COMO MOLÉCULA ORGÁNICA
Realizaremos
una primera aproximación al estudio de las células, comencemos
con un análisis grosero que nos dará una idea de las distintas
moléculas que la forman.
Si trituramos un tejido en frío, por ejemplo, tejido muscular o hepático,
con un ácido diluido y con ayuda de un mortero, obtendremos, en principio.
una suspensión. Esa suspensión se puede filtrar, sepasrando
las sustancias solubles de las insolubles. En la parte soluble quedarán
las sustancias de bajo peso molecular (menor de 10.000) que se encuentran
en solución en el tejido. Estas sustancias son iones inorgánicos
(K+, Na+, Ca++, Mg++, Cl- y P). Entre los compuestos orgánicos, podemos
encontrar pequeñas moléculas como los azúcares, ácidos
grasos, aminoácidos y nucleótidos. Por otra parte, en el residuo
insoluble, de consistencia pastosa, quedarán las sustancias de elevado
peso molecular (hasta de varios millones). Estas moléculas gigantes,
las macromoléculas, son los polisacáridos, los lípidos,
las proteínas y los ácidos nucleicos. Para poder caracterizar
las macromoléculas, analizaremos las propiedades químicas
de sus componentes, que se pueden organizar en cuatro familias de pequeñas
moléculas.
Sabemos que los azúcares, los ácidos grasos, los aminoácidos
y los nucleótidos son cuatro familias de importancia central en la
bioquímica. Su estructura, así como las propiedades derivadas
de ellas, son características. Sin embargo, dentro de cada uno de
estos grupos existe una gran variedad de moléculas distintas.
Las moléculas a las que nos referimos se pueden encontrar libres
en el citoplasma funcionando como intermediarios de reacciones químicas
que capturan la energía derivada del alimento y la preservan para
necesidades futuras. También se encuentran asociadas formando las
macromoléculas, que constituyen estructuras de vital importancia
para el funcionamiento y perpetuación de la célula.
Los azúcares
El representante por excelencia de este grupo es la glucosa, cuya estructura,
en algunas de sus diversas configuraciones, se puede ver en la figura 2.4.
La glucosa es el monosacárido más abundante, constituye el
combustible principal de la mayor parte de los organismos y es también
la unidad estructural básica de polisacáridos de reserva como
la celulosa y el almidón.
Estructuralmente,
los azúcares se pueden encontrar tanto en su forma abierta como cerrada.
En el primer caso, las moléculas presentan varios oxhidrilos y un
aldehído o una cetona libres. Estos grupos funcionales juegan un
papel muy importante, ya que les permiten, por ejemplo, reaccionar con un
grupo oxhidrilo de la misma molécula para formar un anillo. Una vez
formado dicho anillo, el carbono involucrado en esa unión adquiere
la capacidad de unir- se a átomos de carbono de otra molécula
de azúcar, formando así un disacárido o polímeros
como oligo o polisacáridos. Las uniones que se establecen entre azúcares
se denominan glucosídicas.
Los
aminoácidos
Los aminoácidos son moléculas centrales para el funcionamiento
de las células, ya que constituyen las proteínas que -en definitiva-
son las que rigen el funcionamiento de la maquinaria celular. Existen muchos
aminoácidos que, si bien no forman parte de las proteínas,
cumplen importantes funciones biológicas, actuando en su mayoría
como intermediarios del metabolismo.
Todos comparten una estructura común: un carbono central (a), además
de un grupo carboxilo y uno amino, involucrados en las uniones a otros aminoácidos.
Sin embargo, la diversidad de cadenas laterales que se les pueden adosar
permite la existencia de los veinte aminoácidos distintos. Estas
cadenas laterales confieren a los aminoácidos -y a las proteínas
que éstos forman- distintas propiedades. Las cadenas laterales pueden
ser diferentes en carga y polaridad. Se las puede clasificar en:
1- No polares (hidrofóbicas);
2- polares pero no cargadas;
3- cargadas positivamente (básicas);
4- cargadas negativantente (ácidas).
Los aminoácidos se unen cabeza con cola por medio de enlaces peptídicos
entre el grupo carboxilo de uno y el grupo amino del otro. Dependiendo de
la composición de aminoácidos, y del tipo de cadena lateral
que éstos tengan, las proteínas varían en su reactividad
y función.
Como ya mencionamos, los aminoácidos, al agruparse en determinadas
secuencias, forman proteínas de diversa estructura y función.
El ordenamiento en una secuencia se denomina estructura primaria de las
proteínas. Los veinte aminoácidos que aparecen en los seres
vivos constituyen otro buen ejemplo de accidente evolutivo, ya que partiendo
de una misma estructura básica, el número de combinaciones
diferentes posibles es mucho mayor que veinte.
Dependiendo de la cantidad de aminoácidos involucrados, se forman
oligopéptidos o polipéptidos. Como consecuencia de la interacción
de sus residuos hidrofóbicos con el agua, las moléculas lineales
se pliegan sobre sí mismas y es la conformación espacial de
las proteínas la que determina su función. Además las
moléculas de proteínas pueden combinarse actuando como subunidades
de moléculas regulatorias más complejas, o asociarse a otro
tipo de macromoléculas.
Tanto las proteínas de función estructural como las de función
regulatoria (por ejemplo las enzimas), son indispensables para el desarrollo
de la vida. Las enzimas son las encargadas de regular procesos tan diversos
como la expresión génica, la síntesis
de proteínas, la degradación y síntesis de biomoléculas
y la división celular. Nos ocuparemos de ellas en las distintas secciones
en que se vean involucradas.
Los nucleótidos
Estas
pequeñas moléculas son las subunidades que forman los ácidos
nucleicos. Los nucleótidos del ADN,
al polimerizarse, constituyen los genes, en cuya secuencia se almacena la
información referente a todas las funciones y características
de las células. La estructura de doble cadena del ADN
resulta clave para la transmisión fiel de la información genética
a la descendencia durante la división celular. Asimismo, el plegamiento
espacial de las moléculas de ADN,
en interacción con sus proteínas asociadas, resulta clave
para la regulación temporal de procesos como la duplicación
y lectura de la información contenida en los genes. Por otra parte,
la transcripción de la información a secuencias de nucleótidos
de ARN mensajero, junto con la
síntesis
de otros tipos de ácidos nucleicos, como el ARN
de transferencia y el ARN ribosomal,
posibilita la construcción de proteínas en el citoplasma y,
en consecuencia, todos los procesos que dependen de esas moléculas.
En la sección dedicada al flujo de información volveremos
a ocuparnos de la importancia de estas moléculas. Los nucleótidos,
además de formar los ácidos nucleicos, cumplen también
una importante función como transportadores de energía química
dentro de la célula. como es el caso de la molécula de adenosín
tri-fosfato (ATP). Algunos desempeñan un papel fundamental en la
transferencia de grupos químicos entre moléculas, tales como
átomos de hidrógeno en el caso del nicotín adenina
dinucleótido (NAD) o el nicotín adenina dinucleótido
fosfato (NADP). Otros pueden transferir residuos de azúcar.
Algunos nucleótidos, como por ejemplo el adenosín monofosfato
cíclico (AMPc), constituyen importantes mensajeros dentro del citoplasma,
controlando reacciones químicas intracelulares en relación
a mensajes entre células.
Los
ácidos grasos
Los ácidos grasos, como los azúcares, son una importante fuente
de energía para las células y constituyen su principal sustancia
de reserva. Son almacena dos en el citoplasma en forma de gotas de moléculas
de triglicéridos que pueden ser degradadas a sustancias más
simples que entran al metabolismo y liberan gran cantidad de energía.
Sin embargo, el papel más importante de los ácidos grasos
es estructural, va que constituyen, junto a otros lípidos, uno de
los componentes básicos de las membranas.
Los ácidos grasos tienen una estructura particular que les confiere
características especiales: las denominadas propiedades anfipáticas.
Esto se refiere a que una parte de la molécula -el grupo ácido-
tiene propiedades hidrofílica, y otra parte -la cadena hidrocarbonada-
propiedades hidrofóbicas. Como veremos más adelante. estas
propiedades juegan un papel fundamental en el ensamblaje de las membranas.