Tarjetas perforadas

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El uso de tarjetas perforadas por Hollerith

 

 Un paso hacia el cómputo automatizado fue la introducción de tarjetas perforadas que se usaron para computar, por primera vez con éxito, en 1890 por Herman Hollerith y James Powers, trabajando para el Departamento del Censo de los E.U. Juntos desarrollaron dispositivos que podían leer la información que se había perforado en las tarjetas automáticamente, sin la intermediación humana. Se redujeron por consiguiente mayormente los errores de lectura, el flujo del trabajo se aumentó, y, de manera más importante, se pudieron usar pilas de tarjetas perforadas como una forma de almacenamiento de memoria accesible de capacidad casi ilimitada; además, diferentes problemas podían guardarse en diferentes lotes de tarjetas para trabajarse más adelante cuando fuera necesario.   

  

Estas ventajas fueron reconocidas por las corporaciones con intereses comerciales y pronto llevaron al desarrollo de sistemas mejorados de máquinas de negocios de tarjetas perforadas como los de Máquinas Comerciales Internacionales (International Business Machines - IBM), Remington-Rand, Burroughs, y otras corporaciones. Estos sistemas usaban dispositivos electromecánicos en los que el poder eléctrico proporcionaba el movimiento mecánico--como el girar de las ruedas de una máquina sumadora. Tales sistemas pronto incluyeron rasgos para alimentar automáticamente un número específico de tarjetas desde una estación de lectura; para realizar operaciones como sumar, multiplicar, y ordenar; y producir tarjetas perforadas con los resultados. Según las normas modernas, las máquinas de tarjetas perforadas eran lentas, procesando típicamente de 50 a 250 tarjetas por minuto, con cada tarjeta conteniendo unos 80 números decimales. Sin embargo, para su tiempo, las tarjetas perforadas estaban muy adelante y constituyeron un enorme paso.