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El
viento produce energía porque está siempre en
movimiento. Se estima que la energía contenida
en los vientos es aproximadamente el 2% del
total de la energía solar que alcanza la
tierra. El contenido energético del viento
depende de su velocidad.
Cerca
del suelo, la velocidad es baja, aumentando rápidamente
con la altura. Cuanto más accidentada sea la
superficie del terreno, más frenará ésta al
viento. Es por ello que sopla con menos
velocidad en las depresiones terrestres y más
sobre las colinas. No obstante, el viento sopla
con más fuerza sobre el mar que en la tierra.
El
instrumento que mide la velocidad del viento, es
el anemómetro, que generalmente esta
formado por un molinete de tres brazos, separado
por ángulos de 120º que se mueve alrededor de
un eje vertical. Los brazos giran con el viento
y accionan un contador que indica en base al número
de revoluciones, la velocidad del viento
incidente.
La
velocidad del viento se mide preferentemente en
náutica en nudos y mediante la escala Beaufort:
Esta es una escala numérica utilizada en
meteorología que describe la velocidad del
viento, asignándole números que van del 0
(calma) al 12 (huracán). Fue ideada por el
Almirante Beaufort en el siglo XIX.
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