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El ciclo vital: La Endoculturación

    Entre los guaraníes, la propia gestación  de cada niño estaba marcada por una serie de características muy reveladoras por su funcionalidad social. Cuando los cónyuges se comunicaban en sueños, la madre quedaba embarazada. Así, la gestación estaba lejos de ser un mero hecho biológico y se creía que el niño traía ya un alma de determinadas características.

    Durante todo el embarazo, el niño podía comunicarse con la madre y enviarle quejas o indicaciones de cuidados o alimentos deseables.

    Una vez consagrado el nacimiento se ejecutaba la ceremonia de imposición del nombre, durante la cual el payé entraba en trance para recibir el nombre del niño. Tal nombre se consideraba en sí mismo un alma y por ello era secreto.

    Los guaraníes consideraban que el niño varón era de su padre y la relación con éste la más fundamental.

    Lo contrario sucedía con la niña, y permanecía cerca de su madre hasta después de su matrimonio.

    Al llegar a la pubertad, los rituales de iniciación de varones y jovencitas adquirían solemne importancia.

    En el caso de la niña, su primera menstruación se juzgaba tan contaminante y peligrosa que era rodeada de una verdadera red de tabúes y completamente aislada. El advenimiento de la sexualidad en virtud de esta concepción, estaba muy lejos de ser considerado un acontecimiento biológico individual: la sociedad entera se movilizaba y cuidaba la estricta observancia del ritual. En cuanto a los varones, su ritual de iniciación era colectivo, coincidía con la maduración de los primeros frutos del maíz, considerado alimento de los dioses por los guaraníes. Los adolescentes eran tomados por el shamán y sus ayudantes y emborrachados, en tal momento los jóvenes recibían sus “cantos iniciales” y luego les perforaban el labio inferior para introducirles el “tembetá”. Este era el símbolo de la masculinidad que los incorporaba como adultos aptos para la caza, la paternidad, la guerra y la sacrilidad.

    Se concebía a la enfermedad como un desequilibrio en la lucha entre almas sagradas y animales.

    El gran médico de los guaraníes era el shamán.

    Finalmente, el último gran rito que jalonaba el ciclo vital del sujeto, que era concebido como una sucesión de pasajes de un estado al otro, era el pasaje de la vida terrena a la vida “junto al paraíso de nuestro padre “. Para los guaraníes, la ascensión a los cielos no dependía de las buenas acciones del individuo sino que se esperaba que el alma sagrada retornara indefectiblemente junto a los dioses.

La cosmovisión guaraní

    La base de todo el sistema de creencias guaraní era el animismo. Esto es, la creencia en que entidades espirituales animan y permiten manifestarse a todo tipo de cosas. Todos ellos se conciben habitados por un espíritu dotado de ciertas fuerzas (mana) capaz de incrementarse o debilitarse, volverse benefactora o peligrosa.

    El animismo constituye el primer sistema inventado por los hombres.

    Para los guaraníes el universo entero estaba poblado por almas sagradas benefactoras y almas animales peligrosas.

    El hombre mismo estaba poblado por dos, tres y hasta cuatro almas. La más importante  de ellas  de origen sagrado. La acompañaba un alma animal que prácticamente “asaltaba” al sujeto en el momento de su nacimiento, debido a “los innumerables seres ociosos que poblaban la tierra”. Así se constituye la imagen guaraní de la naturaleza humana: el mismo recién nacido está ya lleno de cólera y es por eso que muerde el pecho de su madre.

    El sistema de creencias guaraní no queda reducido al mismo difuso, como tiende a suceder en las bandas nómades cazadoras-recolectoras que a menudo conviven territorialmente con ellos.

    Entre las primeras creaciones de aquel dios figuraba “la luz que emanaba de su propio corazón” y que luego alimentaría a su hijo “Kuarahy”= el sol. También generó palabras y cantos sagrados que “inspirarían a nuestros primeros padres”.Después una llama y tenue neblina que esparcirían “fervor y moderación”.

    Su siguiente creación, cuatro dioses suplementarios y sus consortes, cada uno responsable de algún elemento climático clave y cualidades y recursos humanos: Karaí, dios del fuego y del fervor . Tupá, dios del trueno beatífico y la lluvia, aportaría moderación y sabiduría . Jakairá dios de la neblina vivificante y la medicina, sacralizaba y curaba con su humo toda cosa necesaria. Ñamandù Py’a Guachú, confundido frecuentemente con el sol inspirador del coraje. Cada uno de estos dioses contaba con una corte de lugartenientes que solían enviarse a la tierra para alguna misión, También eran encargados de enviar las palabras-almas para que se encarnasen  en cada niño, mediante los buenos oficios del shamán.

    Luego Ñamandú creó la primera tierra con sus inviernos y primaveras que se alternarían cíclicamente, generando estaciones anuales y un mundo circular del “eterno retorno”, donde todo se destruye para volverse a crear. Sin embargo, aquella primera tierra fue destruida porque Ñamandú no tolero la conducta indecorosa de sus primeros hijos, que pecaban de incesto, la “unión nefanda” . Ello le valió un diluvio que acabo con la primera morada y sus almas fueron convertidas en animales.

     Después se decidió a crear la segunda tierra, Ñamandú envió a su hijo Tupá. Se creó un mundo ordenado con cada especie animal ocupando un lugar en ella, nuestro primer padre decidió proveer a la tierra de un héroe cultural, fundador de la estirpe guaraní, sus usos, costumbres, normas e instituciones.

     “Kuarahy” = el sol, el héroe cultural, fue generado por un dios en el vientre de una niña púber, sin unión sexual. Vivió luego aventuras similares a las de héroes como Edipo, Moisés y otros. Entonces Kuarahy es el modelo de conducta de todo guaraní.

     “Jasyra” = futura luna, es el hermano del sol y su compañero se sus correrías. Es pícaro y causante de cosas fuera de lugar como la menstruación, el adulterio, la mortalidad, la seducción y otras picardías.

    El enemigo de Kuarahy pariente adoptivo suyo, es el “Añá” = demonio-jaguar identificado con el blanco u otros enemigos. El antiguo pueblo de los añá  devoró a la madre de Kuarahy y este se vengó destruyéndolos. La única sobreviviente concibió incestuosamente a su hijo y éste fue el causante e inspirador de toda cosa dañina, destructiva y peligrosa : desde la palmera con espinas y los mosquitos hasta la persistencia de la conducta incestuosa y la locura.( Un guaraní enloquecido es un “Jaguareté-avá”.)   

Magia medicina y profecías

    Como no encontraron templos ni imágenes de dioses, los españoles creyeron que los guaraníes no tenían religión.

    No habían reparado en unos personajes muy particulares, a quienes la gente respetaba y reverenciaba. Eran los paí, payés o chamames, es decir los mediadores entre el mundo sobrenatural y el de los hombres comunes. Habían recibido dones especiales y eran los únicos capaces de adivinar el futuro, curar o causar enfermedades y, empleando su fuerza mágica, dominar la lluvia, hacer crecer los frutos más rápidamente y ayudar a los guerreros para vencer a sus enemigos.

    Los payés adquirían conocimiento por medio de sueños. Antes de entrar en trance y quedar como dormidos, rezaban y esperaban que, en el sueño, sus espíritus auxiliares le revelaran cómo curar una enfermedad, dónde encontrar tierras más fértiles y mejores lugares de caza, quién era autor  de un maleficio, etc.

    Conocían una asombrosa variedad de remedios obtenidos de animales y plantas y, además, sabían conjuros para alejar a los añás, perversos espíritus de la selva, dedicados a hacer fracasar cualquier tarea humana.

    A veces, un payé adquiría tanto prestigio y autoridad que era apreciado en toda una zona y tenía el privilegio de transitar libremente entre comunidades en conflicto. Recibía el nombre de Karaí -que significa "sabio"- y le atribuían el poder de dominar a la naturaleza, de convertir a la gente en animales y de transformarse él mismo en jaguar. Considerado como una especie de profeta, iba de aldea en aldea y, cada vez que se anunciaba su llegada, todos salían a recibirlo cantando y bailando. Dirigía las grandes ceremonias y fascinaba a la gente con sus discursos.

    Para perfeccionar sus dones, los Karaí se imponían una vida austera: vivían en soledad, rezaban , hacían penitencias y ayunos. Durante la Conquista española, estos profetas unieron su condición de chamanes con la de líderes políticos y encabezaron la resistencia contra los invasores.

Tembetá de resina, (tamaño natural). Este adorno en forma de T (la línea punteada reproduce un trozo faltante) se insertaba bajo el labio inferior de los muchachos que llegaban a la adolescencia (los brazos de la T quedaban dentro de la boca y evitaban que cayera). Era signo de virilidad.
Pipa de cerámica, con tubo de caña. El humo del tabaco tenía muchos usos ceremoniales y medicinales.
En las ceremonias, los guaraníes usaban adornos de plumas en los brazos, en los tobillos y en la cabeza (como esta diadema). A veces, las plumas se pegaban directamente al cuerpo
Las vasijas de cerámica más grandes servían para guardar la chicha y también para enterrar a los muertos.

Dos almas

Dos almas tenían los guaraníes: una divina y otra animal. La primera era la verdadera, la que sobreviviría a la muerte; la segunda determinaba el temperamento: si al nacer un individuo recibía un alma jaguar, sería violento; si el alma era de mono, sería inquieto y bromista, y si procedía de la mariposa o el colibrí, sería bondadoso y tranquilo.

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