Los gobiernos totalitarios:

Según los norteamericanos, el objetivo de la Primera Guerra Mundial era consolidar la democracia en todo el mundo. Al finalizar la contienda, este fin parecía logrado: las antiguas monarquías absolutistas se habían derrumbado y el “gobierno del pueblo” se había hecho cargo del poder. Pero la situación mundial no acompañó a los nuevos gobiernos, que se deformaron en organizaciones unipartidarios: los regímenes totalitarios. La corriente predominante entre estos gobiernos de derecha la liberal - conservadora de tendencias moderadas. Sus principales características fueron: aversión a la democracia y los partidos políticos ;  estructura militar de peso en el estado y la sociedad ; exaltación nacionalista traducida en la expansión territorial ; violencia ante los opositores ; racismo extremo contra etnias extranjeras ; firme antisocialismo ; glorificación de algunos elemento míticos que servirían de modelo a seguir por el pueblo.

Italia: Fue en Italia donde nació el primer gobierno de este corte. los italianos se vieron defraudados por los tratados de paz, sobre todo en los puntos referente a las colonias y los territorios austríacos. La crisis económica que siguió a la guerra produjo el fortalecimiento del partido comunista, al que se adhirieron la mayoría de los obreros. Pero las teorías socialistas también fracasaron y el vacío de poder fue ocupado por una nueva corriente político - social: el Fascio de Combattimento. El jefe de este movimiento era Benito Mussolini, nacido en 1883 en un pueblo de la Romaña. Desde joven se afilió al partido socialista, desde donde condenó la guerra en la Tripolitania (Libia) y en Turquía. Dirigió el diario del partido, el “Avanti!”, desde el cual inició una campaña revolucionaria que le valió muchos encarcelamientos. Pero al iniciarse la guerra, Mussolini atacó duramente la política pacifista de su partido, por lo que fue expulsado del mismo. Despechado, fundó el diario “Il Popolo d’Italia”, de tendencias nacionalistas. El 23 de marzo de 1923 creó en Milán una organización política propia, que muy pronto captó adeptos en todas las clases sociales: había nacido el partido Fascista. La agrupación se destacó por revivir las costumbres del imperio romano: utilizaron el haz o Fascio como símbolo de poder, al igual que otrora lo hiciesen los cónsules del Imperio Romano, y popularizaron el saludo de la mano alzada, característico de la sociedad italiana de la Edad Antigua. La nueva congregación se popularizó espontáneamente, ganado algunas bancas del Parlamento en 1919, aunque siendo superado por los socialistas. El programa fascista incluía la sanción de una nueva ley fundamental, en la que los obreros serían representados, en detrimento de la Iglesia y la monarquía. Pero la situación cambió por completo en 1920: el partido Socialista se dividió en dos grupos enemigos, y la crisis política produjo un acercamiento popular hacia la derecha. La clase media reclamaba un hombre fuerte que acabase de una vez con el sufrimiento, y Mussolini se sintió identificado. Para lograr la aceptación general, borró toda medida radical de su programa, llegando a prohibir la publicación del plan revolucionario original de los fascistas (1922). El gabinete liberal, dueño del poder, no midió las consecuencias de tamañas maniobras: el 28 de octubre de 1922, cuatro colaboradores de Mussolini arengaron a casi 50.000 “camisas negras” (nombre de las tropas de choque del fascismo) a entrar en Roma, donde se introdujeron sin encontrar resistencia del gobierno. La Gran Marcha sobre Roma, como es conocido este episodio, produjo el nombramiento de Mussolini como Primer Ministro de Italia, con lo cual tomó las riendas del poder sin ningún tipo de oposición. Sin embargo, la dictadura no se implantó en el acto: en un lapso de cuatro años, el Duce, nombre honorífico de Mussolini, suprimió las garantías constitucionales paulatinamente, y recién proclamó la autocracia el 30 de diciembre de 1926, cuando acabó con la libertad de prensa. Para ese entonces, el partido Fascista dominaba el Parlamento. Fue sólo entonces cuando Mussolini se detuvo a pensar en cuál era la ideología de su partido... y no la encontró. La política de acción continua había privado a su corporación de una organización doctrinaria. Para contrarrestar este factor, que podría ser utilizado por los opositores, se encargó de conformar un plan que englobara sus ambiciones. El nuevo programa fascista fue publicado en invierno de 1927 e implicaba la oposición a todo intelectualismo y promovía un nacionalismo belicoso, agresivo y expansionista. El estado ideal debía estar compuesto por un ejército fuerte y obediente y por una sociedad que sostuviera esos valores. Para cumplir con su proyecto, el Duce necesitaba un campo de acción donde iniciar la expansión italiana y formar su propio imperio. Italia ya le “quedaba chica” y no podía conformarse con Libia, Somalía y su poder sobre Balcanes. Entonces centró su mirada en Abisinia (actual Etiopía), último estado independiente de África. La guerra estalló el 3 de octubre de 1935. Italia fue automáticamente sancionada por la Sociedad de las Naciones, sufriendo un boycott. Pero poco importó a los italianos esta medida, ya que su posición frente a las grandes potencias era estable: Inglaterra no podía condenarla por su colonialismo  debido a que ella misma jugaba ese juego ; Francia necesitaba un estado fuerte para contrarrestar el poder de Alemania en el este de Europa ; y Estados Unidos siguió con su política aislada. El 5 de mayo de 1936 las tropas italianas entraron en Addis Abeba, la capital etíope, proclamando a Víctor Manuel III emperador de Abisinia... y el boycott cesó. Las sanciones fueron levantadas y el asunto quedó en la nada.  Algunas personalidades se opusieron a esta política, pero fueron barridos: Mussolini era el dueño de la Italia entera, y ostentaría este poder por casi veinte años más.  

 

Unión Soviética: Cuando Lenin murió, en 1924, no había designado sucesor. A Trotsky se lo consideraba demasiado radical ; Kaménev y Zinoviev no estaban a la altura de las circunstancias. Fue por eso que el Soviet Supremo designó a Stalin (en ruso, acero), como el nuevo jefe de estado de la U.R.S.S. El verdadero nombre de este hombre nacido en Gori (Georgia) era José Vissarionovich Dugaschvili, fue designado secretario del Partido Comunista en 1922. Su rival más peligroso en la disputa por el poder era Trotsky, por lo que se alió con Kaménev y Zinoviev, formando la troika (triunvirato). Luego de algunas maniobras políticas, Trotsky se vio condenado a prisión, al igual que los dos aliados de Stalin, de los cuales este ya no necesitaba. Los tres detenidos se unieron en contra del nuevo dueño de la U.R.S.S., pero el poder de este era demasiado fuerte. Fueron vencidos en 1926 y debieron exiliarse para no ser asesinados por la K.G.B. La situación económica soviética era alarmante. Como resultado de casi siete años de guerra, la industria y la agricultura no funcionaban. Stalin ideó el primer plan quinquenal, que fue publicado el 1º de octubre de 1928. El objetivo del programa era doblar la producción nacional en un período de 5 años. Pese a los numerosos reveses y errores, en 1933 Stalin pudo proclamar el éxito de su programa. La oposición suscitada entre los kulaks o campesinos propietarios fue ahogada en sangre. En la campaña de “deskulakización” ocurrida entre 1930 y 1933, encontraron la muerte casi diez millones de personas. así se convirtió la Unión Soviética en un país industrializado y con una agricultura colectivizada. Stalin quería crear un estado monolítico donde pudiese dirigir la vida de sus ciudadanos a su antojo. Con el segundo plan quinquenal, iniciado en enero de 1933,   la situación social existente tuvo un gran giro: la obtención del divorcio se hizo muy difícil, la justicia fue implacable y se practicó la tortura. Se  crearon rígidas jerarquías militares que constituyeron la nueva sociedad civil. El arte, que en los primeros años del gobierno de Stalin fuese libre, fue obligado a mantener un tenor socialista en sus obras. En noviembre de 1933 Estados Unidos inició su trato diplomático con la república soviética, la cual fue aceptada en la Sociedad de las Naciones en septiembre de 1934. Stalin, que temía al poder expansionista alemán, firmó un pacto con Francia y Checoslovaquia (mayo de 1935). Un año después Stalin quiso hacer creer a los occidentales que deseaba una orientación más derechista, por lo que sancionó algunas leyes de propiedad privada, que fueron letra muerta en el país. La situación en política internacional, que favoreció a Stalin, no fue acompañada por la situación interna. En 1934 fue asesinado Sergei Kirov, la mano derecha y sucesor de Stalin, por lo que este realizó una ola de terror que diezmo la guardia del partido bolchevique y en la que cayeron los más altos funcionarios del Soviet, implicados en el asesinato. Esta matanza se conoce como la gran Purga. En 1936, al estallar la guerra civil española, la U.R.S.S. apoyó al partido republicano con el envío de tropas voluntarias, las Brigadas Internacionales, que fueron en realidad una pantalla para eliminar a algunos militares molestos, a quienes se le disparaba por la espalda en plena batalla. Las purgas terminaron recién en 1939, cuando el caos político parecía inminente. En 1938 se aprobó el 3º plan quinquenal, pero este no tuvo efecto porque fue detenido por una catástrofe mundial: la Segunda Guerra Mundial.

Alemania: Adolf Hitler nació en 1889 en Braunau (Austria), en una familia pobre. Su vocación era la arquitectura, pero falló dos veces en los exámenes de la escuela de Arquitectura de Viena, donde vivió asilado en los asilos de indigentes. Aprendiz de albañil, se relacionó con algunos obreros socialdemócratas. Aunque despreciaba el socialismo, le gustaba la idea de un nacionalismo fuerte y militar. Herido dos veces en la Primera Guerra Mundial, recibió la Cruz de Hierro. Cuando se trasladó a Munich, en 1919, consiguió empleo en un regimiento como encargado de la educación de los oficiales. En esa época se afilió al DAP (Partido Alemán de Trabajo), de inclinación nacionalista, donde fue propagandista. Los progresos del partido, en el cual el pueblo veía a los vengadores de la humillación de Versalles, lo incitaron a fundar dos agrupaciones paramilitares: la SA (tropas de asalto) y la SS (sección de seguridad), que lo ayudaron a eliminar a los hombres fuertes del partido. Para 1920 era el dueño del nuevo partido nacionalsocialista alemán, y elaboró un discurso en el cual instaba a los alemanes de la raza pura (los arios) a congregarse para formar la Gran Alemania. El tinte racial del programa hizo eco en muchos ciudadanos, que consideraban a los judíos como los responsables de la derrota alemana. En 1923 Hitler consideró llegado el momento de actuar. La ocupación francesa del Rhur y las tentativas de independencia bávara habían creado un clima propicio para la revolución. El 8 de noviembre de 1923, Khar, principal promotor del levantamiento en Baviera, estaba dando un discurso en la mítica cervecería Bürgerbraükeller, cuando Hitler irrumpió con algunas fuerzas armadas y proclamó la revolución nazi, que se iniciaría en Baviera y llegaría hasta Berlín. Khar fue convencido por Hitler de participar, pero a último momento se echó atrás, y Hitler cayó con sus colaboradores, siendo encarcelado. La sentencia llegó en febrero de 1924: 5 años de prisión. Pero una amnistía lo liberó a los nueve meses. En prisión había empezado a escribir Mein Kampf (Mi lucha), aparecido en 1925, el cual sería la base de su gobierno. La crisis de 1929 produjo un fortalecimiento en el partido nazi, el cual había sido desprestigiado por los buenos resultados del gobierno, que triunfó en las elecciones de 1930, obteniendo 107 escaños en el Reichstag. La presión de los nacionalistas se hizo sentir y en las elecciones presidenciales de 1932, Hitler fue derrotado por un escaso margen por Hindemburg. Pero una vez más, la situación benefició a Hitler. Los problemas económicos se agudizaron y el pueblo exigió una personalidad fuerte para acabar con esa agonía: esa personalidad era Hitler. En las elecciones legislativas de 1932 obtuvo la mayoría en el Reichstag . Pero estos sufragios fueron revocados, y en la nueva votación, los nazis perdieron 34 escaños. Sin embargo, al renunciar el canciller Papen, el puesto quedó vacante y Hindemburg consideró que teniendo a Hitler a su lado, la paz interior estaba asegurada. Hitler asumió sus funciones el 30 de enero de 1933 y pronto inició un gobierno autoritario, suprimiendo el Reichstag y alejando a todos los opositores con ayuda de la SA. Para acabar con cualquier tipo de contrariedad el nuevo canciller decidió incendiar el palacio de la legislatura, pero cuando las tropas de la SS llegaron al lugar, el edificio ya ardía como fruto de la locura de un anarquista holandés, que fue procesado y condenado a muerte, dejando a Hitler con una victoria absoluta. Los nacionalistas usaron este hecho para proclamar el estado de sitio y suprimir las garantías constitucionales. Las nuevas elecciones legislativas dieron al partido nazi 316 escaños, sobre 600 existentes, o sea una mayoría absoluta. Así apoyado, Hitler propuso una ley por la cual se le entregaban poderes dictatoriales por 5 años: la medida fue aprobada y las SA y SS, junto con la policía secreta (Gestapo) iniciaron la intervención de la educación, la industria y la política: la dictadura racista ya estaba en marcha. El 30 de junio de 1934 y en días posteriores, y alarmado por algunas maniobras de los opositores, Hitler inició una matanza sangrienta de la SA conocida como “la noche de los cuchillos largos”. De esta manera acabó con la poca oposición existente. El 2 de agosto de ese mismo año moría Hindemburg, y el jefe nazi no tuvo problema en hacerse proclamar Jefe de Estado y comandante supremo de todo los ejércitos. Declinó el título honorífico de presidente del Reich pues prefería ser llamado Führer (guía). Para ese momento, y por instigación de Hitler, Alemania se había retirado ya de la Sociedad de las Naciones. Para colmo, había intentado la intervención en la política austríaca. Las potencias vencedoras veían con negligencia como Alemania se convertía nuevamente en la mayor potencia militar de Europa. Los estados del este europeo firmaban acuerdos con Hitler para garantizar su integridad a cambio de concesiones económicas. Las victorias diplomáticas de los nacionalistas eran impresionantes. Francia era la única que reaccionaba ante el rearme alemán, pero ni estados Unidos ni Inglaterra la apoyaban. Rusia era un caso aparte: su política internacional era unilateral y no aceptaba alianzas defensivas. Además, firmar un pacto con Francia significaba atraerse el cólera de Alemania sin ningún fruto. En 1935, el Sarre se unió a Alemania, que tuvo una puerta de acceso a Francia. El 16 de marzo de ese mismo año, Hitler volvió a burlarse de los franceses y del tratado de Versalles al instaurar el servicio militar obligatorio. La armada y el ejército, así como al aviación germana, superaron hondamente los topes establecidos en el tratado. La crisis terminó de agudizarse con la remilitarización de la Renania, en 1936. Ese mismo año, al estallar la guerra civil española, Alemania utilizó las comarcas castellanas como campo de prueba para sus nuevas armas, además de consolidar la alianza entre Italia y los germanos mediante el pacto de acero, que conformaba el eje Roma - Berlín ( mayo de 1939), al que luego se le agregaría Japón por el tratado de Anti - Kominter (agosto de 1939), formando el eje Roma - Berlín - Tokio. El 13 de marzo de 1938, las tropas alemanas invadieron Austria y la proclamaron estado alemán, iniciándose así la construcción de la Gran Alemania. Esto no fue todo: 6 meses después, Checoslovaquia era partida al medio y los Sudetes, región de mayoría alemana, entregado a Hitler, quien de esta manera congeló al único estado de Europa oriental que podía enfrentarlo con esperanzas. Francia estaba desesperada pero no encontraba eco en Inglaterra o Estados Unidos. Muy pronto, estas dos potencias se arrepentirían de haber dado tantas concesiones a Hitler.

                                                                                           

   La guerra civil española: Desde principios de siglo, España había desarrollado tímidamente una industria nacional, aprovechando la Primera Guerra Mundial. Al principio del reinado de Alfonso XIII se había intentado aplicar el régimen parlamentario de manera democrática. Sin embargo, las luchas entre socialistas y conservadores signaron el entorno político de esta ex - potencia, que se debatía entre huelgas y asesinatos de dirigentes gremiales así como también terrorismo e intentos de levantamientos. las cosas empeoraron en 1921, cuando Marruecos ocupó las colonias españoles en el norte de África. El rey estuvo a punto de abdicar y el país parecía al borde del precipicio. Pero apareció una figura que lo salvó de caer: el General Primo de Rivera, quien tomó el poder en 1923 con ayuda de Alfonso XIII, e implantó una dictadura con la que volvió el orden y la paz. El régimen monárquico se aseguró el poder y la estabilidad mientras Primo de Rivera ocupó la dirección de España, pero a la muerte de este (1930) las sublevaciones volvieron a ser moneda corriente y la monarquía quedó herida de muerte. En las elecciones del 12 de abril de 1931 los republicanos triunfaron y Alfonso se asustó, por lo que se exilió en Roma y se proclamó la República el 14 de abril. Sin embargo, las soluciones no se encontraron y los cuatro primeros años de la II República española fueron una seguidilla de levantamientos y huelgas generales. El 13 de julio de 1936 el dirigente conservador Calvo Sotelo fue asesinado por los republicanos, lo que produjo un alzamiento militar en Marruecos el 17 de ese mes. La revolución de los nacionalistas se propagó a Sevilla, Granada, Córdoba, Salamanca, Zaragoza, Burgos, Valladolid y Galicia, siendo reprimida en Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga y Bilbao. Ambos bandos pidieron ayuda a los extranjeros: los nacionalistas se aliaron con Alemania e Italia, mientras que los republicanos lo hicieron con Rusia. Los alemanes llegaron a enviar 7.000 soldados, los italianos 14.000 y los rusos 24.000, pese a que las potencias occidentales condenaron cualquier intervención en la guerra civil. En 1936, los nacionalistas sitiaron Madrid sin resultados, y luego perdieron algunos territorios durante los principios de 1937. Para contrarrestar la acción republicana, el general Francisco Franco (comandante de las fuerzas nacionalistas) ocupó el norte de España en una campaña relámpago (abril - octubre de 1937), en la cual el hecho más recordado significó el bombardeo alemán sobre la localidad de Guernica, que fue el primero de su clase y causó una devastación total (26 de abril). La zona gallega - asturiana fue dominada por Franco tras vencer en la batalla de Brunete. La suerte de las provincias septentrionales se vio sellada con la victoria nacional en Bilbao, aunque las tropas vencedoras no pudieron tomar Santander (agosto - septiembre de 1937). En 1938 los nacionalistas llevaron la ofensiva a Aragón y Cataluña, donde vencieron. Esta acción decidió el final de la guerra, pues los republicanos se vieron completamente rodeados. la situación en Madrid se hizo insostenible, y los grupos anarquistas organizaron una revuelta que devastó la ciudad (5 de marzo de 1939). El camino quedó limpio para los nacionalistas, quienes penetraron en la capital el 29 de marzo. El 1º de abril finalizó la guerra, con la victoria de Franco, proclamado nuevo dictador, y un saldo de un millón de muertos e igual cantidad de exiliados.   

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