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Religión
 

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DIOSES Y CANTOS SAGRADOS

    La religión guaraní, que todavía perdura entre algunas personas, es muy elaborada y se basa en una cantidad de mitos, muchos de los cuales se transmiten en forma de cantos sagrados. Cuentan la historia de la creación de la Tierra; el origen de los animales, de las plantas, de los hombres y de la organización social, y las andanzas de los dioses.

    Los guaraníes creen en un dios creador (cuyo nombre varía según los grupos), que inventó el lenguaje humano, hizo la Tierra y dio vida a cuatro dioses principales que completarían su creación: el fuego, el de la primavera y el rocío, el del sol y el trueno y las lluvias, cada uno con su mujer. A su vez, estas parejas de dioses tuvieron hijos que también fueron dioses.

    Creen también un Paraíso y una Tierra Sin Mal, un lugar donde no existe la enfermedad, la muerte ni el sufrimiento (durante siglos, grupos enteros hicieron larguísimas migraciones por la selva buscando esa tierra)

    Tienen una gran cantidad de bailes y canciones religiosas para dirigirse a los dioses, y rezos individuales que hacen quienes buscan la perfección del alma.

Mentalidad, lenguaje y religión

    Fuentes históricas, aportes antropológicos, cedieron un gran paso, para asomarnos a la mentalidad de un pueblo, cuya vida estaba completamente orientada al Mas Allá.

    El genio de la raza estaba volcado en la lengua y en la religión. La lengua les permitió expresar su capacidad para producir belleza y artes en cánticos, y oraciones, mitos y leyenda. La religión penetraba la vida social y nutría todos los compartimientos: políticos, culturales, y hasta económicos, ya que la búsqueda de la Tierra Sin Mal implicaba también búsquedas de tierras no holladas para la caza y el cultivo. Aunque se la conocía como morada de los antepasados, algunos privilegiados podrían llegar hasta allí sin pasar por la prueba de la muerte.

    La religiosidad se expresaba ante todo a través de la palabra hablada y cantada. El lenguaje no era solo el medio para comunicarse entre los hombres sino principalmente para comunicarse con la Divinidad.

    Nuestra mentalidad occidental, que busca siempre paralelos y semejanzas, se entusiasma siempre en encontrar similitudes.

    La palabra es el alma. La muerte es la perdida de la palabra, y las bellas palabras-ñe`e pora- son el equivalente de la sabiduría y de la santidad.

    Es por eso que Ñamandú, crea a sus tres hijos Karaí, Jakaira y Tupá, y a sus mujeres: les imparte conciencia divina de lo original de la religión tupí-guaraní. La religión se basa en identificar el concepto alma con el concepto palabra y todo lo que esto implica, en cuanto a la valorización del lenguaje, como medio de comunicación con lo sobre natural y con el propio perfeccionamiento.

    El vocablo ñe`e designa al mismo tiempo la voz, la palabra-alma de sus futuros numerosos hijos. Por haber ellos asimilado la sabiduría divina de su propio Primer Padre; después de haber asimilado el lenguaje humano, de haberse inspirado en el amor al prójimo, a ellos también llamaremos excelsos verdaderos padres de las palabras-almas, excelsas verdaderas madres de las palabras-almas.

    Cuando va a llegar al mundo un nuevo ser, estos dioses encargados de transmitir al chamán, ante quien acude la madre, le asignan el nombre que le es debido.

    El objetivo de vida del ava, del hombre guaraní, es lograr el teko mará he`y, es decir la vida sin tacha de la Tierra sin Mal. Con el canto ritual y la danza lograban la purificación necesaria que precisa la vida sin tacha.

La experiencia religiosa guaraní está constituida por las formas del canto, de la danza, de la palabra profética, mas que por el contenido de sus creencias.

Los jefes religiosos (karaí , paí) y políticos (mburuvichà)

    Había diversas categorías de chamanes: un curandero tenía funciones más mágicas que religiosas, poseían uno o varios cantos, podían dirigir danzas, curar, predecir, etc. Superaba ampliamente los límites de la comunidad, convirtiéndose más tarde en el líder político del grupo.

Los karaí tenían el prestigio de los héroes culturales que les habían enseñado a cazar y cultivar, y creían que podía llegar a la Tierra sin Mal sin pasar por la muerte. Los de mayor jerarquía eran reconocibles por su austeridad de vida, y en su discurso mostraban una fascinación irresistible , con cantos y danzas, con maracas y tacuaras.

Los karaí recorrían territorios enemigos, pasando por encima de las tribus. No iban solos. Los despedían y recibían en otras aldeas con bailes cantos. Muchos llegaron a tener poder político (jefes políticos-mburuvichà) y ya no podían transitar a través de territorios enemigos. La jefatura era hereditaria. El mburuvichà se caracterizaba por su valentía en la guerra y su liderazgo era estrictamente militar.

Con la llegada de los europeos se comienza a registrar la aparición de grandes jefes carismáticos y hasta algunos intentos de confederación de parcialidades bajo un mismo jefe.

Existían chamanes del mar: “los hechiceros”. Eran llamados los “dueños del veneno”, por hacer trabajos perjudiciales con oraciones y elementos propios de la magia negra.

Antropofagia ritual

La antropofagia es la costumbre más difícil de comprender de los tupí-guaraníes. La que más escandalizó a los europeos. Los jesuitas registraron detalles macabros, de esta costumbre.

Existía una enemistad entre tupíes y guaraníes, se mataban, se comían unos a otros, y de las canillas hacían trompetas, y de las calaveras se servían de tazas para beber. Esta costumbre era tomada como una especie de bautismo ritual para tomar nuevo nombre.

La antropología ritual fundaba y consolidaba una serie de relaciones que mantenía la cohesión interna del grupo. La ejecución de un prisionero era considerada una venganza por la muerte de algún antepasado en manos de los parientes de los prisioneros y la muerte ritual a que lo condenaba engendraba un nuevo ciclo de represalias para re establecer el equilibrio que se había roto, ya que normalmente debía ser vengada más adelante por el grupo de parentesco de prisioneros sacrificados.

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