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La
Carolina - San Luis
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El acontecimiento más
importante de la época para San Luis, fue el descubrimiento de las minas de San
Antonio de las Invernadas, posteriormente La Carolina, situadas al pie del Cerro
Tomolasta. Según un expediente iniciado por don
Vicente Becerra, en 1786, para pedir la posesión judicial de esas tierras a
nombre de su esposa, legítima heredera de don Tomás Lucio Lucero, dichas minas
fueron descubiertas por un lusitano llamado Jerónimo, cuyo apellido declara no
recordar. Sin embargo, en el informe que el Gobernador - Intendente Marqués de Sobre Monte pasó al
Virrey, atribuye ese descubrimiento a Bartolomé Arias Renzel, agregando que a
fines del año 1784 empezaron dos sujetos a catear en aquel sitio y
descubrieron granos de oro, con los cuales se presentaron solicitando
posesiones o estacas y, para promover el adelantamiento de labores, se les
concedió con las dimensiones de la ordenanza de Nueva España (México).
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Vistas
de La Carolina tras una nevada. El cerro Tomolasta,
construcciones típicas de piedra y el monumento al minero
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El mismo Becerra declara que en principio se
suspendió el laboreo por falta de inteligentes, no obstante lo cual, Arias
Rezel sacó mucho oro, y pedía que, de acuerdo con las ordenanzas puestas en
vigencia, se obligase a los mineros a pagarles el 1%, así como el arrendamiento
de sus tierras. El Gobernador - Intendente dio la debida intervención en el
asunto a las autoridades de San Luis, y previos los informes del subdelegado
don Juan de Videla, proveyó en todo como lo solicitaba Becerra.La explotación de la Carolina se extendió en
poco tiempo a los lavaderos de Cerrillos Grandes y Cañada Honda, buscándose
otros filones en las fragosidades de la sierra. Entonces, Sobre Monte tomó varias providencias
para determinar el arreglo de la población, que empezaba a nuclearse; nombró un
juez comisionado; estableció un destacamento de milicias encargado de la
policía, y, finalmente, dispuso la apertura de caminos para facilitar las
comunicaciones y el comercio. La mayoría de los
mineros, ávidos de hacer rápida fortuna, comenzaron a sentirse desalentados por
no encontrar las riquezas que se imaginaban; algunos fracasaron a causa de su
inexperiencia en esta explotación; a otros les faltó constancia para permanecer
en aquellos parajes. Según los informes del comisionado, hubo
algunos que habían reunido muchas libras y uno solo, hasta tres arrobas de oro
puro, lo cual constituía un verdadero tesoro. Ante estos hallazgos volvieron
muchos mineros, y el mismo Sobre Monte mandó en enero de 1792 al asesor de la
intendencia, con el fin de inspeccionar detenidamente las minas y de informarle
sobre todo cuanto pudiera interesar a su fomento.
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Cuando
Rafael de Sobre Monte visitó la zona, encontró 25 minas
que se trabajaban, fuera de muchos individuos que habían
obtenido permiso para catear. Entonces, se dispuso la
traza de una población con el nombre de La Carolina,
en homenaje al rey Carlos III, perteneciente a la dinastía
Los Carolinos, y se repartieron solares entre los mineros,
construyéndose buenas casas de piedras.
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Hoy
se pueden realizar excursiones guiadas por el interior
de los túneles de las viejas minas de oro en La Carolina
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Conjuntamente con
estos trabajos, se mandaron abrir los cimientos de la iglesia, habilitándose,
intertanto, un oratorio para las prácticas del culto. Habiendo pedido al Gobernador un ensayador o
inteligente, para las labores mineras, el Virrey Arredondo aprovechó la llegada
de España del minero de profesión, José Maria Caballero, ex-alumno del Colegio
de Méjico, quien fue comisionado para trasladarse a La Carolina e informar
ampliamente sobre cuanto se relacionaba con la explotación minera. Caballero se trasladó a San Luis y llenó
cumplidamente su encargo, declarando: "que en el dilatado tiempo que
viajaba en ambas Américas no había visto un suelo en que la naturaleza se
mostrara tan pródigo para que los hombres se dedicaran a disfrutar de sus
riquezas", y agregaba que los mineros se contentaban con aprovechar una
pequeña parte del oro que tenían a la vista, en granos o en arenas gruesas e
indicaba la urgencia de introducir una maquinaria para moler los minerales
auríferos, así como debían hacerse cumplir las instrucciones en la manera de
hacer las excavaciones, lo que era indispensable a la seguridad de los
trabajadores y al mayor provecho de sus afanes. Finalmente, aconsejó el establecimiento de un
banco de rescate, para comprar el oro a justo precio y remitirlo a Potosí donde
debía ser amonedado.
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Otras
vistas de La Carolina y la zona. El Valle de Pancanta,
un atardecer, un arroyo crecido y una cabalgata al Salto
de la Negra Libre
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En esa época, el oro de La Carolina se llevaba
a Chile y se acuñaba en la Casa de Moneda de Santiago. Tanto el Virrey como el Gobernador
- Intendente
prestaron la mayor atención a este asunto. Se mandó a levantar un plano de las
minas y población de La Carolina, trabajo que fue encomendado al ministro de la
Real Hacienda de San Luis, don José
Ximenéz Inguanzo, ex marino y hábil topógrafo. En cuanto a la maquinaria, se pidió a Potosí el
modelo de la máquina de cuatro barritas ideada por el metalúrgico Juan Daniel
Weber, para ser utilizadas en nuestras minas. De acuerdo con ese modelo, se
construyó a fines de 1792, el primer Trapiche en el lugar que hasta hoy conserva su nombre, a ocho leguas de La Carolina, en las márgenes de un río
de mayor caudal de agua que el curso que
corre en la zona y, por consiguiente, con la fuerza hidráulica necesaria para los fines a que
era destinada. El laboreo continuó cada día en aumento dando excelentes
rendimientos; pues según las guías que dio la aduana ese año para la
exportación, éste alcanzó a más de 150 libras de oro puro, sin contar el que no
salió de provincia o el que se expedía subrepticiamente. En 1797 La Carolina tenía 50 casas bien
construidas y varios negocios importantes, que mantenían un comercio activo y
de consideración. Así continuaron los trabajos hasta las
invasiones inglesas, época en que fueron abandonados.
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La principal actividad del pueblo sigue siendo
hasta hoy en día la minería, pese a que en la actualidad no existe explotación
minera sistemática y de envergadura en la zona. Hay un marcado interés de volver
a explotar oro y otros minerales por empresas nacionales y extranjeras. La vieja mina se encuentra
inundada y abandonada; sin embargo los pobladores siguen lavando oro en el río,
con técnicas muy rudimentarias y primitivas.
La Carolina conserva sus antiguas casas de
piedra, sus calles de tierra, su río amarillo, y un excelente marco natural, a
solo 80 Km. de la ciudad de San Luis por un camino pavimentado en toda su extensión.
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Turistas
recorren las galerías de las minas con guías especializados
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| En la zona se han asentado
otro tipo de emprendimientos relacionados con la explotación forestal
y el turismo que organizan visitas a lugares sorprendentes como
el Salto de la Negra Libre o la gruta de Inti Huasi.
El Gobernador - Intendente
Rafael de Sobre Monte envió en su representación al oficial don Luis Lafinur, padre del ilustre
Dr. Juan Crisóstomo Lafinur, nacido, en aquel célebre lugar.
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A la izquierda, nota fechada en Córdoba en febrero de 1792 donde
Sobre Monte nombra al Alférez de Dragones Luis Lafinur
para "que contenga los excesos y administre justicia". Arriba
de estas líneas nota de Luis Lafinur dando cuenta al
Cabildo de San Luis de su arribo en marzo de 1792 al
Mineral de San Antonio de las Invernadas, que luego
se denominará La Carolina. Ambos documentos son del
Archivo Histórico de San Luis
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