El arte en las misiones
En honor a
Tupá, nombre que los guaraníes daban al Dios cristiano, se desarrolló un arte
único.
Los jesuitas
supieron aprovechar la habilidad artística de los indígenas. En las Misiones
surgieron carpinteros, ebanistas, herreros, pintores, escultores y plateros que
construyeron grandes templos y tallaron ángeles y flores en sus frentes,
paredes, pilas bautismales y púlpitos. Muros y altares lucían cruces, pinturas e
imágenes de santos talladas en madera.
La
predisposición guaraní para la música y el baile fue encaminada hacia la
formación de coros y conjuntos musicales. El de Yapeyú tenía tanto renombre, que
lo invitaban a fiestas religiosas de ciudades como Buenos Aires y Asunción. Los
músicos aborígenes tocaban arpas, violines, raveles, clarines, clavicordios y
hasta un órgano, todos hechos con madera del lugar. Cada pueblo tenía su
biblioteca. La más grande estaba en Candelaria -donde vivían los superiores
locales de la orden de los jesuitas- y acumulaban 4725 volúmenes, En la misión
de Loreto decidieron imprimir sus propios libros y así nació la primera imprenta
de la Argentina, que editó diccionarios y textos religiosos y de medicina, en
latín y en guaraní.
El espíritu guerrero también fue encauzado: para enfrentar a los ataques de los
bandeirantes paulistas que buscaban esclavos, los jesuitas crearon compañías de
infantería y caballería guaraní, con los tuvichás como oficiales. Usaban
arcabuces y flechas, y recibían entrenamiento diario. Las autoridades
coloniales pidieron su auxilio varias veces y, aun después de la expulsión de
los jesuitas en 1768, estas milicias contuvieron los avances portugueses,
cuidaron las costas contra los corsarios, enfrentaron a indios rebeldes y
participaron en las guerras de la Independencia. En 1815, el célebre Andresito Guacurarí
fue nombrado Comandante de Misiones
por José Artigas, y con un ejército de tapes (guaraníes) derrotó a los
portugueses que invadían la Banda Oriental.