La provincia de Jujuy es un gran yacimiento arqueológico que está siendo descubierto por la ciencia y que debe ser trabajado por investigadores capacitados con el cuidado y la protección que merece tan ingente y vulnerable riqueza.

 

(Museo Eduardo Casanova)

 

    Las capas culturales descubiertas en Jujuy tienen una profundidad cronológica de alrededor de 9000 años a.C. con una serie de yacimientos precerámicos, con industrias líticas representadas por hachas de mano muy toscas y pesadas, raspadores e instrumentos manuales diversos fabricados en basalto, cuarcitas y otras rocas duras, instrumentos que utilizaban para la caza, el trozado y el raspado de los cueros de los animales aprovechados para su alimentación, vestimenta y abrigo.

 

    Las puntas de proyectil, mejor trabajadas en ambas caras con variedad de formas y tamaños, el invento de la tiradera, con etapas de nomadismo que en un siguiente estadio tendrá un avance crucial en la aparición y desarrollo de la agricultura.

 

   Primero  una etapa incipiente donde se siguen usando las hachas líticas e instrumentos de madera, y una etapa de agricultura altamente desarrollada con andenes y cuadros de cultivos como Sayate, Alfarcito, Doncellas y Coctaca.

 

    El hombre de este territorio cada vez estará más preocupado por su futuro espiritual, procuración que conocen los investigadores a través de dos manifestaciones: la funeraria y el arte rupestre.

 

    La funeraria, con distintas formas de inhumación, entierro directo y en urnas, construcciones especificas como sepulcros, casas-tumba, cistas, etc. y el ajuar fúnebre con elementos de la vida diaria, utensilios, armas, vajilla y otros fabricados para esa ocasión como eran ciertos vasos de cerámicas, prendas de vestir o insignias de poder.

 

    El arte rupestre, pintura o grabado en soporte rocosos de una amplia temática, desde la figura humana pintada en color rojo asociado a los sitios precerámicos más antiguos hasta los caballos, animal que sorprendió a los primitivos habitantes del Noroeste, cuya presencia demuestra que esas manifestaciones artístico-religiosas perduraron después de la conquista hispánica, Sapagua y Doncellas, entre otros.

 

    También marcaron hitos en rutas transitadas con finalidades mítico-religiosas, conduciendo a concentraciones o altares que aún perduran en el conocimiento de los pobladores que no descubren esos sitios a los extraños y los visitan en determinadas fechas repitiendo ofrendas y oraciones como en Cacuñayo, Tinate, Barrancas, Cerro Colorado, Rinconada, etc.

 

    Algo similar sucede en cuanto al ganado; las ceremonias que tienen como sujetos a todos los animales que poseen, recuas de burros, llamas, ovejas y cabras y hasta los pequeños animales domésticos, perros, gatos, gallinas y palomas que son señalados y acompañan a sus dueños en la trashumancia estacional.

Con estas etapas de desarrollo agro-alfarero llegamos a una cronología que ronda entre 100 años a.C. y los 1400 años d.C., momento del asentamiento incaico en el territorio de Jujuy.

 

    Los Incas se asientan a lo largo de la Cordillera de los Andes y en los valles transversales usando los poblados anteriores para enclavar sus tambos; es decir, aportan su cultura y fagocitan lo que hallan, cambiando parte de lo existente, nivelando su influencia mediante la imposición de su lengua, el quechua, y del culto al Sol, a excepción de la Quebrada de Humahuaca y los valles calchaquíes, que resistieron la invasión.

 

    Con el choque hispano se cierra el ciclo cultural del territorio Jujeño que conserva las tradiciones, esos bienes culturales de los que son depositarios.

La textilería actual tiene sus raíces técnicas y temáticas en elementos arqueológicos hallados junto a las momias; las piedras duras, la plata, la arcilla, dan cuenta de la tradición más pura, sin por ello limitar la creatividad del artesano.

    Jujuy ha sido y es motivo de estudio para arqueólogos, antropólogos y sociólogos. Boman, Ambrosetti, Debenedetti, Casanova figuran entre los pioneros.

 

 

(Pucara - Tilcara - Jujuy)

    Siguiendo el norte, en Tilcara nos recibe la mística presencia del Pucará, que majestuoso se impone visualmente, ocupando un punto estratégico de observación y defensa.
    Este antigal reconstruido parcialmente por los arqueólogos, nos transporta mentalmente a épocas antiguas, donde el hombre era uno con el medio y la Pachamama el nexo entre la vida y la muerte. Estamos en el corazón de la Quebrada que palpita al son de los sikuris y que en semana Santa se puede escuchar subiendo por los cerros en luna llena, en un esforzado ascenso hasta el Santuario de la Virgen del Abra de Punta Corral, donde más de mil sikuris y otros tantos prornesantes anualmente rinden tributo a su Virgen protectora. Durante esta semana se destaca, la presesión de las Ermitas, grandes cuadros realizados con frutos, flores y tierra de colores, que amalgaman las síntesis de una Pachamama generosa y una profunda devoción católica. 
    Tilcara se caracteriza por ser capital arqueológicas centro cultural con siete museos que expresan gran parte de la historia y el arte de nuestra quebrada. 
    Circuitos obligados son la Garganta del Diablo; subiendo por la falda del Cerro Negro y después de disfrutar de una gran panorámica, llegamos a este imponente cañón natural, más arriba, hacia los 3000 metros sobre el nivel del mar, en el ecosistema del Suni se aprecian Alfarcito y Casa Colorada, un extenso sitio de agricultura precolombina con los vestigios de antiguas terrazas y andenes de cultivo. 
Juella, atravesando una extensa área de cultivos típicos arribamos a este pequeño pueblo, protegido por su antiguo pucará, que domina las alturas y se encuentra hoy, poblado por cardones silenciosos. 
    Otros paseos lo constituyen las Cuevas de Aguirre, la Quebrada del Huichaira, los petroglifos de Ovejería, el mirador de Cerro Negro o los sembradíos de Chicapa entre otros.

 

Inca Cueva

Único tambo existente en la actualidad. Estos tambos escalonados a una distancia aproximada de 50 Km uno del otro, a lo largo del camino del inca tiene como uno de sus exponentes a Inca Cueva, cercano a Humahuaca, en la Quebrada de Chulín, a 5 kilómetros de la ruta 9, siendo el mismo, el más valioso exponente del arte rupestre prehispánico de la región.

Lo actualmente visible es una gruta de alrededor de 40 m de largo, 5 m de profundidad y alrededor de 10 m de alto, con la casi totalidad de sus paredes y techos cubiertos de pictografías en los colores blanco, rojo y negro, formando figu­ras geométricas y animales diversos, entre los que predominan las llamas.

Accesibilidad al lugar: camino de tierra, caminando.

Epoca del año que se puede visitar: todo el año. En verano se puede llegar a dificultar el acceso por lluvias.

Actividades que se pueden realizar: observación, sacar fotos,  caminatas, cabalgatas.