Dioses Protectores de la Naturaleza - Sacháyoj
Sacháyoj: personaje mítico del que se dice que cuida y protege el monte.

La naturaleza nos plantea un desafío: explotarla para poder vivir pero no destruirla para poder seguir viviendo. La tala de los grandes bosques en forma indiscriminada trae consecuencias no sólo para nuestra región sino para todo el planeta. Con su destrucción todo será desierto. En estos momentos ya estamos observando sus efectos devastadores: hay modificaciones en el ritmo de las lluvias, hay sequías e inundaciones, hasta el aire que respiramos está alterado. Todo se enrarece y se transforma para perjuicio nuestro y de las futuras generaciones. Talar y reforestar como hacían los antiguos pobladores de esta tierra: si cortaban un árbol, ellos lo reemplazaban plantando dos, cazaban los animales sólo cuando había culminado la etapa de la reproducción.

Efemerides
El hombre primitivo, habitante de esta tierra, siempre se interesó por la naturaleza y por todo lo que en ella ocurría, se ocupó de cuidar su hábitat y hasta generaba mitos que se referían a su cuidado y protección, como es el caso de los dioses protectores de la naturaleza: El Sacháyoj, cuidador del monte, el Pampáyoj de la llanura, el Ckaparilo de los animales, la Mayup maman, protectora de las aguas de los ríos, lo mismo que la Orckop maman lo es del cerro.
Nuestros antepasados tenían una visión distinta de la naturaleza, así frente a cualquier circunstancia que pudiera romper el equilibrio, ellos tenían su propia respuesta. Volver a la naturaleza y ser respetuosos con ella como nuestros antepasados que con precaución utilizaban sus frutos. Volver a las fuentes, a la sabiduría ancestral, milenaria, telúrica, cosmogónica y práctica.
 
Escondido como fabuloso pájaro enjaulado tras el verde cortinado de loconti y de sajasta, en perfecta simbiosis con el paisaje vegetal, camina cual filósofo peripatético el divino Sacháyoj, centinela insomne del bosque virgen que enmarca de esmeralda a la remota ciudad de Guañagasta (*) junto al bruñido y a veces rugiente Cachi Mayu. La barba y la melena del dios caen lacia y ondulante hasta sus pies, cual muro verde y ondulante. Su mirada portentosa penetra hasta el confín del bosque más espeso y más umbrío en la límpida claridad solar, en la tenue luminosidad lunar o en la nocha más hosca y tempestuosa. A veces, permanece inmóvil, es que contempla jubiloso: a los excelsos artífices que elaboran en los talleres íntimos de cada vegetal, los bocetos armoniosos, los crisoles donde los químicos plasman gama infinita de colores; los pinceles fantásticos que dan tonalidad con exacta dimensión a cada forma, el ascenso de la savia vivificante, río sutilísimo, que corre taciturno por inesperados laberintos hacia la transparencia de la luz, para transfigurarse en belleza pura con que se atavía el universo multiforme de la selva. Se embeleza con las seductoras melodías del viento, del agua y de las aves, esos músicos eternos. En la memoria de Sacháyoj se atesoran: las inagotables escalas musicales del viento y del agua en la fronda, el mue de las tierras santiagueñas, están más allá del mal.
 
Últimos 500 años
(...) Y vinieron los españoles con su afán de conquista y colonización, con su afán de superación, con su concepto de ser que está fuera del mundo y de las cosas, y el equilibrio americano, quichua vertical, como noción de síntesis de los cuatro elementos y como noción de sustento ecológico y arte de vivir en la tierra, comienza a degradarse, alterarse y desertificarse. El ganado europeo en sólo 500 años, ha consumido con su tracto la cobertura de pastos, de los montes y sabanas, de los bosques y praderas de nuestro territorio. Después vinieron los ingleses con el ferrocarril y el obraje y consumieron los árboles maderables, los quebrachos, guayacanes y mistoles convirtiéndolas en miles de toneladas de postes, durmientes de leña y de carbón, en un verdadero ultraje de explotación y de tala irracional del bosque, de tierra arrasada ecológica y moralmente degradante para el espacio y el hombre (...) Hoy el nuevo imperio y sus gestores no les interesa ni los frutos ni las fibras o celulosa de nuestras maderas, sino el suelo, el suelo arable, ese en el cual la naturaleza invierte miles de años para desarrollar un centímetro y el hombre sólo tarda unos minutos para destruirlo, para agredirlo, aunque para ello tenga que derribar 100 toneladas de biomasa por hectárea y, con ella, el paisaje, el ambiente, la música, y el canto, el perfume del País de la selva. La noción de vértigo, de tener más y más poder ha ocupado el escenario y sustituido el itinerario de experiencias de admiración y de éxtasis milenario del hombre de nuestro suelo.
Extraído del libro: UKUPACHA, del Lic. Mario Ángel Basualdo, Santiago del Estero, 1998.-
 
El bosque nativo, (...) no ha recibido la atención que se merece como recurso forestal ni como alternativa de utilización como un bien renovable que puede producir bienes y servicios. Sólo se trata de un recurso explotable con fines negociables, sin tener en cuenta el daño que este negocio genera al medio ambiente y a la región misma. (...)
La destrucción del recurso forestal se ha debido en gran medida al aumento de consumo de madera, pero el despilfarro y la apertura de la frontera agropecuaria son también grandes responsables de este fenómeno. Tradicionalmente, países con mentalidad netamente agropecuaria como la República Argentina, han considerado sus recursos forestales como el gran impedimento para la ampliación del área sembrada, a tal punto que se evalúa como una mejora ka extracción de la masa boscosa de un predio, a pesar de que en muchos casos, como la provincia de Santiago del Estero, la actividad forestal es una alternativa para su crecimiento.
(Ing. Victorio Mariot, en Retrato de un Siglo, del diario El Liberal, Nov. 1.998).-
 
Disposiciones Legales acerca del cuidado del medio ambiente
El Artículo 41 de la Constitución Nacional establece las facultades concurrentes de la Nación y las Provincias de preservar los recursos naturales y la diversidad biológica sin alterar para ello las jurisdicciones locales, entre ellas la del Artículo 124 que establece que las Provincias tienen el dominio originario de los recursos naturales. Este régimen federal sobre los recursos naturales responsabiliza a las autoridades locales de la conservación y uso sostenible de los recursos biológicos. Adicionalmente el Artículo 80 expresa el aporte de dichos pueblos en materia de conservación y uso sostenible de los recursos genéticos. En Argentina la población indígena cuenta con unos 10.000 habitantes, que no sólo poseen conocimientos de las propiedades medicinales de la flora nativa, sino que se han dedicado al cultivo de maní, maíz, papa, batata, poroto, zapallos, y cultivos andinos como amaranto, quinoa, oca, ulluco entre otras, también han domesticado razas incluyendo los camélidos, cobayo, y otros animales de la fauna nativa.
 
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