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Descubrimiento del Río de la Plata Juan Díaz de Solís (explorador) muere junto con sus compañeros a manos de los Charrúas de la costa uruguaya. También otras de las naves naufraga en las Islas de Yurú Mirín quedando abandonados dieciocho marineros, que convivieron durante varios años con los tupíes. A la cabeza va Alejo García y cuatro de los náufragos. Ya aprendido el idioma, suficiente y elocuentemente para convencer a varias tribus de la necesidad de hacer ese viaje. Ellos lo ven como un extraño Karaí blanco y barbado que los impulsó, a buscar la Tierra Sin Mal, hacia los contrafuertes andinos donde otros de sus hermanos los Chiriguanos, están hace años instalados con gran disgusto del Imperio del Sol. Este viaje del cual solo volvieron los tupíes, sería el primer eslabón en las largas cadenas de historias míticas sobre el reino maravilloso que iría cambiando de nombre y envolviendo con su influjo durante siglos a los conquistadores del Río de la Plata. Asunción del Paraguay, el Paraíso de Mahoma Diez años después llegaban al lugar las naves enviadas por Pedro de Mendoza en busca de la paradisíaca tierra de los carios. El encuentro no fue amistoso, pero al oír el ruido de la pólvora los carios prefirieron ser aliados y no enemigos de esos hombres tan poderosos y en prenda de paz le dieron bienes en abundancias y hermosas mujeres que fueron muy bien recibidas por los soldado. Entre los susodichos carios y guaraníes hallaron trigo turco, mandioca, batatas, maní, mboyacá y otros alimentos más; también pescados y carnes: venados, puercos del monte, avestruces, ovejas indias, conejos, gallinas y gansos y otras salvajinas. También hay en abundancias miel y algodón. Se habló también de la cooperación indígena para la expedición y conquista. Ayolas dejando un grupo de sus compañeros al mando de Iralá, se internó en el Chaco, rumbo a la Sierra de la Plata. Nunca más se supo de ellos. La ex armada de don Pedro de Mendoza, se iba reduciendo cada día. En la bahía habitada por los carios, dominio de los caciques Caracará y Cupiratí, Juan de Salazar y Espinosa comenzó a edificar muy precariamente, el 15 de agosto de 1537 la Casa Fuerte de Asunción, que Ayolas había prometido a los caciques. La alianza fue sellada con las uniones entre los principales españoles y las hijas de los caciques. Estos fueron bautizados con el nombre de sus suegros. Luego de una apelación por las tantas muertes, se dedicaron a procrear mestizos. Eran, tanto como para cambiar la raza que ya no sería española ni guaraní sino mestizo-americana. Asunción se había convertido en una aldea destacable. Salazar hizo construir la primera iglesia en honor de la Encarnación. Las servidoras indias trabajaban en las chacras, tejían el algodón, hacían telas más delgadas que las traídas desde España. En 1539, estuvo a punto de perderse la ciudad, debido a las hambrunas y sublevación por las cosechas. El 16 de septiembre de 1541, a solo diez días de la llegada de los porteños, Asunción se eleva a la categoría de ciudad formando su primer cabildo. Los mancebos y mancebas (mestizos) superarían ampliamente a los españoles y criollos. Las pocas mujeres españolas que habían sobrevivido a los trabajos y hambrunas de Buenos Aires tratarían de conservar en lo posible las costumbres y tradiciones de sus tierras en esta dura sociedad de frontera, valorando más que el oro, los objetos de lujo que habían podido traer de Buenos Aires y rescatar del incendio de Asunción. El “Paraíso de Mahoma” ya había dejado de ser tal cuando en el año 1556 se dio el paso que trocaría la convivencia pacífica entre tovoyás o parientes, por el lazo en comendero-vasallo rechazado por los guaraníes. Iralá, había intentado evitar el empadronamiento y la encomienda. Luego de recibir en forma oficial el cargo de gobernador del Río de la Plata, junto con la prohibición de proseguir las expediciones de descubrimiento y conquista se vio forzado a ceder a las peticiones de los frustrados descubridores convertidos en vecinos y empadronar en área de 50 leguas a la redonda de Asunción, repartiendo en 20.000 indios entre 310 encomenderos. La muerte de Irala empeoró las cosas, las revueltas sucedían por todas partes. A fines de 1570 las parcialidades de paranaes, tobatines, y otras cercanas a Asunción se habían sublevado volviéndose muy crítica la situación de los dominantes. Ante los guaraníes los nuevos jefes pretendían recibir todo sin dar nada a cambio. Por otra parte empezaban a percibirse los daños que el ganado ocasionaba en los sembrados de los indígenas y el comienzo de una brusca caída demográfica que iría en ascenso, debido al mestizaje, las enfermedades, el hambre y el trabajo excesivo. Esto ponía en aprieto a las conquistas de los españoles. En 1850 sólo dominaban Asunción y sus contornos. Fue entonces cuando los franciscanos comenzaron a experimentar nuevos métodos: el sistema de reducciones. |
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