EL PERÍODO DE ENTREGUERRAS

La Primera Guerra Mundial no sólo transformó el mapa de Europa y modificó las costumbres sociales y económicas, sino que afectó la vida de cada europeo. Hubo una inversión de valores morales en todo el continente. Los prejuicios basados en la vida sexual y las costumbres se esfumaron. Las nuevas ciencias, la química y la física, se desarrollaron con un impulso renovado y la política vira completamente su curso.

Europa en 1920 - 1930:

El nuevo orden político: Tras el tratado de Versalles, Wilson concibió un plan para formar un organismo que arbitrara la política internacional: la Sociedad de las Naciones. El éxito de esta organización no hubiese sido posible sin Wilson, que fue su mayor impulsor. En un principio la sociedad nucleaba a los treinta y dos países vencedores y otros trece neutrales. Alemania y la U.R.S.S. fueron aceptados a posteriori. La Sociedad de las Naciones se dividió en tres partes: la Asamblea General, con un voto por nación, ; el Consejo de Seguridad, con cinco miembros fijos y cuatro renovables ; y el Secretariado. Desde sus inicios, la Sociedad recibió un duro golpe: los Estados Unidos se negaron a integrarla y el Senado votó en contra de la ratificación del tratado de Versalles. Los nuevos estados europeos iniciaron entonces un duro camino hacia la organización y la paz, que no duraría más de veinte años. El tratado más importante firmado en esos años fue sin duda el pacto de Locarno (16 de octubre de 1925). Según este, Francia, Bélgica y Alemania formaban un congreso de arbitraje sobre la Renania, y la primera se convertía en árbitro de los desacuerdos fronterizos entre alemanes, checoslovacos y polacos. Además, Inglaterra se comprometía a ayudar a Francia y Bélgica en caso de un nuevo ataque alemán. El nuevo partido predominante en el centro de Europa fue el nacionalista, formándose los gobiernos fascistas y autoritarios en Alemania, Austria e Italia. 

República de Weimar: El primer presidente de la república alemana fue el socialdemócrata Ebert, que tuvo que aceptar el tratado de Versalles.  En marzo de 1920 un levantamiento puso en jaque la posición del presidente, pero la insurrección fue barrida por una huelga obrera. Sin embargo, en las elecciones de ese año triunfó la derecha. La difícil situación debido al pago de las reparaciones de guerra produjo el nacimiento de sociedades secretas de ultraderecha que asesinaron a los dirigentes de los socialdemócratas. Además, Francia invadió la región del Rhur para obligar a su enemiga a pagar las cuotas atrasadas de las reparaciones. La frágil imagen política repercutió en los mercados con una agobiante devaluación del marco (llegó a 1 dólar = 4.200 millones de marcos, cuando al terminar la guerra estaba 1 dólar = 10.000 marcos). La crisis se contuvo en 1923 a costa de grandes pérdidas, pero la reputación de los partidos de izquierda quedó destruida. La economía alemana se fue recuperando merced a los préstamos efectuados por Estados Unidos y Japón.  

Austria: Los socialdemócratas dominaron la escena durante el primer lustro posterior a la guerra, pero no recibió el apoyo popular porque la población no simpatizaba con los comunistas. El país dependía del abastecimiento de los aliados, por lo que no se demostraba un socialismo extremo como en Rusia. El baluarte de los marxistas era Viena, apodada la “Roja”, en contraposición alas provincias, que conformaban el bloque conservador. La situación económica fue penosa durante toda la década de 1920. En 1933 el canciller nacionalcristiano Engelbert Drollfus inició un gobierno antinazista que le valió la invasión alemana.

  

Hungría: Proclamada la república el 16 de noviembre de 1918,  el poder fue disputado por los socialdemócratas y los comunistas. El 21 de marzo de 1919 Béla Kun inició una revolución comunista, que declaró la guerra a Rumania y Checoslovaquia. La derrota húngara se tradujo en la huida de Béla Kun a Rusia. Los liberales tomaron de vuelta el poder y desataron el “terror blanco”, con el fin de destruir a los comunistas. A finales de 1919 se retiraron las tropas rumanas y se formó la regencia bajo el mando de Miklós Horthy.    

                                        

Bulgaria: Asumió el poder Alejandro Stambulisky, quien fue asesinado en 1923. Entre 1920 y 1930, la situación preparó el camino para el gobierno autoritario de Boris III.   

Checoslovaquia: Se presentó un gran problema por la minoría alemana, tres millones de personas, que vivían en los Sudetes y que pedían su anexión a Alemania. También poseía minorías ortodoxas, búlgaras y servias. En 1919 se enfrentó a Hungría, a quien venció con ayuda de los franceses, con los que había firmado un pacto militar para controlar el poder de Alemania en el este de Europa. El primer presidente fue Thomas Masaryk, sucedido por Eduardo Benes. 

                                     

Rumania: En Rumania estalló una lucha civil entre los liberales y conservadores, lo que permitió el ascenso de Alejandro I en 1929. También estuvo implicada en la guerra contra Hungría, a la que arrebató territorios.

Polonia: Apenas independizada, Polonia amplió su territorio a costa de Rusia. El presidente desde 1918 hasta 1923 fue el nacionalista Jósef  Pilsudsky, que se retiró de la política cuando la constitución de 1923 limitó sus poderes, pero triunfó en un golpe de Estado en 1926 y gobernó como dictador hasta su muerte, en 1935.

Los estados bálticos: Tras el desmembramiento ruso, se formaron tres estados en las riberas del Báltico: Estonia, Lituania y Letonia. la zona fue centro de guerras civiles durante un largo período debido a que era codiciada por polacos, soviéticos, alemanes y lituanos. Cuando Polonia ocupó Vilna, Lituania hizo lo propio en Memel, lo que produjo una guerra entre ambos. La paz no trajo cambios significativos en el territorio. 

Finlandia: Separada de Rusia en 1917, se declaró anticomunista, por lo que fue invadida por los rusos, pero fueron repelidos. El gobierno conservador estuvo dirigido por Svinhudfud, que formó un ejército blanco a cargo de Mannerheim, el cual aplastó a los comunistas. Svinhudfud ofreció el trono de Finlandia al príncipe alemán Federico de Hesse, pero la derrota alemana le impidió ocuparlo. En 1920 se proclamó la república bajo el mando de Stahlberg.

                                            

Irlanda: La separación irlandesa se había visto detenida por los hechos que precipitaron la Primer Guerra Mundial. Pero apenas terminada esta, los Sinn - Fein (Nosotros Solos) vencieron en las elecciones de Irlanda y se negaron a asistir a las sesiones de la Cámara de los Comunes, proclamando la república en enero de 1919, bajo la presidencia de Eamon de Varela. Entre 1919 y 1921 Gran Bretaña intentó reconquistar la isla sin éxito, y finalmente reconoció la independencia, pero se adjudicó la provincia protestante de Ulster, dejando el resto al sur católico. Los católicos no lo aceptaron, y continuaron la lucha hasta 1923, aunque las reivindicaciones siguen vigentes hasta hoy.

Gran Bretaña: La lucha por el ministerio principal se produjo entre el partido Laboral y el partido Conservador. La falta de una política definida en ninguno de los partidos produjo el cambio constante de ministros y partidos, ocupando el dirigente conservador Baldwin el cargo de 1º ministro por los períodos 1919 - 1923, 1925 - 1929 y 1932 - 1935, mientras que el laborista McDonald lo hizo entre 1923 - 1925 y 1929 - 1932. Al renunciar Baldwin en 1935, Downing Street fue ocupado por Chamberlain. Las huelgas inglesas fueron célebres por reunir casi cinco millones de trabajadores en sus marchas. En las colonias se sufrió un deterioro del poder inglés, que luego de la Segunda Guerra Mundial iniciaron su camino de  independencia.

                                                               

   Francia: Clemenceau dirigió la política francesa hasta 1920, cuando fue vencido en las elecciones. La política exterior francesa se vio derrotada por los alemanes, quienes apoyados por los británicos, que necesitaban una economía fuerte en Europa central, se “burlaron” de las reparaciones de guerra y cesaron sus pagos. Para colmo, Francia no podía contar con la ayuda norteamericana en caso de guerra con Alemania. El lema de los políticos era “seguridad ante todo”, por lo que se formó la pequeña Entente, constituida por Francia, Polonia, Checoslovaquia, Rumania y Yugoslavia. El nuevo dirigente de Francia, el general Poincaré, hizo cumplir a los alemanes las cláusulas de Versalles: debido al cese de pagos decidió la invasión del Ruhr, que fue condenada por Inglaterra, en 1923. Los socialistas llegaron a ocupar el gobierno por un pequeño período, pero las luchas entre estos y los comunistas produjo gran descontento popular.    

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