Folklore - Introducción

Así como el país se divide en diferentes regiones de acuerdo a sus más importantes rasgos geográficos y climáticos, también en relación a lo cultural pueden identificarse distintas zonas, cada una de ellas con características propias, aunque tal vez no independientes entre sí, todas ellas son permeables a las influencias de las regiones vecinas, o incluso de los países limítrofes. De este modo se construye el mapa del folklore argentino, un mapa cuyas divisiones no respetan los límites geográficos.

Aunque en la actualidad prácticamente no existe la creación colectiva que era común en el pasado, se pueden encontrar en su lugar creadores individuales, que obviamente atribuyen algo de su personalidad a la obra. Pero de cualquier modo, no se puede obviar o ignorar el factor común que agrupa a varios de ellos, ya que cuestiones ineludibles, como la tradición del lugar donde viven, e incluso su geografía, llegan a imponerse en las producciones de los artistas de un modo más que notorio. Es por eso que más allá de la educación que cada quien haya podido tener, o incluso de su formación académica; lo cierto es que el pensamiento y la sensibilidad de estos artistas se ve altamente determinada por su entorno.

Regiones

Centro - Noroeste

La zona centro - noroeste comienza en la mediterránea provincia de Santiago del Estero. Presenta ritmos tradicionales como la chacarera, el gato o el escondido, que son interpretados indistintamente por solistas, dúos o conjuntos que utilizan guitarras o el bombo legüero -un instrumento de percusión santiagueño. También existen variantes de ocasional difusión, como el remedio y la arunguita, todos bailables. En la zona de Salavina, debido a lo arraigada que está la lengua quichua, la expresión es bilingüe; allí, en las formaciones musicales, entra también el violín y la vidala; se canta preferentemente a dúo y no tienen coreografía.

El sur de la provincia de Córdoba está sumamente influenciado por la música cuyana; en la zona de Tulumba es característica la chacarera; en el resto de la provincia, la zamba, la jota cordobesa, el bailecito cordobés y el gato.
En La Rioja predominan la chaya y la vidalita riojana y en Tucumán la zamba, de gran difusión en todo el país, y cuyo baile es considerado como danza nacional.
En Salta se halla el epicentro de la zamba, aunque también es importante allí la baguala, que se canta a dúo y en contrapunto. Finalmente, en la provincia de Jujuy, la Puna se continúa con el altiplano boliviano, estableciéndose una corriente de indudable simpatía musical.

De esta última región debemos destacar el huayno, la cueca, el yaraví, el triste, el bailecito y el carnavalito; todas estas composiciones son interpretadas indistintamente por solistas, dúos o conjuntos. Se utilizan guitarras, bombos y los instrumentos eminentemente folklóricos como la caja, y los aerófonos como la quena, el pincullo, la anata y el erke. En la forma bailada son todas danzas de pareja suelta.

 Litoral

La zona noroeste argentina es la denominada del litoral (fluvial), y comprende las provincias de Misiones, Chaco, Formosa, Corrientes y Entre Ríos; y presenta marcadas influencias en la de Santa Fe.
En Misiones, que limita con tres países, se funde lo guaraní con algunos rasgos brasileros (provenientes de Río Grande, al sur de Brasil, que presentan sorprendentes analogías con las formas litorales y Bonaerenses de la Argentina). En este lugar se mezclan los resultados de varias influencias: la inmigración europea; que trajo el schotis, al que se le agregó la casi obligada deformación lugareña, convirtiéndose así en el ritmo más popular; se complementó con elementos provenientes de un país vecino como el Paraguay, que aportó la galopa, el baile que ocupaba el segundo lugar en las preferencias populares.

Resulta notable la influencia guaraní en Formosa y el Chaco, más aun en Corrientes, sobre todo en el lenguaje. Es allí rey y señor el chamamé, de gran difusión en toda la zona, como así también el rasguido doble y el valseado. En Entre Ríos es común la chamarrita, una réplica del sobre-paso del limítrofe Uruguay. En esta última provincia, investigadores como Linares Cardozo lograron rescatar del olvido tradicionales como el tanguito Monteliero, la chacarera estirada y la milonga también en versión entrerriana.

Todas estas variantes se expanden también por Santa Fe, especialmente el chamamé, que llega inclusive hasta Santiago del Estero, en donde tiene grandes cultores. Las músicas son melodiosas, a veces rítmicas y de carácter acentuado; las letras se caracterizan, en general, por un tono amoroso, paisajístico y, en algunos casos de carácter testimonial.
Tradicionalmente, la forma de expresión común es la de solista o dúo, aunque en los últimos tiempos aparecieron conjuntos de cuatro o cinco integrantes, que crearon modernas armonizaciones. El acordeón, en sus distintas versiones e inclusive a piano, el bandoneón, la guitarra y en algunos casos el arpa india, son los instrumentos musicales de preferencia. En todas sus formas, estos ritmos se bailan en pareja enlazada.

Cuyana

La zona "cuyana" comprende las provincias de San Juan, Mendoza y San Luis, y su influencia se extiende sobre el sur de Córdoba, Catamarca, La Rioja y el norte de La Pampa. Además, se comunica musicalmente con Chile y los cantables más difundidos son la tonada, el gato (en esta región con dos giros en la danza), la cueca (también presenta una forma regional distinta a la norteña) y el vals. Todas estas composiciones son bailables, de pareja suelta, a excepción de la tonada, que es prácticamente la única especie lírica que no tiene coreografía. La modalidad es el canto a dúo y el instrumento fundamental es la guitarra, con la que el cuyano hace gala de una excepcional capacidad interpretativa. También tiene difusión el llamado requinto cuyano, una variedad de la guitarra, pero con más cuerdas. Se destacan los solistas, y los temas de las letras que acompañan la melodía son casi siempre de amor, aunque nunca faltan los históricos y los religiosos.

Patagónica

La zona "Patagónica" abarca el extremo sur de nuestro territorio, desde el río Colorado. Comprende a las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. La proyección del canto representativo de la región se basa en lo rescatado de las comunidades aborígenes que habitaron o habitan ese territorio; esto se logró mediante trabajos de investigación recientes. Se destacan, entonces, el loncomeo, la cordillerana, el chorrillero y el kaani entre otros. Son interpretados por solistas, dúos o conjuntos y no tienen coreografías. A la guitarra se le suman instrumentos indígenas como el kultrún (de percusión) que es una especie de caja cónica que se percude con un palillo, (al estilo de la caja).

Sureños o Buenos Aires

La zona "sureña o bonaerense" abarca toda la provincia de Buenos Aires, La Pampa, sur de Santa Fe y sur de Entre Ríos. El canto es aquí introspectivo y sentencioso. El cantor, generalmente solista, se acompaña solamente de la guitarra. Las letras ponen de manifiesto la problemática social-rural, aunque también abundan los temas amorosos o picarescos, que se presentan en ritmo de milonga, huella, cifra, estilo y otros de menos difusión.

Aparece en esta región el canto improvisado o repentista, quienes lo interpretan son los llamados payadores, que solos o con un acompañante que hace las veces de contrapunto, entonan sus improvisaciones bajo los acordes de una milonga, cifra, triunfo o hasta un vals. Otro personaje característico de la zona es el recitador criollo, que expresa la temática social a través de la poesía criolla costumbrista. Todo esto pertenece al denominado "folklore rioplatense", ya que tiene la misma difusión en el Uruguay. Por otra parte, la región es muy rica en bailes, llegándose a contar más de cien tipos entre danzas tradicionales y originales, casi todas de pareja suelta.
Finalmente, el tango: la danza de pareja enlazada que representa mundialmente a la Argentina. Generalmente atribuido al mérito porteño, resulta importante destacar que el tango fue enriquecido en gran manera por músicos y poetas provenientes del interior. Los cantores, siempre solistas, interpretan temas evocativos, familiares, de amor y también testimoniales; para acompañarse musicalmente, recurren a conjuntos de guitarras o sino a orquestas de número variable, conformadas por bandoneones, violines, piano y contrabajo.
En este último tiempo, los nuevos exponentes del folklore agregaron instrumentos musicales no convencionales como la flauta traversa, el saxofón, los órganos y teclados, y para la percusión, la batería; la novedad va siendo paulatinamente aceptada, salvo por los grupos tradicionalistas, que se resisten al cambio