¿Qué es la postmodernidad?


La investigación se centra en el período cultural que se denomina postmodernidad, nombre un tanto vago como el de la mayoría de las periodizaciones históricas. Es necesario poder definirlo y de esa manera ubicar el trabajo dentro de un espacio cultural que lo contenga. Al decir de Obiols, “la postmodernidad como edad de la cultura, debe comprenderse por referencia a lo que se denomina modernidad, ya sea que se la considere como su contrapartida, como su continuidad o su superación” (Obiols 1998).

Es por eso, que se considera pertinente caracterizar la modernidad para compararla luego con aquel período.

La modernidad se gestó en las sociedades comerciales de la baja edad media entorno a la burguesía como clase social que fue fortaleciendo su poder a lo largo del tiempo. El afán de conocer el mundo, de comprobar científicamente, de acercarse a la realidad: fueron características del hombre que contribuyeron al desarrollo del capitalismo como sistema de relaciones económicas.

Los grandes cambios que se produjeron en esta etapa, como el desarrollo del humanismo, de la reforma protestante, del renacimiento hacen que la concepción de la vida deje de ser teocéntrica y se transforme en antropocéntrica. La auténtica vida comienza a ser la terrenal y el cuerpo ocupa un lugar importante al lado del alma. Esta desacralización, este camino hacia lo profano seguirá un sendero profundo que continuará hasta nuestros días.

En los siglos XVII y XVIII, los filósofos empiristas e iluministas contribuyeron a formar el proyecto de la modernidad.

La moral y el derecho dejan de fundamentarse en la religión, y la razón humana pasa a ser el tamiz por el cuál todo se analiza. El soporte que antes el hombre había encontrado en la divinidad, lo traslada a la racionalidad y proyecta construir con sus fuerzas una sociedad perfecta donde los valores humanos, los derechos, la igualdad y la justicia perduren y sean los ejes organizadores de la nueva realidad. Se buscan normas que valgan para todos los pueblos en general, es decir que sean universales, no ya como anteriormente; donde cada pueblo tenía sus propias normas morales, emanadas o muy influenciadas por las ideas religiosas.

Kant construyó una ética universal muy importante, basada en la razón. Para él lo bueno solamente es aquello que se hace por deber. Con él cae el deber religioso y comienza el deber laico. Lo importante es que la voluntad sea buena aunque la acción desemboque en hechos no tan buenos. La buena voluntad sólo es buena cuando obra por deber. Por lo tanto sólo es moralmente bueno ayudar a una persona cuando lo hacemos por deber. Las acciones contrarias al deber son moralmente malas y las que se efectúan de acuerdo con el deber pero por inclinación o amistad son moralmente neutras. Lo moralmente malo consiste en que el sujeto se permita acciones que no les permite a los demás. Con lo moralmente bueno se pueden hacer máximas universales. Así como la filosofía cristiana tomó a la fe para analizar la razón, la kantiana considera que ante la necesidad de obrar, el sujeto racional debe preguntarse si la máxima con la que se esta guiando es universable o no. De esta manera podrá crear una ética, que si bien deja espacio de acción para cada uno, obliga a buscar máximas universables que la definan.

El siglo XIX es la época de la consolidación del desarrollo industrial. En él, el  proletariado libró importantes luchas sociales, muchas veces transformadas en luchas políticas. La burguesía comenzó a ascender y de acuerdo a su propia conveniencia tejió alianzas con la nobleza o con el proletariado.

En cuanto a la política, durante la primera mitad del siglo se da una lucha encarnizada entre absolutistas y liberales.

En este marco, en Alemania, surge el nacionalismo que enfatiza los aspectos, geográficos, étnicos, religiosos, lingüísticos, el espíritu de cada pueblo y sus tradiciones.

Así Herder explicará que no hay progreso en la historia y dará paso al romanticismo alemán que se contrapone con el Iluminismo del siglo XVIII y se identifica con la emoción, la fuerza, la sensibilidad y lo instintivo.

La crítica a la modernidad la va a continuar Nietzsche que se enfrentó con la moral tradicional, para considerarla antinatural: una moral de esclavos. Que exalta el dolor, la pequeñez, la humildad, la bondad, la objetividad, el amor al prójimo y que niegue lo que sería una moral de “señores”, que apreciaría la vida, el poder, la grandeza, el placer, la virilidad.

Critica enérgicamente a la religión, ya que para él, el cristianismo significa la pérdida del sentido de la tierra, la perdida de los instintos y la introducción de los valores mezquinos, propios del rebaño.

Considera que para que el hombre viva, Dios debe morir y para que la vida florezca en la tierra, no debe haber mas allá. La cultura moderna, secularizada, ha matado a Dios, entonces el hombre llegó al nihilismo que significa: falta de metas, de respuestas a los porqué, que se habían respondido desde Dios. Esta experiencia nihilista se acentuará después de las dos guerras mundiales.

Por otra parte, Augusto Comte fundó el positivismo en el siglo XIX. Positivismo es: lo real, lo útil, lo preciso, lo constructivo, lo organizador, lo relativo, conocimiento de fenómenos y no de esencias. Comte formula su filosofía de la historia basada en tres estados:

El Teológico: Donde todo se explica desde lo sobrenatural.

El Metafísico: Donde la causa de los fenómenos pasan a ser ideas abstractas o principios racionales.

El Positivo o Espiritual: Que antes ejercieron teólogos e industriales.

Para Hegel lo que sucede en la historia obedece a un espíritu orientador que la guía. La historia es la lucha del hombre por la libertad. Cada pueblo encarna un momento en el desarrollo del espíritu, y ningún individuo puede saltar por encima de él.

Marx construye su filosofía diciendo que el modo de producción capitalista lleva a que haya un grupo pequeño de burgueses ricos, y muchos obreros pobres. El modo de producir capitalista hará que haya crisis de superproducción con inevitables reseciones. Esto generará, con el tiempo, lucha de clases y la destrucción de la burguesía. El proletariado establecerá el modo de producir socialista en el que se establecerá la propiedad colectiva.

Para estos tres últimos filósofos la humanidad cumple determinados períodos: el desarrollo del espíritu para Hegel, la lucha de clases para Marx, y el desarrollo de la ignorancia al conocimiento para Comte. Los tres consideran que la humanidad progresará, los tres piensan en la humanidad en su conjunto y aunque les interesa el individuo, hacen un proyecto colectivo. Los tres tendrán mucha influencia siglo XX.

Todos los filósofos mencionados e incluso otros, modelaron el mundo en que vivimos y por lo tanto gestaron el pensamiento de la postmodernidad.

Se ubica la postmodernidad dentro de la sociedad postindustrial, desarrollada en países con capitalismo avanzado, donde encontramos gran automatización y cibernética.

En estas sociedades predomina la producción de pequeñas series de artículos que son fabricados para que duren muy poco, ya que rápidamente serán reemplazados por modelos más avanzados.

Esta industria necesita poco personal pero muy capacitado, por lo que las actividades terciarias aglutinan a la mayor parte de la población.

En agronomía también se han hecho innovaciones, ya que si bien continúa la tecnificación se intenta una producción más natural, libre de agentes contaminantes.

En la comercialización se ha desarrollado mucho el marketing, que diseña políticas de ventas muy cuidadas.

En estas sociedades se ha desarrollado la cultura postmoderna o Cultura Light, pero gracias a los medios de comunicación se extendió por todo el mundo. En esta época de capitalismo multinacional también la cultura se ha hecho internacional.


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