“VIBORA DE CORAL”
(Nombre vulgar)

Nombre cientifico: Micrurus frontalis

Esta especie de brillantes colores rojos, amarillo y negro, y tamaño no muy grande, ha sido encontrada solo del lado argentino, con su subespecie Micrurus frontalis mesopotamicus, mientras que M. Frontalis altidotris, que vive en Uruguay, si bien probablemente existe en la zona, no está registrada en colecciones.
En la colección del Centro Nacional de investigación iológidcas, Buenos Aires, existen ejemplares procedentes de Concordia, Federación, Chajarí, El Cimarrón, Isthilart y Nueva Vizcaya.
En la morfología externa, es decir sus placas, escamas, etc., no se distinguen diferencias con muchas culebras inofensivas de la zona. El ojo es más pequeño que en éstas, aunque la forma de la pupila es igual, su cabeza no está diferenciada del resto de su cuerpo. Afortunadamente en la zona no existe ninguna culebra que presente un diseño con las características tan particulares de la especie venenosa, que consiste en serie de tres anillos negros (tríadas), entre los que se intercalan dos amarillos.


Estas tríadas se encuentran en número de 10 a 19. Son a lo largo del cuerpo. Están separadas unas de otras por un ancho anillo rozo corasino. Todos estos anillos son completos alrededor del cuerpo, es decir que se continúan en el vientre.
El tamaño de estas especies en el Uruguay oscila entre 18 y 80 cm. Similares dimensiones atribuimos a M. Frontalis mesopotamicus, excepcionalmente puede alcanzar 130cm..
La biología de esta “coral” es muy interesante por lo que mencionaremos algunos aspectos llamativos.
Su comportamiento ante un agresor es característico: siempre trata de huir, pero si se la acosa, esconde la cabeza bajo su cuerpo al mismo tiempo que enrosca y levanta la cola exhibiendo sus colores rojos. Esta actitud atrae la atención del enemigo sobre la cola, protegiendo la cabeza del posible ataque.
Se conocen algunas especies de culebras como la “Falsa Yarará de hocico respingado” (Lystrophis dorbignyi) y la “Falsa Coral” (Lystrophis semicinctus), que imitan esta conducta tan singular.

Vive en zonas rocosas, arenales y praderas, alimentándose de otros reptiles de pequeña talla.
Esta “coral” es ovípara y posee el curioso comportamiento de poner sus huevos (al igual que un número reducido de culebras y saurios) en la hoya de cultivo de hongos de hormigas cultivadoras del género Acromyrmex.

No es un ofidio agresivo. En la zona de influencia no se han registrado accidentes por corales, en los últimos 25 años. No obstante, su ponzoña es sumamente tóxica. A pesar de tener boca y colmillos pequeños, la inyección de veneno (en el caso de producirse) es importante por que al morder suele retener a la víctima.

   

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