Aborígenes

    - Chiriguanos

Leyendas

    - El Familiar

    - El Ucumar


ABORÍGENES

Chiriguanos

Se llaman a sí mismo avá o kambá dado que la primera es una denominación despectiva que le pusieron los quechuas y que, como en todos los demás casos, fue adoptada por los españoles y de allí hasta nuestros días. 

Esta cultura se basó principalmente en la agricultura, y cultivaron el maíz, porotos, calabazas, mandioca dulce, sorgo, melones y algunas frutas. Para almacenar las cosechas, construían graneros sobre pilotes. 

Tenían jefes con poder casi absoluto y se diferenciaban: los que gobernaban una aldea de los que lo hacían con un grupo de aldeas; la jefatura era hereditaria. Además de gobernantes, los caciques eran jueces, jefes de guerra y únicos poseedores de la tierra.

La historia de los Chiriguanos, ubicados en el chaco occidental, en las provincias de Salta y Jujuy, se remite desde fines del XIX y principios del XX a una resistencia cultural que hace cada día más difícil. 
Integrados a las nacientes economías regionales como los ingenios o defendidos en sus aldeas con sus patrones tradicionales de vida, los Chiriguanos son en este período fuertemente influenciados por los misioneros franciscanos, "instalados en Bolivia desde principios del siglo XVII, quienes revitalizan su tarea hacia mediados del siglo XIX desde los colegios de Tarija y el de Misioneros Franciscanos de Salta". 

A partir de 1924 el Padre Gabriel Tommasini funda el Centro Misionero Franciscano en el entonces pueblo de Tartagal, entre las aldeas Chiriguanas, sucediéndose la creación de centros misioneros. 

Muchas de estas misiones contaban con escuelas, iglesia y centro asistencial y promovían planes de vivienda y para la agricultura. 

- Por sus hábitos sedentarios y su tendencia a "acriollarse" este grupo se convirtió en el principal de los trabajadores de zafra y el ingenio. Luego de varias migraciones, lo que forma parte de la vida de este pueblo, llegaron a las adyacencias o suburbios de poblaciones blancas. Además de lo chiriguanos, asentados en San Pedro y Ledesma, también los matacos en Orán y Colonia Rivadavia(Salta), tobas en las Palmas y Resistencia (Chaco). Usualmente se empleaban como jornaleros en todo tipo de tareas: tala y recolección de leña, tendido de alambrados, trabajo en la construcción de vías férreas, peones horticultares, etc.

Pero la lucha por la tenencia de la tierra, la explotación económica a que son sometidos los trabajadores en ingenios, plantaciones, obrajes o quintas; la pérdida paulatina de las practicas tradicionales (caza, pesca, recolección, agricultura) o las dificultades crecientes para llevarlas a cabo, debido a la presión de la sociedad nacional que los rodea, mantienen a las comunidades en una actitud de defensa cotidiana. En este sentido, sólo la fuerza natural del ethos Chiriguano ha permitido que este pueblo haya podido soportar la compulsiva incorporación al contexto económico regional. 

Las sublevaciones más importantes de los Chiriguanos se habían producido en 1875 y1893, como consecuencia de la explotación a que eran sometidos; desde entonces, el hombre blanco se convierte en el "Caray Pochi", el blanco malo, tirano o perverso. Esto repercutió en la resistencia que se desató a todos los niveles y a través de manifestaciones sutiles: solidaridad con el robo de ganado; desgano en el trabajo; rechazo a los sacramentos de la Iglesia. 

También la resistencia se expresó en actitudes más virulentas, ya que se reagruparon en nuevas comunidades en las que revitalizaron las antiguas tradiciones culturales.

 

LEYENDAS

El Familiar

El origen del mito es paralelo con el desarrollo industrial del noroeste Argentino, pero el numen argumental deriva del primer pacto que el hombre celebra con Satanás, en otras palabras "El Familiar" es Satanás.
 


La imagen más difundida del familiar es la de un enorme perro negro grande de mirada refulgente; sin embargo, según las distintas versiones de su leyenda, puede cambiar de forma a voluntad, transformándose en víbora, mula, cerdo, caballo, chivo, tigre o persona. 
Se dice que el familiar se alimenta de carne humana y suele hacer tratos con los hacendados y los dueños de ingenios y plantaciones de caña, mediante los cuales éstos se comprometen a entregarle a un péon o al hijo de un obrero cada año. A cambio de eso, el dueño recibía riquezas y protección contra huelgas, robos, chantajes y amenazas de peones borrachos o descontentos, los cuales pronto desaparecerían sin dejar rastro. -El diablo acepta el negocio pero se quedara cerca, escondido en oscuros sótanos o siniestros galpones, para vigilar el estricto cumplimiento de las cláusulas del contrato.

Es común en los Ingenios, que con la ultima molienda de caña de azúcar, se arroje a los trapiches un muñeco que representa al obrero que los propietarios del Ingenio deben entregarle a Satanás, para así conformarlo y no llevarse a nadie más.

Entre los miles de zafreros (Cosechadores de la Caña) que año tras año dejaban los ocres pueblos de la puna para levantar la cosecha en los ingenios del Ramal, no faltaban uno, dos o más desaparecidos por mil razones distintas, que servían para avivar el recuerdo terrífico del Familiar y aumentar el resentimiento del obrero misérrimo para con los patrones rodeados de opulencia.

Un caso conocido ocurrió en Calilegua, en tiempo de los Villar, allí había muchos chaguancos entre la peonada y el cacique era un hombre sabio y prudente. Como tenía muchos hijos mozos, quizo advertirles sobre los peligros del Familiar y les dijo que él había notado que el bicho cuando andaba buscando presas, ronda tan solo por el cañaveral y les remarcó:
- aquí tenemos un chacral, por eso por aquí nunca viene, cuando oigan ladrar los perros, es señal que ha salido a buscar comida. Vénganse todos para el chacral, que por aquí no viene.

Para el cacique, el chacral era un lugar seguro, por eso tras advertir a todos se sintió más tranquilo.
Se fueron a dormir, pero el hijo menor, a quien le gustaba mucho andar de noche, resolvió salir y no le prestó atención. Esa noche los perros avisaban ladrando a más no poder, pero el muchacho cruzó el río con el afán de llegar al pueblo Ingenio.
No bien puso los pies en la otra orilla, iluminada por la luna, le salió al paso una cuña de tipo y rojo, con la cara pintada y una cinta azul atándoles los largos y sedosos cabellos que le llegaban a la cintura. Traía en sus brazos un pequeño jaguar, que acariciaba con sus finos dedos de mozita, y entre sonrisa y sonrisa lo fue atrayendo hasta un tupido monte. El muchacho la siguió, hipnotizado, y allí desaparecieron ambos.
Nunca se supo del menor de los hijos del cacique, pero en un monte de arbustos a la orilla del río, sus hermanos encontraron una cinta azul y algunas quebraduras de ramas, con lo que pudieron armar y reconstruir la trampa en que cayo el muchacho. Esta es una de las tantas historias del Familiar del Ingenio Ledesma. Por eso, como decía el cacique de la tribu que trabajaba en Calilegua en tiempo de los Villar, "hay que sabérselas todas, como las sabe el patrón, para no caer en ninguna trampa. Porque si alguna ya se conoce y ya cuidado, aparece otra y luego de otra, por lo que el Familiar siempre halla la forma de llenarse la panza".

 

El Ucumar 

También se le llama "UKUMAN". Proviene de la voz quichua y quiere decir "cuerpo, parte material de un ser animado". Eso es lo que era : sólo un cuerpo. Un cuerpo horrible sin alma aparente. Se dice que era mujer, cubierta de pelos negros, largos, sucios, duros, pero elásticos. De las líneas de su rostro sólo se destacaban dos ojos pequeños, intensos, oscuros y hundidos. Los pelos que le nacían en la frente caían sobre la nariz y la boca, separados apenas por bufidos y manotazos a uno y otro lado. La boca era un tajo enorme y baboso, y los dientes salidos, aislados unos de otros, cada cual con su propio ángulo.

Cuando nació, su padre quiso ahogarla. La madre, la protegió entre sus brazos y no la abandonó nunca. Tuvo más amor por el pequeño monstruo que por sus cinco hermosos hijos anteriores. Por su celo y por su pena fue quedando sola y enfermó. Mientras agonizaba, con más fuerza que nunca abrazó y miró a ese cuerpo extraño que ella había dado a luz.

Arrancaron, luego, de su cuerpo rígido el engendro que bramaba y aullaba. Quiso la suerte que fuera arrojada a un rincón de la enorme choza, hasta tanto se cumplieran los ritos funerarios con la madre. Cuando regresaron los hermanos y el padre sin saber que hacer, entre los murmullos de la otra gente, la encontraron acurrucada y lanzado sonidos extraños, como si llorara. No fue por misericordia que salvo la vida. 

Como no se le veían órganos genitales, pero sus piernas se manchaban de rojo cada luna, fue la "ucumara".

Se hizo enorme, hosca y gruñona y al parecer, temerosa.

Uno de los hombres de la aldea, de su mismo tiempo, entre crepúsculos y soledades se acercaba furtivo a la choza con creciente asiduidad. No temía ni lo inmutaban los gruñidos y saltos ostentosos con que la "ucumara" retribuía sus visitas, que eran breves, pero tensas. Un día le arrojó frutas y otro día un trozo de carne humana. La tribu devoraba a los prisioneros de guerra y el dueño del enemigo muerto era el dueño del banquete. La "ucumara" comió y no dejó restos. Estaba entendido entonces que apreciaba el obsequio y por consiguiente el hombre lo repitió tantas veces como pudo, recibiendo en pagos gruñidos más suspirados, saltos menos agresivos.

Un día la aldea en pleno se encaminó al río distante, para cumplir la ceremonia anual de adoración a la creciente tumultuosa y atronadora que traía el deshielo de las cumbres blancas. El hombre regresó, eligiendo rincones para no ser visto y luego de una lucha feroz, violó a la "ucumara".

A partir de entonces su hosquedad fue total y su furia aumentó. Odió a los hombres y al mundo circundante. Las piedras de su choza desaparecieron, arrojadas con increíble fuerza contra todo ser viviente que se aproximara. Cuando no tuvo más piedras, huyó.

Regresó una tarde tormentosa y raptó a su violador sin que nadie se atreviera a detenerla, menos aún la víctima, vencida su resistencia a golpes y arrastrado de una pierna por los peñascos y huaycos arrivó hasta la pétrea guarida donde, imaginamos, llegó mas muerto que vivo. Allí tuvo que elegir entre la vida y las nupcias: escogió el amor, y por un tiempo su ritmo fue el ritmo de la "ucumara" que, ya grávida y desconcertada, con el abdomen hinchado y palpitante, pensaba más en sí, que en su complaciente prisionero. Un día creyó encontrar oportunidad, cuando el monstruo gemía con los dolores del parto.

Huyó de la caverna, rápido y temeroso, pero la "ucumara" entre rugidos y dolor, lo alcanzó. Le arrancó la cabeza y arrastró el cuerpo de su amor hasta la caverna. Entre llantos y convulsiones se lo comió.

Después nació otra UCUMARA, toda cubierta de pelos, negros, duros, pero elásticos, de la cabeza a los pies. Amamantó a su hija, le enseñó a comer carne roja y cuando el retoño ya cazaba con sus manos, con un rugido del alma, murió de muerte sencilla y se fue al cielo de los monstruos, en la paz de la montaña.

La leyenda se bifurca a partir del nacimiento del UCUMAR . Una vertiente afirma que el llanto del monstruo, por la muerte de su madre, era tan fuerte y desgarrados que llegó a los oídos de Wiracocha -espuma de mar- dios blanco de largas barbas rubias que gobernaba el Cuzco y para calmar su pena, le prometió la inmortalidad. Otro venero mitológico sostiene que Wiracocha se presentó al ucumar y para castigarlo por sus crímenes y lascivia, le dio la vida eterna vagando por los cerros y selvas. Así también lapidan a los violadores sobre quienes pendía la permanente amenaza de ser devorados por el ucumar.

La leyenda, de origen peruano, está muy difundida en Salta y Jujuy. En nuestra provincia se ubica al monstruo en los departamentos de San Pedro y Ledesma rondando los ingenios azucareros. La imaginación popular lo hacía prisionera o accionista de uno de ellos.