La crisis de los Balcanes

 Se pueden distinguir tres conflictos que se presentaron en los Balcanes casi al mismo tiempo, convirtiendo a esta región en el polvorín europeo. En primer lugar, las diferentes nacionalidades que la habitaban deseaban la autonomía frente al poder de los otomanos en el sur y el este, y los austríacos en el norte y el oeste, pedido que los países mencionados no aceptaron. En segundo lugar, el reino eslavo de Servia deseaba construir un imperio paneslavo bajo su hegemonía, lo que produjo nuevamente la ira de los otomanos y austríacos. Por último, Rusia estaba interesada en la zona, buscando acceder al Mediterráneo. Se presentaba como la protectora de los eslavos, se puso manifiestamente en contra de los deseos de Austria y el Imperio Otomano. Todas estas problemáticas se aunaron para formar un estado de tensión continuo durante las dos primeras décadas del siglo XX. Los dos conflictos que estallaron en el lugar tuvieron fines diametralmente opuestos. La primera guerra balcánica se desató en 1912, y enfrentó a la Liga Balcánica (Grecia, Bulgaria y Servia) frente a los otomanos, los cuales fueron derrotados y expulsados totalmente de la región. La segunda guerra balcánica estalló al año siguiente, pero en esta ocasión los antagonistas fueron Bulgaria frente a los demás estados de la península. Los búlgaros se vieron ayudados por los austríacos,  pero fueron derrotados. La paz de Bucarest (agosto de 1913) redujo el territorio de Bulgaria, le otorgó una salida al mar a Servia y se creó el estado de Albania. Austria promovía las peleas internas entre las repúblicas eslavas para mantener su hegemonía en los Balcanes, frente a la oposición rusa ante cualquier intento de conquistar la zona.  

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