La causa básica de la
sequía es la cantidad insuficiente de lluvias
caídas en un período de tiempo
prolongado. La escasez de lluvia puede ser ocasionada por los patrones globales
de circulación del aire o por la intervención del hombre. Las represas y los
sistemas de irrigación son capaces de alterar el flujo natural de ríos y lagos,
provocando que el vapor de agua que se eleva al aire sea insuficiente para
formar nubes de lluvia. Otros factores que contribuyen a la sequía son las
temperaturas altas, la baja humedad y los vientos fuertes.
Durante una
sequía muere la vegetación y se malogran las cosechas
afectando, en cada caso, a
las poblaciones animal y humana. Aún cuando la lluvia finalmente llega el suelo
puede haber quedado dañado por el exceso de sales minerales o por la falta de nutrientes y, por consiguiente, hace que se arruinen las cosechas. La erosión
del suelo también genera problemas a largo plazo y es importante que las áreas
propensas a la sequía tengan buenos sistemas de irrigación.