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Eliminación
de barreras sociales
Trato
adecuado a personas discapacitadas o con capacidades restringidas (Parte I)
Las
personas con capacidades restringidas necesitan –especialmente- mayor
seguridad en el desplazamiento y/o facilidades para su comunicación; ya sea
durante su tiempo productivo u ocioso. La Comisión Nacional Asesora para la
Integración de Personas con Discapacidad (CONADIS) ha planteado que:
“Una persona con discapacidad podrá integrarse más o menos adecuadamente,
de acuerdo al ambiente en el que le toque vivir: Empezando por la familia y
continuando con el medio educativo, recreativo, laboral, cultural, etc.: Dentro
de un enfoque físico e histórico concreto”. Por
lo expuesto, es imprescindible combatir la ignorancia, el desconocimiento, el
mito, el prejuicio, en fin, todas aquellas concepciones sociales inadecuadas en
torno a las personas en esta situación. En este sentido se han planteado
algunas propuestas a fin de contribuir a la concientización y motivación de la
comunidad respecto de la integración social de las personas con discapacidad. La
integración es un proceso mutuo en el que intervenimos todos y se basa en el
respaldo de uno hacia el otro, por ello no resulta un tema menor conocer las
formas más adecuadas para interactuar con personas con movilidad y/o comunicación
reducidas. Además de recomendaciones generales, como puede ser el respeto a las
características de cada uno, la apertura al trato y la naturalidad en la relación,
existen otras sugerencias específicas, todo lo cual se resume a continuación: Recomendaciones
generales § Cuando
entablemos una conversación con una persona con discapacidad, hablémosle
directamente a ella y no a las personas que la acompañan. § Si deseamos
ayudar a una persona con discapacidad esperemos a que ésta nos pida ayuda de
alguna forma: el ofrecimiento sin saber si lo necesita es marcar diferencia (la
ayuda impuesta puede herir a algunas personas: hay que preguntarles con
naturalidad si desean ayuda y esperar su respuesta.) § Seamos
pacientes con el tiempo que le lleve a una persona con discapacidad hablar o
actuar. Dejemos que ella maneje ese tiempo y le facilitaremos la
comunicación. § No hagamos
por las personas con discapacidad, ancianos o niños, lo que ellos pueden hacer
por sí mismos, con el pretexto de que nosotros lo hacemos mejor o más rápido.
§ Cuando
indiquemos un lugar o una dirección a una persona con discapacidad, advirtámosle
sobre los obstáculos y distancias que puede encontrar. § Estar
discapacitado no es estar enfermo: evitemos tratarlos como tales. § Cuando
ayudemos a una persona con discapacidad limitémonos a cumplir lo que ella nos
pida. § Cuando
planeemos encontrarnos con una persona con discapacidad, verifiquemos
previamente que el lugar sea accesible para ella. § No
estacionemos en los lugares reservados para automóviles para personas con
discapacidad ni ante los rebajes de cordones. § No
subestimemos a las personas con discapacidad o capacidad restringida: la mayoría
de ellos pueden hacer muchas cosas y prefieren hacerlas por sí mismos. § Ayudemos
discretamente, sin llamar la atención de las personas del entorno; con
naturalidad, sin precipitaciones ni revuelo. No hay que presumir de esta ayuda
ni adoptar aires de “protector”. Al discapacitado –en general- le incomoda
bastante llamar la atención. En ningún caso pronunciemos frases compasivas sobre su situación. Cuando venga a cuento, hablemos con él del tema con naturalidad.
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