HISTORIA  DE LA MEDICINA PRECOLOMBINA

 

El choque de culturas, y los insalvables obstáculos producidos por el lenguaje, no permitieron recoger mucho mas datos sobre otros procedimientos diagnósticos ya que, en el deseo de encontrar justificación a las crueldades de la conquista, con el sentido místico de su impulso misionero , la mayor parte de las noticias eran teñidas de una crítica despiadada, especialmente de todo lo referido al medico indígena y sus actos curativos.

Sin embargo, debemos mencionar la enorme influencia que en estos actos adivinatorios jugaban las sustancias alucinógenas. La acción biológica de estas sustancias que producen primordialmente un desarreglo mental consistente en la presentación de alucinaciones visuales, auditivas y sensoriales en general, así como un estado de trance y aspecto farmacológico, era interpretada por el antiguo aborigen como una forma de entrar en contacto con el mundo ignoto y misterioso de los espíritus.

Es muy importante entender claramente que el uso de estos alucinógenos tuvo una significación profundamente mística y religiosa. Era practicada por la élite intelectual, para entrar en contacto con los espíritus y no tenía absolutamente ningún rasgo que lo pueda confundir con el actual uso ilícito de estas mismas sustancias por algunos grupos sociales cuya actitud es puramente hedonística o escapista.

El uso de substancias alucinógenas y de excitantes por los practicantes de la medicina tradicional, en nuestras esferas  socioeconómicas inferiores, continúa muy desarrollado y sigue representando con claridad la supervivencia de métodos mágico-religiosos que aparecen en antiguos relatos.

 

A todas estas plantas, yen forma independiente de su localización geográfica, hay necesidad de agregar algunos otros vegetales biológicamente activos como narcóticos, excitantes o alucinógenos que  se utilizan como aditivos para reforzar o hacer más tolerable la acción de los alucinógenos mencionados. Entre estos están el chamico (Datura stramonium), el floripondio de diversas formas (diversas especies del género Brugmansia) y algunos tipos de tabaco silvestre (Nicotiana sp.) que , tomado en infusión, era también consumido por los antiguos aborígenes.

 

Por su intensa acción sobre las funciones del sistema nervioso central, no es extraño que el uso de estas plantas haya sido considerado como un acto inspirado por el demonio y haya pasado rápidamente a constituir un elemento cultural que por ser perseguido como idólatra y anticristiano, resultó rápidamente refugiado en los estratos más oscuros y secretos de la cultura autóctona superviviente.

 

Cabe mencionar por qué en las tumbas de nuestros cementerios antiguos encontraron restos óseos que demuestran la habilidad que sus cirujanos tuvieron para reparar adecuadamente fracturas óseas, para amputar miembros o para trepanar el cráneo.

Por esta razón, apenas llegados a nuestras costas, muchos conquistadores españoles dejaron de confiar en sus cirujanos barberos para entregarse confiadamente a los curanderos indígenas, que tenían, según todos los cronistas, gran habilidad para tratar heridas, arreglar fracturas y enderezar luxaciones.

Ellos simplemente utilizaban las plantas. Si a los que nosotros ahora llamamos “principio activo” ellos pudieron llamar “el espíritu de las plantas” o si la planta utilizada constituía un símbolo religioso o mágico o estaba en el total misterio la relación entre la sustancia material que se administraba y el efecto obtenido, no lo sabemos.


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