temprana en los adolescentes que lleva consigo embarazos, abortos y también el SIDA.

Lo terrible de esto es la búsqueda de placer por el placer mismo, que termina produciendo un gran dolor. No hay encuentro real con el otro. Es solo pasión que se desvanece.

En la literatura también se expresa esta cultura.

Se leyeron cuentos y novelas que las describen. A modo de ejemplo comentamos aquí “Violenta Tempestad de Amor” escrita en 1980 por Patricia Matthwes. Otros se explican en el stand. Esta es una obra interesante, lanzada por el círculo de lectores. Muestra la vida, muy entretenida, de una muchacha. Su historia comienza al morir su padre dueño de una mansión, que queda para remate a partir de su fallecimiento. La muchacha solo tiene derecho a conservar una vieja embarcación y una sirvienta que la crió desde niña. Ambas conocen personas que las ayudan a reparar la barca y conocen hombres de los que se enamoran.

La protagonista tiene aventuras con varios conocidos, teme estar embarazada y para olvidar al hombre que la dejó por que no estaba de acuerdo con el matrimonio decide saciar sus ansias en brazos de un compañero de trabajo.

Mientras tanto la criada sufre violaciones por parte de un hombre blanco adinerado, que deseaba a la protagonista como esposa y como no lo amaba, rapta a la criada.

Al final se realiza una competencia de barcos para que el hombre blanco deje tranquilas a las mujeres.

Las características Light se observan fácilmente: el sexo como placer, el cambio de pareja rápida, el dinero como medio para comprar casi todo, excepto lo espiritual.

Matthews, en 1980, observa que el amor, la apariencia y el perdón están siempre, lo que no se sabe es utilizarlos. Esta es una característica postmoderna. Cada uno usa estos valores de acuerdo a su conveniencia.

Para saber mirar la vida no hace falta una lupa, hace falta razón y emoción.

 


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