Hobbes, Thomas


   Nacido en Wesport (Inglaterra) en 1588, hijo de un vicario, cursa estudios en Oxford y posteriormente se desplaza al continente, donde conocerá a Descartes y Galileo. Su enfrentamiento con Cromwell le conducirá al exilio. Su filosofía postula la experiencia como base del conocimiento y, por tanto a los sentidos como herramienta única del hombre hacia el saber. Es, junto con Bacon, el impulsor del empirismo pragmatista inglés. Afirma que todo el universo está compuesto de materia y aspectos de materia, que pueden llegar a ser conocidos por el hombre mediante la percepción sensorial y, en segunda medida, las pasiones, siendo ambas herramientas reducidas a meros movimientos somáticos y moleculares. Más conocidas son sus tesis sobre el hombre y la sociedad. Según Hobbes, el hombre en estado natural es un ser salvaje y egoísta, condición que es refrenada cuando se establece la vida en sociedad y surge el Estado. Sin embargo, la sumisión del hombre al agregado social sólo nace del temor y las medidas coercitivas que impone la institución estatal, nacida de un contrato para controlar el estado natural inherente al individuo. Así, el individuo hace una dejación de derechos a favor de una asamblea o un individuo representativo, siendo Hobbes partidario de la última solución -el monarca absoluto- por cuanto las asambleas favorecen la disensión y ceden a los intereses particulares. El rey absolutista representa entonces la razón, capaz de dirigir a la sociedad de manera racional y ajena a partidismos. Este postulado sirve de apoyo para movimientos totalitarios posteriores. Considera que el conocimiento se establece mediante la identificación y nominación de los objetos, y por ello los nombres de las cosas son universales mientras que las cosas son singulares. Los conceptos se hacen, pues, sobre palabras, y no sobre cosas. Su lógica empirista y materialista reduce el universo a objetos y relaciones puramente materiales, susceptibles de ser conocidas racionalmente y, por tanto de ser predichos en virtud de su determinación.

Ilustración de portada del Leviatán, obra de Thomas Hobbes. 

La imagen simboliza al Estado y al rol de la monarquía.

Bossuet, Jacques Bénigne

   (Dijon, 1627-París, 1704) Religioso, predicador y escritor francés. Discípulo de los jesuitas, fue arcediano en Metz. De regreso a París (1659) y entregado a la oratoria sagrada, su fama se extendió gracias a sus sermones fúnebres, como el dedicado a Ana de Austria (1667). En 1670 Luis XIV lo nombró preceptor del delfín, a quien dedicó diez años de su vida y obras como el Discurso sobre la historia universal (1681). Concluida esta misión, fue nombrado obispo de Meaux (1681). Intervino en la Asamblea del clero, combatió la Reforma protestante y, oponiéndose a su amigo Fenelón, intervino en la querella del quietismo. Enemigo del teatro por considerarlo inmoral (lo criticó acerbamente en Maximes et réflexions sur la comédie, obra de 1694), en el último período de su vida retornó a la predicación. Entre sus muchas obras cabe destacar, aunque inacabada y editada tras su muerte, Politique tirée des propes paroles de l'Ecriture Sainte (1709).

 

Fuentes

 “Dios establece a los reyes como sus ministros y reina a través de ellos sobre los pueblos (...) Los príncipes actúan, pues, como ministros de Dios y son sus representantes en la Tierra. Por esto, el trono real no es el trono de un hombre sino el trono de Dios mismo. Así, la persona de los reyes es sagrada y atentar contra ellos es un sacrilegio. Se debe obedecer a los príncipes por principio de religión y de conciencia. El servicio de Dios y el respeto por los reyes son cosas unidas (...) Dios ha puesto en los príncipes algo divino.”

   (Obispo Jacques Bossuet, pensador francés del siglo XVII, Discurso sobre la historia universal.)

 

  “Todo poder, toda autoridad, residen en la mano del Rey y no puede haber en el reino otros (poderes) que los que él establece (...) Todo lo que se encuentra en la extensión de nuestros Estados, de cualquier naturaleza que sea, nos pertenece (...) La voluntad de Dios es que cualquiera que haya nacido súbdito obedezca ciegamente. Por muy nefasto que pueda ser un príncipe, la rebelión de sus súbditos es siempre criminal (...) Pero este poder ilimitado sobre los súbditos debe servir para servir para trabajar más eficazmente por su felicidad.”

   (Luis XIV Borbón, rey de Francia entre 1643 y 1725, Memorias.)  

 

  

Luis XIV preguntó a un cortesano ¿qué hora es?

- La que Vuestra Majestad guste - respondió el adulador.

Otra anécdota:

   En una sola cena Luis XIV comía cuatro platos de sopa, un faisán, una perdiz, una gran fuente de ensalada, dos lonjas de jamón, cordero en salsa de ajo, un plato de pasteles y para terminar algo de fruta y unos huevos duros.