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Los orígenes de Villa Angela se remontan a los albores de 1908, llegan a estos parajes un grupo de trabajadores del monte, al mando de D. Matías Piedrabuena, capataz de la firma Martín y Grüneisen, inmigrantes suizos que se había asentado en el lote 19, del Departamento Tapenagá.

El motivo era una afligente sequía y llegaron buscando mejores pasturas y agua potable.

Se asentaron formando un rancherío de tipo santiagueño, donde continuaría el asentamiento de lo que fueron llamando ‘el Pueblito’.

En 1914, Carlos Grüneisen y Julio Martín, levantaron el casco de la estancia ‘La Suiza’, lo que hizo que se trasladase ‘El Pueblito’, a su alrededor. Este comenzaba a ser llamado ‘Kilómetro 95’ del ferrocarril Santa Fe. También se conocía al paraje como ‘Punta de Rieles’. En 1919 pequeños grupos de familias procedentes de La Sabana y Tostado se suman al rancherío, siendo su principal actividad el cuidado de rodeos menores de hacienda vacuna.

Este aumento espontáneo de la vecindad, decidió a los dueños de la firma Martín y Cía, a subdividir el lote 20, para pueblo y colonia. Al año siguiente se da nombre a la recién instalada estación del ferrocarril: ‘ Villa Ángela’, en homenaje a la esposa de Martín.

Fue tomando cuerpo la entonces pequeña población de Villa Angela, acudiendo e instalándose en ella hombres de trabajo y profesionales, y abriéndose casas de comercio que poco a poco hicieron aumentar el latido  de ese nuevo centro de actividad, forestal, agrícola-ganadero e industrial.

Grüneisen y Martín,  al adquirir el lote 20, se hicieron propietarios de grandes extensiones de monte, ricos en quebracho colorado, árbol cotizado por sus sustancias tánicas. Los obreros que trabajaban en ‘La Suiza’, se ubicaron en tierras del fisco, donde comenzaron a desarrollar la explotación forestal: el quebracho y otros árboles atrajeron a los obrajeros.

Caracterizaron a los obrajes la falta de una determinación general de las condiciones de trabajo, como la extensión de la jornada, los descansos, permisos, atención médica y la forma de pago.

En 1917 la firma Martín y Cía., que había trasladado su administración de Enrique Urien a Villa Angela, por acta constitutiva del 12 de julio de 1917, se transformó en ‘La Chaqueña S. A.’, que en 1925  abrió su fábrica de tanino, lo que dio un gran impulso a la actividad forestal. Conjuntamente con la actividad forestal, se desarrollo la actividad ganadera, pero la primera superó ampliamente en esta primera etapa a la ganadería, actividad que, por su parte, se mantuvo durante toda la historia de Villa Angela.

Además de la apertura de la fábrica, ‘La Chaqueña’ realizó una subdivisión de 2510 hectáreas para pueblo y colonia, atrayendo así a la población.

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La expansión de la actividad forestal se había producido por la demanda de maderas fuertes para la construcción de vías de ferrocarriles, para postes y adoquines, para vigas de las construcciones portuarias y principalmente, por el descubrimiento de las propiedades tánicas del quebracho colorado, utilizado en curtientes.

La existencia de grandes extensiones de bosques y montes inexplotados, hizo que comenzara una intensa actividad obrajera en tierras particulares, pero también en las zonas fiscales lindantes. En un principio,  hasta la apertura de la fábrica de tanino, las maderas eran transportadas hacia otras regiones, ya sea por tren o por tierra, lo que encarecía el costo de las mismas. En este sentido, el transporte de rollizos hasta las fábricas se vio favorecido por las extensas redes de decauvilles extendidas por ‘La Chaqueña’, que conectaban las playas de concentración de maderas cercanas a los obrajes, con la fábrica, por donde pasaba a su vez el ferrocarril Santa fe. Llegaron a extenderse hasta 75 km.  de decauvilles hacia obrajes que eran  propiedad de la mencionada sociedad y a otros particulares, los que funcionaron hasta que se levantaron las vías del ferrocarril en 1978.

La explotación se caracterizó por la depredación extrema, aunque su objeto fuera la obtención del quebracho colorado, ‘la razzia se lleva al punto de no dejar siquiera 80 o 100 cuadras por legua para las necesidades de las poblaciones futuras en leña y maderas, y árbol de trecho en trecho para sombra de personas y ganado’. La mencionada actividad se realizó de acuerdo con prácticas irracionales, falta de conciencia del carácter integrado del sistema natural. La presión por explotación selectiva que han sufrido las masas forestales, ha producido modificaciones en las mismas.

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