CONQUISTA DEL DESIERTO
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Durante el siglo XVIII, los araucanos- ya
consolidado el proceso de araucanización- se concentraron en fuertes
cacicazgos. Entre la Cordillera de los Andes, el río Diamante por el norte, el
Limay por el sur, y el Salado por el este se situaron los pehuelches, comandados
por jefes como Reuque Curá y Feliciano Purrán. |
húmeda entre las actuales provincias de Buenos Aires y La Pampa, se hallaba la dinastía de los Curá – los salineros- , con renombrados caciques cuya sola pronunciación transmitía una mezcla de respeto y terror, ellos fueron Calfucurá y su hijo Namuncurá. Al este de los ranqueles y al noreste de los salineros, el la zona de Trenque Lauquen, se encontraban los indios liderados por Pincén. En los campos de Tandil se asentaban las aguerridas huestes de Catriel y Coliqueo. Finalmente, entre el Neuquen y Río Negro, en la Región de las Manzanas, se asentaba otro grupo de araucanos dentro de los cuales se hallaban guénaquen y tehuelches araucanizado; su cacique más importante fue Shaihueque. |
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Pero en el siglo XIX se produjo un gran
fenómeno de nuevos agrupamientos, en donde las tribus mantenían su
independencia aunque uniéndose a los efectos de un objetivo común. Así se
fomalizaron dos importantes confederaciones de aborígenes: una, era liderada
por el cacique Calfucurá, quien tenía antepasados pehuenches, y había llevado
una buena relación durantes las gobernaciones del brigadier general Juan Manuel
de Rosas: pero falleció éste, volvió a "malonear" la frontera. La
otra gran unidad la componían los ranqueles. Los gobiernos porteños trataron
infructuosamente de mantener su frontera mediante la política de
establecimiento de fortines y tratados por los cuales se otorgaban beneficios
alos aborígenes-yerba, tabaco, azúcar, harina, jabón, ganado, bebidas
alcohólicas, etc.-a cambio de que éstos se mantuvieran en paz. Pero en la segunda mitad del siglo xix,
una nueva inserción de la Argentina en la economía mundial dio paso relevante
a ciertos elementos-materias primas-cuyos procesos productivos fueron captados
por las clases adineradas. Así, comenzó a tener importancia el ganado ovino
para abastecer la cada vez mayor producción textil europea, y el ganado vacuno
dada la aparición de los barcos frigoríficos que podían trasladar dicha carne
hacia diferentes puntos del mundo con cierto grado de eficiencia. De esta
manera, surgió como prioritaria, para las presencias de turno, la necesidad de
acopiar el mayor número de hectáreas posibles, para así también hacer
desaparecer las fronteras in trenas de un país que ya se había dado su
Constitución en 1.853. A partir de la presidencia de Domingo
Faustino Sarmiento(1.868-1.874), el ejército de línea inició una tarea de
modernización de su equipo militar, y uno de los cambios fundamentales fue la
adquisición del fusil de retrocarga Remington y del revólver, en sustitución
de los fusiles y las carabinas de chispa. En la siguiente presidencia, la de
Nicolás Avellaneda(1874-1880), el llamado problema del indio comenzó a
finiquitarse. Su primer ministro de Guerra Adolfo Alsina, inició su plan de
avanzar la línea de frontera tomando y asentando fuertes y fortines en los
lugares claves, a partir de los cuales se levantarían poblaciones. Esta nueva
línea de fronteras se comunicaría con Buenos Aires mediante el telégrafo y
estaría ayudada en su defensa por un gran foso de dos metros de profundidad
para dificultar los malones, particularmente el arrío de ganado hacia sus
bases. Entre 1876-1877 quedó establecida una nueva frontera con nuevos fuertes
erigidos en Trenque Lauquen, Guaminí, Carhué y Puán. Para el joven general Julio Argentino
Roca esta política para con el indio no le parecía adecuada. Su proposición
consistía en localizar a los aborígenes en sus tolderías e iniciar una guerra
ofensiva continuada y sistemática. A fines de 1877 moría Alsina y Roca ocupaba
su puesto, poniendo en marcha en su plan. Una primera campaña se llevó a cabo
en 1878 y la segunda al año siguiente. En Julio de 1879 todo había terminado.
Muchos aborígenes lograron huir hacia la Patagonia, y otros tantos lograron
cruzarla. 14000 aborígenes fueron capturados, transladándolos a la fundación
de alejadas colonias, incorporándolos a la M arina de guerra, tomándolos como
sirvientes, destinándolos como trabajadores forzados a la Isla Martín García,
a donde fueron a parar unos 800 ranqueles para picar adoquines para las calles
de Buenos Aires. Por cierto, nada sabemos de la cantidad de indios que murieron
en combate, fusilados, o muertos de hambre, o por alguna enfermedad mortal (
cólera, fiebre amarilla o viruela). Los pocos que sobrevivieron, iniciaron
una etapa nada feliz: la marginación. Y con ella comenzó no sólo su
desaparición física, sino también su desaparición cultural.
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