PERFIL DEL DROGADICTO:

Perfil social:

El uso de cualquier droga entraña siempre el handicap de generar en el individuo una situación de gran riesgo para la salud. Este riesgo, que es distinto para cada droga, depende de tres factores importantes relacionados entre si:

a) La farmacología de la droga y su forma de actuar sobre el organismo, y concretamente a nivel del Sistema Nervioso Central (S.N.C.)

b) Las características de personalidad y circunstancias personales del sujeto

c) Las condiciones socioculturales y el entorno/contexto, que rodean al individuo, tales como la presión social hacia el consumo, la facilidad de adquisición de la droga, etc.

No existe ningún factor que por sí sólo sea determinante a la hora de explicar el consumo de una de estas sustancias. No existen relaciones simples de causa-efecto. La dependencia viene determinada por la interrelación de múltiples factores que tienen que ver, de forma especial, con la personalidad del individuo y con su entorno más próximo (familia, escuela, grupo de amigos); por eso, gran parte de esos factores hay que tenerlos en cuenta a la hora de explicar la problemática del drogadependiente.

Perfil psicológico:

No es fácil analizar el comportamiento humano que lleva al abuso en el consumo de las drogas. Pero lo cierto es que, más allá de los recursos terapéuticos, existe siempre una actitud personal que induce al consumo o al abuso de estos productos. Se debe modificar esa actitud personal o será muy difícil solucionar el problema.

Hay que decir que el uso de las drogas varía de un individuo a otro y de un momento a otro, en el caso de un mismo individuo. También varía según los grupos, culturas y generaciones.

¿Existe una personalidad que lleve al consumo de las drogas?

Por más que muchos autores hablen de la existencia de trastornos característicos subyacentes en los drogadependientes, en el actual estado de las investigaciones no cabe decir que exista en ellos una personalidad característica o propia.

Se puede afirmar es que, en muchos casos, detrás del consumo de drogas se encuentra una personalidad enferma, seres inmaduros que padecen diversos tipos y grados de trastornos psicopatológicos.

Son personas que tienen problemas que no pueden resolver de un modo socialmente aceptable.

Para algunos autores, existe una serie de rasgos determinantes de la personalidad pre toxicómana, que predisponen al uso de drogas, como una acción que se enmarcaría dentro de una actitud de búsqueda de soluciones a un estado crítico por el que atraviesa la persona.

Entre estas características personales, se pueden distinguir las siguientes:

- Una actitud pasiva de cara a la vida, y sobre todo, a la solución de problemas, con una personalidad desestructurada e inmadura que les hace incapaces de enfrentarse con los problemas de la vida, y las demandas de la sociedad.

- Bajo nivel de frustración, fracaso o dolor; es decir, la gran dificultad que algunas personas tienen a la hora de soportar el malestar de cualquier índole, no pudiendo tomar una actitud adulta de búsqueda de soluciones, tendiendo a la desestructuración como única alternativa, la cual va desde la rabieta hasta los estados de angustia intensa. “Yo débil incapaz de tolerar las frustraciones”.

- Una actitud caracterizada por la “capacidad de aliviar y eliminar la angustia” (malestar psíquico) mediante la ingestión de alimentos, líquidos o la evasión de la realidad.

- Necesidades de dependencia no satisfechas.

- Dependencia afectiva. Inmadurez o inestabilidad emocional y afectiva.

- Angustia de separación, aislamiento y dificultades de interrelación. Individuos con graves problemas de socialización.

- Deseo inagotable de amor y de aprobación.

- Falta de confianza en sí mismo. Imagen negativa de sí mismo.

- Timidez e hipersensibilidad.

- Inadaptación atribuible a una situación familiar desfavorable a factores constitucionales.

- Carencia de control interno.

- Escaso nivel de aspiraciones y relaciones personales.

Que haya individuos drogodependientes como consecuencia de una personalidad desestructurada, no significa que todo consumidor tenga una personalidad defectuosa.

El CONTEXTO EN EL QUE VIVE Y SE DESENVUELVE EL ADICTO:

Está claro que para que un individuo pueda depender de una droga, es necesario que exista en el mercado legal o ilegal, y que se pueda conseguir con no mucha dificultad.

A más oferta de la droga, mayor es el número de personas que pueden depender de ellas, ya que la relación entre la oferta y la demanda es directa, por lo que cuanto al aumentar la oferta, más elevado será el nivel de consumo y lógicamente mayores los problemas ligados a dicho consumo.

Los estudios realizados muestran la facilidad con que se pueden conseguir las drogas. Hay que tener en cuenta, por lo tanto, en este aspecto, la presencia de los “agentes inductores”.

El “contagio” en las toxicomanías, se produce siempre a través de una persona que ya consume y que adiestra al que quiere iniciarse. Por ello, se puede decir que el consumo de una droga siempre suele iniciarse en el seno del grupo de compañeros, el cual motiva y educa al neófito. Tal como afirma el grupo de orientación de la Brigada General de Estupefacientes: “la oferta o invitación no llega a través del traficante situado estratégicamente a la puerta de un colegio, sino que se produce de forma natural, como una simple transmisión de experiencias, dentro del propio medio de convivencia, sin gran necesidad de agentes externos, todo lo más con la ayuda de algunos compañeros, amigos o vecinos, que, a base de “trapicheos”, mantiene su propio consumo”.

Por otra parte, el hombre al nacer y durante una cantidad de tiempo importante, necesita atención y cuidados amorosos para poder desarrollarse e integrarse adecuadamente, que le permitan formar y fortalecer su propio Yo. En la medida en que ha recibido mejor calidad de amor, respeto por él mismo y un buen concepto de límites entre uno y otro, va desarrollando la génesis de una conducta madura.

Cuando esta condición falla, vemos aparecer con gran frecuencia trastornos de la personalidad y también las adicciones; si se cumplen además otras circunstancias, porque este factor no es específico como base predisponente.

La familia, como una necesidad real de los seres humanos, es sin duda una de las instituciones sociales básicas, en ella se cumplen una serie de funciones fundamentales para una adecuada integración social de las personas.

Las relaciones afectivas que se dan en la familia son muy importantes para el equilibrio emocional de sus miembros y también en ella se produce el proceso de socialización básica. Ambos aspectos son esenciales en la configuración de la personalidad y la conducta de los niños y los jóvenes.

Por ello, se observa que en las familias inestables o con cierto grado de conflictividad se dan, en mayor proporción que en las demás, los comportamientos divergentes. Es decir, el niño ha de vivir necesariamente una larga dependencia en el seno familiar para lograr seguridad y confianza básica para el desarrollo de un Yo maduro.

Cuando la familia no logra crear el clima adecuado de seguridad y confianza en la etapa de necesaria dependencia de la niñez, la droga puede llegar a sustituir lo que “no se dió” o fue inadecuado, y la función sería la misma: brindar, en general seguridad y confianza.

Si además de este “vacío” o “abandono”, existen situaciones conflictivas y duras en el seno de la familia, se internaliza la división, la disociación, la negación y el encubrimiento, como modalidad de conducta.

El adolescente con este trasfondo familiar vive su adolescencia como experimentación sin límites.

La función existencial de la droga es aquí importante porque viene a llenar un vacío haciendo superar la inhibición y logrando un camino a la comunicación. La droga cumple, entonces, una función vital: va a crear un vínculo de seguridad contrarrestando el “abandono” y llenando un gran espacio; será como una fuente de paz y tranquilidad frente a los conflictos, que se agotará en el flash del momento.

También la droga sirve para romper un sometimiento avasallador y anulante que se da en las familias muy estructuradas.

El adolescente que no tolera esta situación, encuentra en la droga el medio para protestar, haciendo lo contrario. Pero a la larga cae en la cuenta de que no hace sino suplir un sometimiento por otro.

Existe muchas veces, una deficiente comunicación y relación mantenida por el toxicómano con su familia, donde para él, no hay nadie con quien pueda hablar y mantener una relación de confianza. No se perciben, o más bien se niegan los conflictos que existen en la familia; no son capaces de preguntarse uno al otro que le pasa.

El diálogo y la comunicación entre padres e hijos son importantes, puesto que una buena integración familiar, favorece el buen desarrollo de los hijos. Y esta comunicación debe perseguir dos cosas:

- Que el distanciamiento generacional entre los miembros de la familia no debe ser el acicate ni el motivo para la no comprensión.

- Que la comprensión y el conocimiento de los miembros de la familia sea el mayor posible, de cara a su cohesión que pasa por el respeto de las individualidades que la forman.

Otras veces a través de mensajes verbales y no verbales la familia se encarga de mostrar al niño una serie de actitudes adictivas que tienen que ver con el uso de sustancias (tabaco, medicamentos, alcohol). Con estas conductas están dando un mensaje de cómo enfrentar las vicisitudes de la vida, que unido a otras condiciones puede generar la adicción futura.

Los padres abusan, aunque enseñan que ésto no se debe hacer.

El nivel sociocultural de un adicto:

Sería del todo injusto cargar sobre la familia todo el peso de la responsabilidad con respecto a la drogadicción de los hijos. Lo real es que la familia está inmersa en la sociedad.

Todo comportamiento se produce en un contexto social y cultural que, a menudo, le da sentido.

Algunas características de nuestra sociedad plantean a los individuos tantos problemas, sobre todo la falta de perspectivas educativas, laborales, profesionales, familiares y de consumo, que es fácil ir hacia la droga o conectar con ella.

La falta de trabajo, así como los efectos de la inactividad en los jóvenes: abandono de estudios, vida de banda, ociosidad en un medio como el del barrio favorable a cualquier vicio y aventura ociosa, son principales causas sociales de la extensión del consumo y adicción a las drogas.

Además hay que añadir, los fuertes intereses económicos que están detrás de esta gran disponibilidad, de la potenciación y el mantenimiento de los hábitos de consumo de los adultos; lo que es peor, estimulando la aparición de nuevos consumidores entre la población infantil y juvenil, para lo cual no tienen reparos en utilizar cualquier medio. Anteponen el interés económico, al grave daño social resultante.

Las drogas ilegales disponen de mecanismos de coacción social en el seno de la llamada “contracultura”, numerosas publicaciones, películas, discos, etc., incitan con frecuencia a sus lectores, de forma directa o indirecta, al consumo de las drogas ilegales mediante la apología de sus efectos.

La alienación de nuestra sociedad facilita este tipo de soluciones. Los problemas sociales son tan profundos que es necesaria una verdadera revolución mundial para conseguir que nuestro mundo sea capaz de ofrecer a los individuos una vida plenamente humana.

Se vive en un sistema más pendiente del aumento de la producción y del consumo, que de la humanización de la sociedad. Esto se traduce en la desintegración de los valores culturales, vacío espiritual, inestabilidad ante la vida, crisis económica.

La falta de sentido de la vida carga de significación a la droga.

El consumo de drogas que en principio puede ser una forma de protesta, se convierte, generalmente en los jóvenes, en un medio de “pasar de todo”, sin más mística ni revoluciones contraculturales. Así es que la droga no puede considerarse como un fenómeno aislado subsistente por sí mismo, sino como parte de una realidad mucho más profunda y compleja que no se resolverá por el mero hecho de que las drogas desaparezcan.