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Calidad
de atención, infraestructura y servicios del turismo accesible La
Organización de las Naciones Unidas, ha reconocido expresamente las
personas con discapacidad tienen esencialmente el derecho a que se respete su
dignidad humana, contando con los mismos derechos que sus conciudadanos de la
misma edad. Esto incluye el derecho a acceder al turismo, al deporte y al goce
de las áreas naturales. Este
derecho de acceso a los servicios turísticos, requiere un proceso de
planificación que debe considerar, mínimamente, lo siguiente:
Del
análisis de los puntos anteriores, surgen tres ejes principales a tener en
cuenta en la elaboración de una oferta de turismo accesible:
Calidad
en la atención y trato al turista En
un segmento anterior de este trabajo, se abordaron con profundidad distintas
pautas y sugerencias con relación al trato social –en general- a personas con
capacidades restringidas. No obstante, y ya en su rol de turistas, deben tenerse
en cuenta algunos principios adicionales, que –indefectiblemente- se basan en
la necesidad de eliminación de las barreras sociales y comunicacionales: §
Muchas personas, en
especial turistas de edad avanzada, no se consideran discapacitados, aún en el
caso de que hayan sufrido alguna pérdida de movilidad o tengan deficiencias
visuales o auditivas. §
Los “rótulos” y un
lenguaje inapropiado pueden resultar ofensivos: hay que dejarse guiar por el
turista y utilizar las palabras que él usa. En particular, debe evitarse
etiquetar determinados servicios como "adecuado” o “inadecuado”
para discapacitados: es vital descubrir qué es lo adecuado para cada persona en
particular. Deben evitarse las generalizaciones: lo que es apto para un turista
con capacidades restringidas puede no ser apto para otra persona con la misma u
otra discapacidad. §
No es posible –ni
aconsejable- determinar las necesidades de accesibilidad de un turista sólo en
base a su aspecto visible, por eso, no hay que apresurarse a sacar conclusiones:
Muchas personas en sillas de ruedas pueden ponerse de pie, dar unos pasos y
subir escalones; algunos tienen mucha fuerza en sus brazos; otros son incapaces
de ponerse de pie, vestirse, comer o ir al baño sin ayuda; muchas personas con
capacidades restringidas son independientes y pueden viajar solas; otras
necesitan un acompañante; algunas personas con dificultades no visibles
externamente (por ejemplo: epilepsia) necesitan viajar acompañadas. §
En general, los turistas
con capacidades reducidas desean recibir el mismo trato que cualquier otro
viajero. Una vez que se conocen sus dificultades específicas, se lo puede
asistir discretamente -para no hacerlo sentir un “caso especial”-. §
En general, es preferible
conocer con anterioridad a su estadía, las dificultades de los pasajeros y si
les hará falta asistencia o no. Pero si los turistas -aún los discapacitados
motrices- prefieren viajar sin previo aviso y sortear las barreras de acceso a
medida que se vayan presentando, sus deseos deben ser respetados. Los
operadores turísticos deben conocer perfectamente las dificultades que pueden
existir en las excursiones, visitas guiadas, alojamiento y aún en el
tiempo libre de sus turistas, e informárselas
con honradez y veracidad a los mismos. La consigna de todo prestador de servicios turísticos debería ser “respetar al cliente y tratar de brindarle los servicios que solicite, de la mejor manera posible”. Para ello, se le debe preguntar sus necesidades explícitamente, sin pretender conocerlas de antemano y luego tratar de cumplimentarlas, del mejor modo posible.
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