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Cultivar en la selva
 

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       Como todas las primeras comunidades humanas, los guaraníes fueron cazadores y recolectores de frutos silvestres. Es decir: vagaban por sus selvas ( riquísimas por cierto), cazando animales y buscando productos vegetales que complementaran su alimento. Este tipo de existencia impide, por supuesto, la formación de aldeas estables, una vida más o menos segura, ya que es necesario perseguir siempre la comida que se escapa. Es probable que entre los guaraníes, como en muchos otros pueblos, apareciera ya entonces una primera división del trabajo: los hombres cazaban y pescaban, mientras que sus compañeras ( frecuentemente seguidas por sus hijos pequeños), se dedicaban a recorrer el monte en busca de los frutos más apetitosos y las plantas más tiernas. Muchos estudiosos piensan que fueron precisamente esas mujeres, de tanto andar y observar las plantas de la selva, quienes descubrieron la agricultura: alguna habrá comprobado, casi seguramente, que poniendo semillas y tubérculos en ambiente propicio... las plantas útiles podían  multiplicarse a voluntad.

    Sus campos de cultivo estaban en el interior de la selva, a resguardo de los vientos. El terreno elegido tenía que limpiarse; los antiguos guaraníes despejaban la vegetación con precarias  hachas de hierro. Finalizado este duro trabajo esperaban dos o tres meses hasta que la vegetación se secaba, y entonces la quemaban.

     Después de la primeras lluvias, el jefe del grupo convocaba a la población para que, en un ambiente de fiesta todos juntos realizaran las tareas de siembras. Entre los tocones de los árboles cortados y las cenizas –que servia como fertilizante-, hacían agujeros con un palo y plantaban, principalmente, maíz y mandioca amarga. También cultivaban mandiocas dulces, batata, zapallos, maníes, porotos, ajíes, ananás, tabaco, algodón y algunas hierbas medicinales. Este sistema de cultivo –utilizado por muchos pueblos, conocido como roza y quema, aunque parezca primitivo es muy eficaz y permite resguardar el suelo.

     Allí no acababan las tareas, porque algunas de esas plantas debían ser procesadas antes de ser consumidas.

     Los campos de cultivo duraban no más de cinco años, porque las lluvias arrastraban la capa fértil del suelo y –sin abono- éste dejaba de ser productivo cuando la tierra “se cansaba” los guaraníes cerraban la parcela y abrían otra. De ese modo los terrenos de cultivo quedaban cada vez mas lejos de la aldea y se hacía difícil protegerlos contra las aves, las hormigas y los saqueos de otros aborígenes.

 

Extremo de una pala de madera usada en la agricultura (grupo ava)

Cedazo para cernir harina de mandioca y de maíz (diámetro original: 40 cm.)

Para sacarle el veneno a la mandioca amarga, la rallaban, la exprimían en prensas de hojas de palma (como la del dibujo) y la tostaban. Como resultado se obtenía harina muy nutritiva.

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