INTRODUCIÓN

La agricultura moderna depende en gran medida de la ingeniería, la tecnología y las ciencias biológicas y físicas. El riego, el drenaje, la conservación y la canalización, acciones todas importantes para garantizar el éxito en la agricultura, requieren los conocimientos especializados de los ingenieros agrícolas.

La química  se ocupa de otros problemas vitales para la agricultura, tales como el empleo de fertilizantes, insecticidas y fungicidas, la estructura del suelo, el análisis de los productos agrícolas y las necesidades nutricionales de los animales de granja.

La mejora vegetal y la genética representan una contribución incalculable en la productividad agrícola introduciendo una base científica en la cría de animales. Los cultivos hidropónicos, un método en el que las plantas prosperan sin tierra gracias a soluciones de nutrientes químicos, pueden resolver otros problemas agrícolas adicionales.

La mecanización, la característica más destacada de la agricultura de finales del siglo XIX y del siglo XX ha aliviado mucho el agotador trabajo del empleado rural. La mecanización ha multiplicado la eficiencia y productividad de las explotaciones agrícolas.

Aviones y helicópteros se emplean para la siembra, el transporte de productos perecederos y la lucha contra los incendios forestales, así como para fumigar las cosechas, controlar las plagas de insectos y las enfermedades. Los aparatos de radio y televisión transmiten datos meteorológicos vitales, así como otras informaciones de interés para los agricultores.

LABRANZA

  
El propósito de la labranza es preparar el suelo para el cultivo. Tradicionalmente esta preparación se realiza empleando un arado, que penetra en el suelo y voltea la tierra, arrancando o eliminando las malas hierbas que crecen en el terreno, removiendo y aflojando las capas superficiales del suelo y dejando un lecho con la humedad suficiente para que germinen las semillas sembradas. La labranza tradicional puede perjudicar al suelo si se practica continuamente durante muchos años, sobre todo si la capa fértil de la superficie es delgada. Hoy, muchos agricultores siguen un programa de labranza mínima o reducida para conservar el suelo. En este tipo de labranza la materia vegetal muerta que queda en el suelo tras la cosecha se deja encima, o bien bajo tierra, a poca profundidad, en vez de ser introducida profundamente con el arado, como ocurre en la labranza tradicional; ello contribuye a mantener la humedad en el interior y a proteger el suelo de la erosión.

El arado, principal herramienta mecánica empleada para la labranza en todo el mundo, puede estar diseñado para diversos fines, que van desde la simple excavación de un surco en el suelo a la inversión total, o volteo del suelo, normalmente hasta una profundidad de 15 a 20 cm. En ciertos lugares y con determinados fines, el arado es sustituido como instrumento de labranza por varios tipos de escarificadores, herramientas que arañan o escarifican la superficie del suelo sin penetrar profundamente en él. Por lo general, esas herramientas se emplean sólo para romper y pulverizar el suelo después de la labranza. Los escarificadores y otras herramientas de ése tipo se usan para cultivar el suelo entre las hileras de cultivos en crecimiento de forma universal.

La labranza en profundidad y la subsiguiente escarificación son necesarias en lugares en los que el suelo es compacto, impermeable al agua e impenetrable para las raíces de las plantas. Una labranza excesiva, no obstante, puede deteriorar la estructura del suelo, especialmente si se lleva a cabo cuando está húmedo. El problema resulta más grave en suelos de textura fina que en suelos de arena, arcilla y limo, puesto que normalmente requieren menos labranza. El clima desempeña también un papel importante en la  época de labranza. En áreas de humedad elevada, el trabajo debe limitarse a las estaciones en las que no se esperan grandes lluvias, ya que las superficies recién labradas son susceptibles a la erosión por el agua. Por el contrario, en zonas áridas o sub húmedas, el suelo debe prepararse antes de los períodos lluviosos con el fin de que pueda absorber un máximo de agua.

Entre los beneficios secundarios, pero importantes, de la labranza, está la aireación o exposición al aire, debida a la pulverización del suelo. La aireación no sólo permite una mejor circulación del oxígeno y el agua, sino que también tiene como resultado un incremento de la actividad biológica en el suelo, que engloba la de los organismos que fijan el nitrógeno atmosférico. La labranza contribuye a la salud de las plantas inhibiendo las enfermedades que las afectan y dificultando el desarrollo de diversos tipos de insectos que son dañinos para ellas.

El tipo de labranza afecta a la pérdida de suelo debida a la erosión por el viento y el agua. Cuando los surcos se excavan siguiendo la pendiente, colina arriba y abajo, el agua tiende a fluir a lo largo de ellos, arrastrando pequeñas partículas de las capas superiores del suelo. Por el contrario, si los surcos se trazan perpendicularmente a la pendiente, el agua permanece en ellos y es absorbida en lugar de formar escorrentías.

El tipo y cantidad de cultivo entre las hileras de la cosecha viene determinado por el carácter del suelo. Los suelos pesados y empapados se benefician de la aireación que produce la labranza, mientras que los suelos duros y aterronados pueden requerir algún tipo de cultivo que les permita absorber la humedad que necesitan las cosechas. Para los suelos que están en buen estado el principal objetivo del cultivo en hileras es el control de malas hierbas.

Intensidad de la producción  


De acuerdo con el primer modelo, la intensidad de la producción de una cosecha disminuye con la distancia al centro de mercado. Esto se debe a que todos los agricultores en el estado aislado se enfrentan a los mismos costes de producción por unidad de tierra, rinden la misma cosecha y reciben el mismo precio por unidad de peso para esa cosecha. De este modo, el coste del transporte es el único factor variable y, por tanto, el determinante de la renta local que el agricultor recibe por su producción, que equivaldría al total de los ingresos percibidos por la cosecha obtenida en una unidad de tierra, menos el total de los costes de producción y de transporte al mercado central.

LABOREO DE CONSERVACIÓN

Las técnicas de no laboreo y mínimo laboreo serán partes constituyentes del Laboreo de Conservación. Estas prácticas permiten el correcto manejo del suelo para usos agrarios alterando lo menos posible su composición, estructura y biodiversidad natural, defendiéndolo de la erosión.

Se excluye de esta definición la práctica sistemática de ciertas labores que eliminan los residuos en superficie, como pueden ser el volteo o la quema de residuos agrícolas.

La siembra directa constituye el gran cambio de paradigma de la agricultura, consistió en abandonar las labranzas, en sembrar sin labrar. Ha sido la gran innovación de la agricultura en los últimos años: mejoró la disponibilidad de agua para los cultivos, la fertilidad de los suelos y con ellos su productividad, la sustentabilidad de la agricultura y la rentabilidad de la empresa agropecuaria.

 

¿Qué es la Agricultura de Conservación?

La Agricultura de conservación engloba varias prácticas que permiten un manejo del  suelo para usos agrarios, alterando su composición, estructura y biodiversidad natural lo menos posible y protegiéndolo de los procesos de degradación, tales como la erosión y la compactación. La siembra directa, el mínimo laboreo, o la incorporación de cubiertas vegetales espontáneas o sembrando especies apropiadas, en cultivos forestales perennes o entre dos cultivos anuales sucesivos, son algunas de las prácticas o técnicas que se incluyen dentro de la agricultura de conservación. Esta permite cualquier técnica que reduzca, cambie, o elimine el laboreo del suelo y evite la quema de restos de cosechas, para mantener la cantidad de residuos suficientes a lo largo del año. Proporciona importantes beneficios para el medio ambiente y reduce el gasto económico del agricultor.

Durante las últimas décadas, desde que se introdujo éste tipo de agricultura, se produjeron  grande cambios tecnológicos en la fertilización, el control de plagas y en los equipos. 

Con estas nuevas técnicas el suelo queda protegido de la erosión y la escorrentía provocadas por el agua de lluvia al impactar con la superficie del suelo. Se forman mejor los agregados, los niveles de materia orgánica, la fertilidad se incrementan naturalmente y hay menos compactación de la capa superficial del suelo. Además la contaminación de las aguas y las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera se reducen y la biodiversidad aumenta.

 

 "HACER SIEMBRA DIRECTA, NO ES SEMBRAR DIRECTAMENTE".

Cuando uno deja de arar, la materia orgánica del suelo se incrementa, la porosidad del mismo también, resultado del aumento de micro y macro poros que fabrican raíces, lombrices, insectos, etc.; la capacidad de absorción de agua aumenta y las perdidas por evaporación disminuyen. Estos beneficios con los años se hacen más notables y la respuesta de los cultivos también. Por eso cuando se hace siembra directa las producciones mejoran, se estabilizan los pisos de los rendimientos y se incrementan las medias productivas. Volver a las labranzas significa perder las mejoras logradas en años.

La respuesta a un fertilizante es circunstancial, depende del cultivo, la deficiencia del nutriente aplicado en el suelo, el momento, la forma química de la formulación y el modo de aplicación; la respuesta es aleatoria depende de que la decisión se corresponda con conocimiento.

La agricultura requiere cada vez más conocimiento aplicado por hectárea y por peso invertido.

 

CONCLUSIÓN

La labranza desde hace tiempo es el método utilizado por la agricultura convencional.

En el área de Gardey se realiza primero el barbecho por un disco desencontrado el que corta y voltea la tierra arrancando y eliminando las hierbas y malezas de raíz. Esta se descompone bajo tierra dejándolas entre 15 y 20 días.

Luego nuevamente se pasa el disco acompañado por unas rastras o rolos, que  además de ayudar a moler la tierra, guardan humedad en el suelo para el germinado de las semillas.

Si el suelo es muy compacto, debe emplearse el cincel el cual permite mayor entrada de agua y un mejor desarrollo de las raíces, pudiendo así trabajar la tierra a gran profundidad sin producir demasiada erosión.

Posteriormente se comienza con la preparación de la cama de siembra, mediante la utilización del vibro cultivador quedando así la tierra bien molida y con una buena humedad.

La tierra ya esta preparada para ser sembrada pero antes se debe fumigar si la siembra que se va a realizar es la gruesa (maíz - girasol).

La fumigación se realiza con una mezcla de un herbicida, para impedir el crecimiento de malezas, y un insecticida para evitar que la semilla sea comida por algún insecto. Concluida esta etapa de ser necesario se produce la siembra para esto se utiliza una sembradora de acuerdo al tipo de grano que se va a usar.

Hay dos tipos de sembradoras, una para grano grueso y otra para fino, las mismas se diferencian en el sistema de siembra.

Junto con la siembra se produce el fertilizado y el inoculado de la semilla.

El primero para darle al suelo la fertilidad necesaria para el desarrollo de la semilla y el segundo para que la semilla germine y aproveche los fertilizantes naturales que se encuentran en el suelo. 

A partir de la década del 90 los productores agrícolas de nuestra zona  comenzaron a tomar conciencia de los graves efectos de la erosión que la labranza  convencional ejercía sobre los suelos.

Es por esto que la siembra directa surgió  entonces no sólo como respuesta a este problema sino que también es notoria las diferencias de costos que existe con la siembra convencional y sumado a esto un pequeño pero importante incremento en los rindes.

La siembra directa a ganado hectáreas desde sus inicios hasta nuestros días, aunque hay contratistas que utilizan ambas, dependiendo del criterio adoptado por dueño de campo, o que practican la siembra directa de manera inadecuada como por ej: sin realizar un barbecho químico adecuado y sembrando en suelos muy compactados o inapropiado a la agricultura

Ojalá que esto siga como hasta ahora ya que la devaluación de la moneda argentina a generado que los precios de los agroquímicos y fertilizantes aumente, ya que son importados, y si este aumento continua va ha ser imposible practicarla y se volverá a la labranza tradicional.

Los siguientes gráficos muestran los resultados de la encuesta realizada a productores de la zona de Gardey  donde se observa qué técnicas se utilizan en la actualidad.

ENCUESTA

 

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