|
Primera Invasión Inglesa (1806) |
||||||
|
|
||||||
|
|
||||||
|
Antecedentes y preparativos |
||||||
|
En
abril de 1806, la flota del Comodoro Home Popham aprovechó la circunstancia
de que España había sido derrotada en el mar por Inglaterra y se
encontraba aliada a Napoleón para aventurarse sobre el Río de la
Plata. |
||||||
|
|
Popham
y Beresford reúnen a los jefes a bordo de la fragata "Narcissus",
para tomar la resolución definitiva acerca de cuál será el objetivo
de ataque: Montevideo, por las poderosas fortificaciones que serán
de gran utilidad para la reducida fuerza invasora, si se produce
una violenta reacción de la población del Virreinato o Buenos Aires
donde se encuentran depositados los caudales reales destinados a
ser enviados a España. La perspectiva de echar mano al tesoro disipa,
finalmente, todas las dudas. |
|||||
|
|
El General inglés William Car Beresford, comandante de las fuerzas terrestres que tomaron Buenos Aires en 1806 |
|
||||
|
Pese a la gravedad de la situación, esa noche el Virrey asiste, junto con su familia, a una función que se realiza en el teatro de Comedias para festejar el cumpleaños de su hijo político Juan Manuel Marín. Su aparente serenidad, sin embargo, pronto habrá de desvanecerse por completo. En medio de la representación irrumpe en el palco del Virrey un oficial que trae urgentes pliegos enviados por Liniers desde la Ensenada. Los ingleses, esa mañana, acaban de realizar un amago de desembarco, aproximando a tierra ocho lanchas cargadas de soldados. Abandona inmediatamente el teatro, sin aguardar a que concluya la función, y se dirige rápidamente a su despacho en el Fuerte. Allí redacta y firma una orden disponiendo la concentración y el alistamiento de todas las fuerzas de defensa. Para no provocar la alarma en la ciudad, que duerme ajena al inminente peligro, dispone que no sean disparados los cañonazos reglamentarios. |
||||||
|
|
||||||
|
Comienza el desembarco |
||||||
|
En la mañana
del 25 de Junio, frente a Buenos Aires aparecen los barcos ingleses.
En el Fuerte truenan los cañones, dando la alarma, y una extrema
confusión se extiende por toda la ciudad. Centenares de hombres
acuden desde todos los barrios hacia los cuarteles, donde se ha
comenzado ya a repartir, en medio de un terrible desorden, las armas
y equipos. La
operación de desembarco continúa sin oposición alguna durante el
resto de la jornada. Al llegar la noche, Beresford pasa revista
a sus hombres bajo una fría llovizna que no tarda en convertirse
en fuerte aguacero. Son sólo 1.600 soldados y oficiales, y cuentan,
como único armamento pesado, con ocho piezas de artillería. Sin
embargo, esa reducida fuerza está integrada por combatientes profesionales,
para los cuales la guerra no es más que un oficio. |
||||||
|
||||||
|
El choque, en esas condiciones, no puede tener más
que un resultado. Marchando a través de los pajonales, las compañías
del regimiento 71 escalan resueltamente la barranca y, a pesar de
las descargas de los defensores, ganan la cresta y los arrollan,
poniéndolos en fuga. Sobre
Monte ha presenciado, desde la retaguardia, las acciones que culminan
con el abandono de la posición del Puente de Gálvez. En ese momento
se encuentra al frente de las fuerzas de caballería que, con la
llegada de refuerzos provenientes de Olivos, San Isidro y Las Conchas,
suman cerca de 2.000 hombres. Rehuye, sin embargo, el combate, y
emprende la retirada hacia la ciudad por la "calle larga de
Barracas" (actual avenida Montes de Oca). |
||||||
|
||||||
|
Mientras
tanto, en Buenos Aires reina una espantosa confusión. Desde el Riachuelo
afluyen, en grupos desordenados, las unidades de milicianos que,
sin disparar prácticamente un solo tiro, han sido obligadas a replegarse,
después de la retirada del Virrey. |
||||||
|
||||||
|
A las
4 de la tarde desembocan en la Plaza Mayor (actual Plaza de Mayo)
las tropas británicas, mientras cae sobre la ciudad una fuerte lluvia.
Los soldados ingleses, a pesar de su agotamiento, desfilan marcialmente,
acompañados por la música de su banda y sus gaiteros. El general
Beresford trata de dar la máxima impresión de fuerza y ha dispuesto
que sus hombres marchen en columnas espaciadas. La improvisada artimaña,
empero, no puede ocultar a la vista de la población el reducido
número de las tropas invasoras que se presentan ante el Fuerte. |
||||||
|
|
||||||
|
|
||||||
|
Inicio
/ Introducción / Sobre
Monte / El Virreinato
del Río de la Plata |
||||||
|
|
||||||
|
© Grupo Sobre Monte |
||||||