El posicionamiento al trabajar este link es rescatar en la historia a aquellos hombres y vivencias que a veces parecen perderse en la historia macro. En este intento por reconstruir la historia de los “hombres de a pie”, de Iggers, plantearemos las condiciones materiales y como experimentaron esas condiciones de la vida cotidiana contemporánea a la existencia de la Swift y otros frigoríficos costeros de Santa Cruz, los pobladores de la zona. Trabajamos esta microhistoria en las cuatro localidades costeras con frigoríficos entre inicios del siglo XX y la década del 70’ y elegimos para organizar el trabajo los siguientes criterios (que como corresponde a los procesos históricos más de una vez resulta difícil separarlos): medios de transporte y comunicación, fiestas y festejos, hoteles, características arquitectónicas, instituciones y comercios, costumbres, comidas y juegos o deportes.
Nuestra historia se inicia Río Gallegos (fundada en 1885), el frigorífico Swift señalaba el fin de la calle Roca, mas allá el basural, más acá la cárcel y luego los bares y pensiones en que los trabajadores se divertían y alojaban luego de la faena diaria. . .

La complejidad que va adquiriendo la vida urbana se manifiesta entre otros aspectos que hacen a la trama de la vida social, en las actividades recreativas de la época. Por ejemplo los festejos de la colectividad asturiana en Río Gallegos que Elvira Canosa recuerda diciendo: “las fiestas eran con comidas especiales, era todo muy familiar”. Continúa relatando que se juntaban en el Centro Asturiano, bailaban la muñeira y la jota, escuchando la victrola. Carmen Terán narró que en el cine de San Julián (centro poblacional fundado en 1901), se realizaban kermesses, donde cada colectividad vendía comidas típicas, se hacían juegos. Recuerda especialmente la de los ingleses, a beneficio de las personas que se habían ido a la guerra. Las fiestas de aquéllos que vinieron a “hacer la América” se constituyen en parte del patrimonio intangible.

 
Era costumbre el festejo de los carnavales, la participación en los corsos y que los varones mojaran a las chicas. Los bailes se hacían en el Boxing Club, el Hispano y el Colón. Vilaboa destaca la participación de las murgas de la Swift en estos festejos, siendo además la única instancia donde se perdían las jerarquías laborales. Isabel Almonacid recuerda un hecho sucedido, durante un carnaval, en Río Gallegos: un barco, el “Matrero”, encalló en la ría perdiendo en el accidente latas de querosén y nafta, entre otras cosas. La gente tomaba todo lo que podía para venderlo.

En ocasiones se daban fiestas en los centros de las nacionalidades: ingleses, yugoslavos, españoles, etc., donde festejaban y jugaban.
También conmemoraban las fechas patrias, que las llamaban “veladas de gala”. Estas se realizaban por la noche y para los chicos se hacía una función en el cine con reparto de caramelos.
En cuanto a los cumpleaños, estos se festejaban con los vecinos.
En 1949 ya existía la Confitería Carrera, punto de encuentro, junto al Cine Colón (que se incendia en el año ’67) de la sociedad galleguense. El domingo, después de la misa y del izamiento del mediodía, la gente iba a tomar un copetín, antes del almuerzo; se ofrecía maníes, galletitas, porotos, hígado saltado, pizzas. En invierno la gente regresaba de patinar en la Laguna Ortiz y también iba a la confitería a tomar chocolate con churros, masitas… (más tarde, Locatelli y Martín, se dedicaron a la elaboración de masas). También se organizaban banquetes.
En esta confitería tocaron muchas orquestas, como la de Norton y la de Ravallo y también tocaron orquestas de señoritas, lo hacían casi todos los días, en los intervalos de diez o quince minutos entre la dos películas se les ofrecía un café. Después de las películas los italianos pedían que les abrieran una lata de cholgas o de salchichas vienesas.
Los jóvenes realizaban frecuentemente sus reuniones y “asaltos” en sus propias casas, y bastaba una llamada por teléfono para que se realizara la convocatoria. Elvis Presley, Los Cinco Latinos, Eydie Gorme y Los Plateros, eran los preferidos de los jóvenes de los ’50.
Se escuchaba la música en fonógrafo, música clásica, pasodoble, tango, rancheras. Los domingos el maestro de música con su padre tocaban en la plaza San Martín.
Existía en Puerto Deseado (fundada en 1883, como Colonia) una cancha de pelota, en la que a veces se efectuaba bailes públicos y un salón de patinaje.

En lo que refiere a Río Gallegos, en Sarmiento y Lista, cerca de la zona portuaria, fue construido el "Hotel Londres", que junto al "Argentino" (foto) de Ulpiano Alvarez, el "Español" de Emilio Rodiño y el "Gran Hotel", fueron los primeros con lo que se contó. Uno de los primeros bares, fue el que poseía Eduardo Zimmerman, quien alternaba sus tareas burocráticas con los de barman, y en las que le sucedió Eduardo Mollar. Otros comercios de este rubro fueron el "Carlín" y el "Carli", frente a frente en la esquina sur de Roca y San Martín. Más tarde tuvo el suyo Vicente Uglessich, en Roca y Errázuriz.
Otra característica de los pueblos de la zona eran las fondas, establecimientos donde servían comidas y en algunos casos hospedaje. Se las consideraban de menor categoría que los hoteles debido a la poca capacidad de alojamiento.
En el caso de Deseado por los años treinta, había cuatro hoteles grandes (el Apolo, el Colón, Cádiz y Negrini) y diez o doce fondas. Generalmente la gente que iba a comer en estas, era quienes venían del campo, no tenían casa en el pueblo y debían comer en algún lugar.


El transporte marítimo fue durante las primeras décadas el principal medio de comunicación con el exterior, era el único seguro para proveerse de víveres e implementos de trabajo.
El servicio de Transportes Nacionales hacia posible la comunicación entre puertos, pero, dada la escasez de la flota, no cubría todas las necesidades. Cuando aparece la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia, el transporte marítimo cobra mayor importancia, se hace familiar la llegada de barcos que recorrían varios puertos de la Patagonia.
La Swift realizó sus exportaciones siempre a través de barcos y sólo hacia el final de su existencia utiliza medios terrestres para comercializar su producción internamente.
En la década del ´10 las compañías internacionales y argentinas transportaban la producción lanera y traían a la región todo tipo de mercaderías, como frutas enlatadas, fideos, azúcar, café.

Sus características de vida eran las de pequeñas ciudades, la alimentación se basaba en carne de capón y algunas verduras y frutas provenientes de Bs. As cada 15 días en barco. Algunas familias tenían huerta porque las frutas y las verduras que venían en barco se echaban a perder prontamente.
Los relatos aportan ejemplos de esta relación barco - vida cotidiana. En una entrevista de Beecher, los hijos de Santiago Sama , recuerdan que al viajar en barco, a Buenos Aires, “debían” entablar amistad con los suboficiales, quienes cenaban a medianoche dándose soberbias “panzadas”.

 
Rescatamos la importancia de los barcos, citando entre otros ejemplos lo acontecido con el “Marjory Glen”, ya que su trascendencia fue mucho más allá de un espectáculo para la comunidad, pues su incendio, quizá como designio paradójico, generaba la expectativa de poder superar la crisis existente de aprovisionamiento del carbón.
No se debe olvidar que fue el barco quien trajo a aquellos inmigrantes que vinieron con la intención de “hacer la América”, como el caso de las familias: Iglesias, Amado, Curtze, Hawkins, Bull Fueyo, Sturzenbaum, entre otros.
En Puerto Santa Cruz (fundada en 1878), alrededor de 1911, también era familiar la llegada de los barcos de “La Anónima” y de la firma Antonio Delfino S.A. Las figuras de los barcos “Comodoro Rivadavia”, “Asturiano”, “Buenos Aires”, “José Menéndez”, “Lucho” formaron parte junto a otros de la historia del sur argentino y de sus pobladores y que también vemos presente en las actividades de la Swift. Este puerto carecía de muelle por lo cual los buques de mayor tonelaje debían operar utilizando las pequeñas embarcaciones apostadas en cada localidad, las que eran arrimadas al costado por medio de remolcadores. Estas embarcaciones (chatas) eran dejadas en la orilla y al bajar la marea, permitía su descarga utilizando planchados sobre caballetes, para que los estibadores transportaran la mercadería al hombro. El sistema empleado para trasladar personas era similar, si desembarcaban lo hacían por el costado del buque por una escalera con barandas, hasta la chata, al llegar a tierra, bajaban por una planchada ancha de madera, ayudados por los marineros. Cuando había fuerte oleaje, eran transportados al hombro con el consiguiente miedo e incomodidad del pasajero.
La lejanía y la falta de caminos aptos dificultaban la comunicación entre las estancias y los pueblos, aparecen en estas circunstancias las primeras carretas y chatas. Éstas acarreaban fardos de lana por primitivas huellas hacia los puertos y, de regreso, hacia las estancias llevaban provisiones. A partir de 1916 se empiezan a habilitar mejores caminos.
Los primeros autos eran particularmente utilizados para transporte de pasajeros y correo.
Las modificaciones producidas por el uso del automotor también quedan registradas en los relatos de los pobladores.
En Río Gallegos, el primer auto se le atribuyó a Ibón Noya, pero Pablo Beecher posee documentación confirmando que fue de su bisabuelo Edwin.
En San Julián el primer coche de alquiler data de 1916, cuando Fleak compra un automóvil, importado desde Inglaterra por los hermanos Patterson. Este señor tratando de mejorar sus ingresos, acondiciona el automóvil, para siete personas, y con un chofer lo ofrece en alquiler. Efectuaría además viajes para determinadas urgencias a la campaña.
En ese momento, La Anónima contaba con un parque automotor para levantar los pedidos de sus clientes y el consiguiente reparto de mercaderías.

 

María Brunswig rescata de las cartas de su madre que para trasladarse en auto se acostumbraba el uso de antiparras y que todas las provisiones y las puertas se aseguraban firmemente con sogas. Quienes viajaban en auto también podían observar que el camino lo marcaban las huellas de las enormes carretas y los esqueletos de animales.
El auto participaba en los nacimientos porque era frecuente el traslado de las mujeres en automóvil, desde las estancias, cuando estaban prontas a dar a luz, a hoteles del pueblo, relata Sofía Vicic. También servía de ambulancia para los enfermos o de carroza fúnebre, porque por esos años se improvisaba una carroza con cualquier tipo de vehículo, según Ordoñez. También algunos pocos usaban el auto por ejemplo, para llevar la comida a sus familiares que trabajaban en la Swift de Río Gallegos, pero eran los menos, cuenta Isabel Almonacid que esa era su tarea a las 13,00 hs., cuando sonaba el pito, debía estar con el almuerzo para su padre y hermanos.1
Como el uso de los automóviles, los aviones también mejoraron las comunicaciones, como lo demostraría el Gobernador Gregores (1932-1945).

El primer avión aterriza en Río Gallegos (1921), en el actual Boxing Club, su piloto era Mario Pozzotti. La frecuencia de los vuelos era esporádica.
En 1922 se inician los raids aéreos estatales comandados por el capitán Parodi. Comentarios posteriores señalaron que resultaba gracioso a los espectadores ver a los cinco S.V.A. en escalera hacia atrás.
Los aviones aterrizaron en el pueblo. El público de Río Gallegos los recibió al igual que en otras poblaciones, con gran entusiasmo. Todos preguntaban si al fin se acordarían de ellos y establecerían una línea regular.
En 1930 se crea la Aeroposta Argentina que une la costa atlántica. Las cartas y encomiendas fueron aumentando, la gente se acostumbró a viajar en la Aeroposta con la mayor despreocupación. Las mujeres y los niños también ocupaban un asiento en los Laté. Los pedidos de la población para extender la línea a Río Gallegos se hicieron cada vez más insistentes, y para satisfacer esos reclamos en abril de 1930 se inaugura el tramo Comodoro Rivadavia- Río Gallegos, a bordo de un Laté 25, conducido por Cambaceres, quien pudo apreciar en Gallegos las explosiones entusiastas de la población.
Cuando allí se resuelven realizar vuelos con pasajeros hasta Magallanes, la gente se disputaba los asientos con verdadero furor. El Gobernador Gregores incluye a la zona cordillerana con el chasqui aéreo, asesorado por el piloto civil Gustavo Numan Costabel; logrando una comunicación más rápida y llevando correspondencia y pasajeros. El piloto de este chasqui más recordado fue Norberto Fernández.
En octubre de 1937 se inician los viajes regulares con los flamantes JU 52, aviones trimotores “Junkers” con capacidad de 17 personas. Estos aviones están presentes en los testimonios de vecinos como por ejemplo cuando John Hewlett, al igual que Juanita Almeida y tantos otros; recuerdan que viajaban a su colegio en esos aviones, a los que llamaban “lecheros”, porque bajaban en muchos lugares hasta llegar a destino.
Cuenta Larra que cuando Gregores estableció una vasta red de aeródromos a vecinos y policías se los instruyó sobre señalización, confección de mangas de viento, cuerdas de amarre, nivelación y preparación del terreno y construcción de rodillos para el aplanamiento de la nieve. También se crea el Aeroclub de Río Gallegos, del que egresan como pilotos varios vecinos.

La caída de un avión “Piper” de la Aeroposta local, en la calle Roca y San Martín, en la década del ’40, es un hecho recordado por algunos vecinos como Isabel Almonacid, Asunción Fernández de López y Guillermo Clark. “No tocó nada”, relata la señora de López, “se le detuvo el motor”.
Las historias de estos pioneros de la aviación patagónica quedaron inmortalizadas por la pluma de Antoine de Saint Exupéry en libros como Vuelo Nocturno y Tierras de hombres.
“Al descender sobre San Julián, con el motor en retardo, Fabién se sintió cansado. Todo lo que alegra la vida de los hombres corría agrandándose hacia él: las casas, los cafetuchos, los árboles de la avenida. El, parecía un conquistador que, en el crepúsculo de sus empresas, se inclina sobre las tierras del imperio y descubre la humilde felicidad de los hombres.” 2
El contenido de los relatos de Vuelo Nocturno puede considerarse patrimonio intangible aunque no sólo de la Patagonia.
Río Gallegos contaba con alrededor de casi 6000 personas en la década del ’40, pero la entrada de población con la construcción del ramal provoca un significativo impacto poblacional.
Los medios de comunicación eran “La Voz de Sur” (diario), LU12 (radio), “La Opinión Austral” (diario), en el caso de Río Gallegos .Los barcos cuando traían cartas del correo, también traían revistas, como por ejemplo “BILLIKEN” para los niños y “PARA TI” para las señoras. En el caso de Puerto San Julián tuvieron el Semanario El Eco, el Diario La Verdad y El Sonido. Mientras que en Puerto Deseado destaca el periódico El Orden, y en Santa Cruz los periódicos fueron El Pueblo (semanal) y una publicación trimestral Nueva Era.
El paulatino mejoramiento de la vida urbana se evidenciaba, por ejemplo, con el establecimiento desde inicios del siglo XX, de un sistema de comunicaciones, que vinculaba las estancias de Río Gallegos y a su vez a ésta con Puntas Arenas, a través del tendido de líneas inalámbricas. También tempranamente se resolvía esta situación en Puerto San Julián (1914) a manos del Sr. Juan Guillermo Wright,

Siguiendo el estudio realizado por los arquitectos Cufré y Zonaro, se sostiene que el sistema constructivo que caracteriza la zona tiene origen en un sistema inglés denominado Shingle Style y Ballon Frma. Este se compone de una estructura de sostén tipo esqueleto de madera en listones, ensamblados por medio de clavaduras que se reviste en lo externo e interno con láminas de madera. La cubierta por su parte es un entablonado de madera recubierto con chapa de cinc preferentemente. Sus ventajas radican en el rápido armado y la posibilidad de intercambio de partes y funciones. En un primer momento la característica de las viviendas está dada por su simpleza formal y volumétrica y por la importancia del espacio interior, luego se generan variantes “a través de la desmaterialización de la forma cúbica, logrando interesantes articulaciones.3 La innovación más destacada consideran que fue la torre. En el transcurso del tiempo las cenefas con molduras externas se transformaron en una cubierta de machihembre o chapa, que junto a otras modificaciones ya le dan una imagen similar al chalé.
Había edificios con calefacción central que poseían una caldera que funcionaba a carbón, luego alimentada con Kerosén, y finalmente, todo lo reemplazó el gas en cilindros.
En lo que refiere a la edificación en Puerto Deseado, la edificación era en hierro y madera, a excepción de la estación del ferrocarril y algunos edificios que fueron construidos en piedra. Los obreros de este medio de transporte primero habitaron en carpas de lona, para ser trasladados luego a galpones de chapa y madera.
Llama la atención una Ordenanza proyectada por la Gobernación del territorio, casi en la Década del ’40, que indicaba la conveniencia de que la población utilice “material” para construir sobre la calle principal, dado que resultaba anticuado y antiestético las construcciones de zinc y madera, características de la zona. “También refería a la conveniencia de procurar el embellecimiento de plazas, paseos y arbolado de calles”.4 Esta solicitud no fue aprobada por todas las localidades ya que uno de los grandes inconvenientes ha sido siempre la provisión de agua.

Destacamos dada nuestra intención en la investigación como actividad comercial, la grasería "La Blanca" que se instaló en 1.903,en la localidad frente al muelle fiscal y, años más tarde, otra grasería, "The New Patagonia Meat and Cold Storage", construyó un ramal entre se cámaras frigoríficas y el muelle.
Entre los primeros comercios establecidos se encuentran la casa Braun y Blanchard y José Menéndez en 1.887, los que compitieron por el comercio en la zona hasta su posterior fusión, en 1.908, conformando la Sociedad Anónima de Importación y Exportación de la Patagonia, con un capital inicial de 180.000 libras esterlinas. La importancia de la firma se refleja en el hecho de que contaba con oficinas en Barcelona, Nueva York y Berlín, además de la casa de Punta Arenas. De este modo, hegemonizaba un circuito comercial, con el que era muy difícil competir.
Entre los comercios, de las primeras décadas del siglo XX, se podían contar: Varela y Fernández, en la esquina de Chacabuco y Alcorta, donde inicialmente estuvo el almacén de Luis Noya; la compañía Comercial de la Patagonia; luego reemplazado por la mercantil en San Martín y Zapiola; José Castillo, con un almacén, "el Austral", en Roca y Velez Sarfield; Mac Loewenthal con una tienda en la calle Roca, entre San Martín y España; Federico Brohme, depósito para el abastecimiento rural; Pablo Villalba, tienda "La Pequeñita"; Cecilio Freire con ropería para hombres; Gerardo Moradon, almacén; Luis Vázquez, tienda "La Porteña"; "Almacén Olimpo" de Antonio Adrover, en la calle Roca, entre Errázuriz y 25 de Mayo; "La Favorita" de José A. González, en Roca y 9 de Julio; Fadul Hermanos de Felipe Tufic y José Fadul; "Bar Oviedo" de Angel Perce. En la década del ’40 registramos la casa Adróver, La Anónima, Argensud, Casa Markic y Casa Gallardo, los fiambres venían enlatados y las aceitunas en toneles pero muchas cosas se las compraban a los viajeros aunque la bebida se las conseguía en los negocios del pueblo. La Anónima tenía la cerveza Quilmes y Argensud vendía cerveza Palermo. En el comercio de “Brigando” se compraba la leche en polvo y las cajas de bombones. Todo llegaba en barco una vez al mes. Los pollos se los compraban a “Chingolo” García que tenía su estancia después de la bajada de Chymen Aike, el reparto de la leche fresca los hacían los tambos de la granja San Jorge, la carne se la compraba en el almacén. En la Panadería Universal se compraba el pan de molde. Para la misma época San Julián contaba, además de La Anónima (presente en las otras dos localidades trabajadas también) y La Argensud, con los almacenes mayoristas de Anacreon Michudis, Jorge y Juan Lara, Rochil Ganam, Manuel Senlles, entre otros. Aunque también es importante destacar que la Swift tenía almacén, que vendía a precio de costo a los empleados.
 

La actividad bancaria en Río Gallegos se inició con el Banco Tarapacá y Londres, que se instaló en 1899. Al año siguiente abrió sus puertas el Banco Nación: estos atendían tanto al sector comercial como ganadero, fomentando el desarrollo de la zona. Igual situación se produciría en Puerto San Julián luego de 1921.
Algunos comerciantes que se instalaron en las primeras décadas, diversificaron sus actividades comprando campos. Muchos realizaron actividades comerciales, financiera como es el transporte marítimo, el cual permitió el contacto entre Pto. Deseado y Punta Arenas.
La floreciente actividad ganadera y la construcción de la línea ferroviaria, iniciada tempranamente en 1909, que pretendía unir este Puerto con el Nahuel Huapi, convirtiéndose en un lugar estratégico para la salida de la producción de la zona norte; atrajeron familias e individuos de diferentes países y zona de la Argentina, así fue creciendo Puerto Deseado
Hasta 1912, la vida institucional de Río Gallegos estaba regida por las autoridades territoriales, de acuerdo a los dispuestos de la ley N° 1532. La misma forma establecía que cuando las localidades alcanzaban en millar de habitantes podían elegir un concejo municipal. En 1912, se eligió un Concejo Municipal que, pese a las fluctuaciones de los primeros años, continúa en funcionamiento hasta la provincialización.
En esos años ya existía un importante movimiento comercial y la población contaba con algunos profesionales entre sus habitantes, tanto argentinos como extranjeros. De estos sectores provienen los primeros funcionarios municipales y como la norma no hacia discriminación en cuanto a las nacionalidades, veremos que gran parte de los mismos son inmigrantes.
Entre las iniciativas del Concejo varías tendían a mejorar la zona urbana mediante, por ejemplo, de la contratación de servicios de limpieza urbana, que se realizaba por medio de licitaciones que se renovaban todos los años. En cuanto a las necesidades en educación y salud, los reclamos eran constantes, pero las soluciones demoraban en concretarse. Uno de los problemas que debían atender fue la de alumbrado eléctrico, problema común con las otras localidades. El servicio fue brindado inicialmente por la Cía. de Alumbrado eléctrico de Río Gallegos. Era presidente de la misma el Sr. Joaquín Oños. El primer farol fue instalado en las calles Roca y Chacabuco. Se contó con el asesoramiento de técnico de la Cía. de Punta Arenas y se construyó la usina, que fue librada al servicio público el 9 de Julio de 1914 y estaba ubicada en la esquina de Zapiola y Fagnano. La compañía prestó el servicio hasta la década de 1930, en que se inauguró la Usina Eléctrica Municipal.
La complejidad que va adquiriendo la vida urbana se manifiesta también en otro aspecto que hace a la trama de la vida social, las actividades recreativas y sociales de la época. Por ejemplo, se concentran en los festejos patrióticos y los festejos de la colectividad.
La Sociedad de Socorros Mutuos de Río Gallegos realizaba con frecuencia espectáculos en su sede social, que incluían distintas manifestaciones, como teatro y espectáculos musicales, lucha libre y proyección de películas. Muchos de estos espectáculos se realizaban por compañías que llegaban desde Punta Arenas. En cuanto a la recreación también existían un hipódromo, que se ubicaba actualmente el campo de deportes del Boxing Club y pertenecía al Jockey Club, organizado en 1906. Las primeras películas se estrenaron en el restaurante de Vicente Uglesich , en 1912.

Así como en Gallegos, en Puerto Deseado también se funda la Sociedad de Socorros Mutuos de españoles, fundada el 7 de noviembre de 1915, cuyo fin era afianzar la identidad de su grupo étnico y ser nexo entre su patria y esta ciudad, así como generar un espacio para intercambiar ideas y brindar servicios (como por ejemplo médicos) o la asistencia que necesiten. La primera comisión directiva estuvo integrada pro Severino Álvarez, Salvio Fernández, González Días y Paulino Pelayo. Así la recuerda María Concepción, cuyo padre fue socio, como el lugar, el sitio de reunión para ir al cine o al baile. De estos bailes los más importantes eran los de carnaval, y dice que parecía todo el pueblo mezclarse de esa alegría carnavalera, por varios días y hasta una semana. Refiere que hasta el año 1935, cuando se instala la Usina Eléctrica de Guido Milano, los corsos de carnaval se realizaban de día dada la escasez de iluminación.
Los italianos deseadenses también se unieron en una asociación, fundada el 10 de octubre de 1914, llamada el Círculo Italiano M.S. “Gioconda”, los pobladores lo tienen presentes por las fiestas llevadas a cabo en su sede.

Las damas también tuvieron su organización en Puerto Deseado, con la “Sociedad de las Damas Beneficiarias” (15-1-1928), que organizaban kermeses para recaudar fondos, destinados a obras de caridad. Entre sus primeras integrantes se contaron María de Lamacrak, Irene de Puchulu, Ercilla de Sánchez, María de Rovillard, Celestina y Celia de Citan, Delia de Juárez, María de Tomasen, Migliorina de Conz.
Por su parte en Puerto San Julián se registrarán instituciones similares, la Sociedad Rural desde 1930, la formación del Municipio en 1933, la Cruz Roja Británica, la Asociación Chilena de Socorros Mutuos (1941), la Asociación Española (1942), el Aeroclub (1946). Mientras que en Puerto Santa Cruz, en 1909 se fundaba la Sociedad Española de Socorros Mutuos, actuando no sólo en la atención médica sino como centro de reunión para actividades recreativas, contando con Teatro, Club y la Imprenta Nueva Era. En 1923 nacía el Club Atlético Santa Cruz, en 1948 el Aeroclub
En otro campo de la vida social, se debe señalar el establecimiento en 1913 de una delegación de la Federación obrera, en la ciudad capital. Esta será la sede desde la que se organizan las huelgas de peones rurales en los años '20.
La Swift también tenía sus propias organizaciones como la Mutual para el personal administrativo y técnico, contaba con planes de ahorro y préstamos que se cancelaban si moría el contratante. Funcionó hasta la década del ’70.


Como hasta muy avanzado el siglo XX la calefacción era escasa, tenían que prender las estufas con leña o carbón, en las noches de invierno se dormía con guantes, no existían las camperas hasta más de mediados de siglo y se salía en pantalones cortos.
Cada casa poseía un tendedero formado por dos cuerdas largas en las que se colgaba la ropa a secar, pero en invierno, luego de un par de horas, se sacaban las prendas completamente “escarchadas”.
Los manteles y las cortinas eran arreglados en el hogar con una máquina de coser (normalmente de la marca: “Singer”) ya que en ese entonces había pocas tiendas razón por la que se cosía y se tejía mucho; aunque también existían sastres como los señores López y Ger, en Río Gallegos.
Para las fiestas se usaban abrigos de piel y los hombres saco y corbata. Los niños usaban pantalones cortos. Había ropa importada de Inglaterra. Los zapatos se distinguían entre los de fiesta y los ordinarios para las calles sin asfalto. Los zapatos “Patria” estaban reservados para el juego de los menores.



Para aquellos pocos que accedían, el avión también curaba males: Juan Tapia, el hijo de Flor Manuel Tapia y Elvira Vázquez cuenta que cuando “alguien tenía tos convulsa la cura era andar en avión, porque después le daba un terrible ataque de tos y al rato le pasaba la enfermedad”5. Cuando había mucho viento y los aviones “Piper” se daban vuelta era Juan Manuel Tapia quien los acomodaba con el tractor.

En la época en que sólo llegaban los barcos como medio de transporte que permitía el contacto con otras regiones eran común esperarlo no sólo por la llegada de parientes o nuevos pobladores, sino también porque traía provisiones que no se podían generar en la zona, que es el caso de algunas frutas, como por ejemplo uvas, que eran traídas en aserrín. Pero también en el barco ocurrían hechos que hoy podríamos considerar insólitos, como por ejemplo Emilio Rivas cuenta que tenía que hacer el servicio militar y, al enterarse que su destino era Melilla, decidió dejar España con su esposa Aurora y su hija, y partir a América. En el barco una señora le ofreció a Aurora leche condensada para su hija, pero Emilio, quien solo conocía la leche fresca, pensó que le haría mal y quiso tirarla por el ojo de buey.


Ciselli recopila en su libro sobre Puerto Deseado que además del abastecimiento de productos frescos que brindaban las chacras de Tellier, de los productos de mar y las diferentes conservas, los alimentos no perecederos se podían adquirí en las casas de Ramos Generales, además de los tambos y las carnicerías en los alrededores del pueblo. La carne de capón era uno de los productos que más se consumían, dado la abundancia en la zona. El pescado era otra de las posibilidades alimenticias, que lo salaban o preparaban en escabeche, buscando su conservación.

La avanzado el siglo XX los niños tenían una calesita en la plaza del pueblo, aunque los juegos comunes eran el domino, la oca, bolitas de vidrios, la pelota; en el caso de los adultos el juego por excelencia eran las cartas.
Ya desde época muy temprana existían clubes sociales como el Club Británico de Río Gallegos o el Tennis Club Río Gallegos, que consiguió el terreno donde luego construyeron la sede y la cancha propia. Algunas empresas eran privilegiadas y tenían su propia cancha de tenis, como fue el caso de la Swift en la capital provincial, pero “estaba todo cerrado, jugaban ellos, eran todos ingleses, europeos”, narra la señora Almonacid para referirse a esta costumbre practicada por la elite administrativa de la empresa.

Por los años ‘50 se organiza la primera carrera de automovilismo que da comienzo al Automóvil Club Río Gallegos. Guillermo Clark recuerda que las primeras carreras de autos en Río Gallegos se hacían en la calle del hipódromo viejo, “Gregorini tenía el mejor auto por eso ganaba siempre”. Las carreras eran algo que atraía la atención de la gente. En San Julián, recuerda Carmen Terán, las carreras de Ford T se hacían en la calle “ancha”, no eran muy frecuentes, pero asistía mucha gente.
El automotor también permitía llegar a puntos más lejanos para compartir otras tradiciones populares como el deporte o la música. El fútbol movilizaba al pueblo, a tal punto que el Municipio de San Julián contrataba colectivos para trasladar a su delegación durante los Campeonatos territoriales. También permitían la llegada de artistas que alquilaban “colectivos chiquitos” para realizar giras, como fue el caso del Niño de Utrera, según relato de Carmen Terán.

1 Isabel Almonacid, Casete II, lado B. Archivo Oral Municpal, ciudad de Río Gallegos.

2 Saint-Exupéry, Antoine de: Vuelo Nocturno Barcelona, Plaza Janes, 1976 Pág. 17

3 Cufré, Marcelo y Zonaro, María: “Análisis de la tipología de vivienda patagónica en Río Gallegos” en Baillinou, Juan (Dir.): Centenario de Río Gallegos (1885-1985) Bs. As., Municipalidad de Río Gallegos, 1985, Pág. 138.

4 García Alicia: “El origen de las localidades de Santa Cruz y algunos aspectos de su desarrollo” en en Godoy, Carlos (comp.) El gran libro de la provincia de Santa Cruz, España, Alfa-Milenio, 2000 Pág. 618

5 Beecher, Pablo, “Los Tapia una vida de siembra fecunda”, en Suplemento de “Historias del Domingo” Diario La Opinión Austral, Abril, 2002, Pág. 3