REVOLUCIÓN MEXICANA | Institucionalización de la Revolución

   En octubre de 1914, se reunió la “Convención Revolucionaria Mexicana”, encargada de definir el nuevo gobierno, a la que concurrieron representantes zapatistas y villistas. La Convención aprobó los artículos 4, 6, 7, 8, 9 y 12 del Plan de Ayala, lo que significó el reconocimiento oficial de la revolución campesina, y decidió que Carranza cesará en sus funciones. Pero Carranza se negó a acatar esas decisiones, lo que generó que Zapata y Villa unieran sus tropas para derrotarlo. En diciembre las tropas de los dos jefes revolucionarios entraron en Ciudad de México, pero se vieron obligadas a retroceder y a abandonar la ciudad definitivamente en agosto de 1915, cuando los carrancistas volvieron a instalarse.
   Mientras tanto, Carranza, reconociendo que la única manera de terminar con la oposición villista y zapatista y establecer un nuevo régimen era solucionar el problema agrario, se abocó a la creación de legislación que pusiera en marcha la división de los latifundios y la redistribución de las tierras a manos de los campesinos. En 1915, Carranza sancionó una ley que serviría de base para la sanción de la Constitución de 1917, en cuyo artículo 27 se estipularon los cimientos de la Reforma Agraria.
   Sin embargo, a pesar de la sanción de la Constitución y después de que Carranza fuera elegido presidente en elecciones generales, el nuevo gobierno constitucional no fue reconocido por los zapatistas. Contrariamente, Zapata se negó a entregar las armas  y profundizó las acciones militares y propagandísticas contra el presidente. Esto produjo que Carranza apoyara el asesinato del líder morelense en abril de 1919. Luego de la derrota definitiva de los zapatistas y de que Pancho Villa depusiera las armas, es decir, de que las facciones más radicales de la revolución perdieron fuerza para seguir peleando, los sectores más moderados detentaron el poder sin oposiciones importantes.
    Álvaro Obregón, luego del asesinato de Carranza, fue elegido presidente. Obregón, ante la falta de genio militar de Carranza, constituyó su brazo armado y participó con sus tropas de la recuperación del Distrito Federal. Ambos pertenecían a la clase media y sus apoyos provenían de los profesionales urbanos, así como de terratenientes y aristócratas  y obreros y campesinos. Además entre sus tropas contaban con aventureros y forajidos, y  en las filas de Obregón había indios yaquis.
   Durante el gobierno de Obregón se consolidó el Estado posrevolucionario. El conflicto social derivado de la etapa bélica de la Revolución, sin embargo, no se demostró como había sucedido anteriormente a través de la lucha armada. Los distintos grupos sociales que habían apoyado el derrocamiento de Porfirio Díaz a principios de la década de 1910 ahora pugnaban por hacer prevalecer sus intereses e ideologías, aunque en este momento el conflicto se hallaba institucionalizado y no se sucedieron batallas ni acciones violentas. Obregón fue la figura central de este proceso de estabilización del sistema político en el México posrevolucionario, ya que fue decisivo en la formación de una coalición que congregó a diversos grupos que se hubieran esperado disidentes.
   Al finalizar su mandato, por primera vez en tres décadas la transmisión del poder se realizó de manera pacífica. El sucesor de Obregón en 1924 fue Plutarco Elías Calles y durante su gobierno se terminó de consolidar el nuevo régimen político.
   El proceso de institucionalización de la revolución conllevó, contrariando las ideas de Zapata, la utilización del sistema de propiedad de las tierras, por parte de la nueva clase de poder, como un instrumento para afirmar la propiedad privada agraria en México, dentro del marco del sistema capitalista.

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