Origen y Evolución
La evolución del caballo puede seguirse a través del registro fósil hasta llegar al Hyracotherium (también llamado Eohippus), un pequeño mamífero herbívoro que vivió durante el Eoceno. El Hyracotherium era un animal con tamaño similar al de un zorro, y tenía cuatro dedos en las patas delanteras y tres en las traseras, terminando cada uno en una uña. En esa época aparecieron a la vez en Norteamérica y Eurasia diversas especies y géneros relacionados. Parece ser que las especies euroasiáticas desaparecieron; sin embargo, las especies americanas dieron lugar durante el Oligoceno al género Mesohippus del tamaño de una gacela, que tenía sólo 3 dedos en las patas delanteras. Algo más tarde, en el Mioceno, al Mesohippus le sucedió el Hypohippus y Anchitherium; se cree que ambas especies colonizaron después Eurasia desde América del Norte. Otros descendientes de Mesohippus fueron el Miohippus y Merychippus; este último género desarrolló dientes con coronas muy altas, lo que le permitió, a diferencia de Hyrachotherium, que pastaba hierba, ramonear las hojas y brotes de árboles y arbustos. Entre los descendientes de Merychippus estaba el Hipparion, que durante el Plioceno se desplazó y expandió desde Norteamérica hasta Eurasia, y el Pliohippus (primer antepasado de un solo dedo), antecesor de Pleshippus y de su sucesor, el caballo moderno, es decir, el género Equus.

Procedencia y distribución

Se ha podido comprobar que el caballo procede de Norteamérica. Se supone que de allí emigró a Sudamérica y a Asia, a través del istmo de que unía entonces América con Asia. Desde ese continente llegó a Europa, y después a Africa. Cuando en la Edad de Piedra las tribus cazadoras llegaron en sentido contrario hasta América, el caballo fue cazado con saña, hasta ser exterminado. Los conquistadores españoles, a principios del s. XVI, volvieron a introducirlo en el continente americano.

Desde el caballo prehistórico hasta el pura sangre

La morfología del caballo prehistórico está ligada a las condiciones de su mundo circulante. La parte final de sus extremidades (con varios dedos) le permitía no hundirse demasiado en las zonas pantanosas, muy abundantes entonces. Debido a su corto cuello, solo se alimentaba de hojas de los árboles a su alcance. Pero a medida que el terreno que fue secándose, se desarrolló el dedo medio de sus pezuñas, que se protegió con una uña robusta y compacta (casco) más ancha en las patas anteriores que en las anteriores, pudiendo correr con más rapidez que antes. Su cuello fue alargándose hasta permitirle comer sin necesidad de acostarse. No era mayor que un perro, pero su altura aumentó hasta alcanzar unos 130 cm, medidos hasta la cruz, convirtiéndose así en un poney, semejante anatómicamente al caballo actual.
Cuando el poney cambió de hábitat surgieron tres tipos principales: el caballo de los bosques, el de la estepa y el de la montaña.
El caballo de los bosques vivía agrupado en manadas, próximo a los ventisqueros de Europa Central. Cuando los hielos desaparecieron, se desplazó en busca de climas más fríos, llegando hasta Escandinavia. Muchos años después, los vikingos los introdujeron en Islandia, islas Shetland, Irlanda y Escocia, donde aún subsisten diferentes razas de poneys.
El caballo de la estepa se localizó en Asia. Uno de sus tipos más primitivos, el caballo de Przewalski, según el nombre de su "descubridor", vive aún en el Asia Central occidental. De él proceden todos los caballos asiáticos. Es pequeño y pesado, de coloración pardo rojiza, con una línea oscura a lo largo del lomo.
El caballo de las montañas procede de la estepa, localizándose sobre todo al norte de África y en Arabia. Estos poneys, más estilizados que los de otras latitudes, se hicieron más ligeros y resistentes. De ellos proceden los caballos árabes, una de las razas más hermosas que existen, y de éstos últimos, el árabe andaluz.

Las cebras (Equus zebra) pertenecen al mismo género que los caballos (Equus caballus) y el asno (Equus asinus), pero no han sido domesticados. El asno, como el caballo, lleva milenios al servicio del hombre. La consecución de híbridos viables (mulo y burdégano) certifica la proximidad genética entre ambos équidos.