Esta sección fue creada para que nuestros visitantes den opiniones, pensamientos, nos den cuentos, poemas, y toda clase de cosas que se puedan llegar a relacionar con el tiempo. Aprovechala, que el tiempo es dinero y el dinero cuesta sangre...

 

 

 

Este cuento no tiene título, pero está bastante bueno.  Trata sobre una persona la cual tiene la ilusión de obtener un propio castillo donde, por una de esas adversidades del destino, tiene un Gran Reloj como anfitrión.  La autora de este cuento se llama Silvina Vilaseco.

 

   

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Silvina Vilaseco.
3º Polimodal.
* Cuento *
 

...

Su piel estaba fría, era la última noche y el sonido del péndulo de aquél antiguo reloj marcaban las doce...
Sus manos tibias recorrían su cuerpo, la tomó y la besó, sus labios secos no advertían su presencia y su cuerpo percudido le reclamaba al roce de sus manos el tiempo de ausencia.
Minuto a minuto ese tiempo estaba controlado por el anfitrión de la casa, el antiguo reloj, el único testigo del tiempo de sufrimiento.
Era otoño y hacía frío y lloviznaba sobre la ciudad.
Quizás volvería otro otoño, pero ¿por qué dejar pasar el tiempo?... Las hojas de los árboles ya no serían las mismas y el viento no soplaría de la misma forma.
Sus suplicas no eran suficientes y entonces él decidió partir.
Ella caminaba sin dejar huellas en sus pasos empapada por la lluvia de otoño... pero sus ansias por seguir viviendo la condujeron a ir en busca de los primeros ladrillos, esos que en un futuro construirían sus sueños, armar un castillo donde el tiempo se detuviera.
Cuando ella lo deseara y poder transformar su antiguo reloj en una maquina de tiempo y por a sí retroceder sus agujas para cambiar la historia.
Ese era su sueño, poseer de ese imperio tan anhelado.
Por la mañana despertó y calzó sus zapatitos vistiéndose de primavera, sus ojos simulaban otra estación y lo prometió a la luna conseguir esos ladrillos.
Por la mañana siguiente un vacío enorme la inundó y su castillo de ilusiones sintió derrumbarse.
El tiempo la volvía a perseguir, decidió partir y se dirigió a la histórica tienda de los relojes a visitar a su amiga, el viejo ermitaño y el dueño de la tienda. Él la miró a los ojos y en un instante pudo tener su alma. Cayó la noche y convivió con la soledad, bailo el vals de las horas que le dedicaron todos los relojes de la tienda y que luego finalmente marcaron la hora de irse, pero antes el ermitaño le dijo que la solución a su problema era que su antiguo reloj debía marcar nuevamente el tiempo de su felicidad.
Logré comprenderlo y sin querer sentí engendrar un amor que nunca nació.
Salí otra vez en busca de aquellos ladrillos y construí mi castillo, mi imperio tan soñado y lo construí como yo quise. A mi manera con ventanas triangulares y cortinas de hojas de otoño, con muchas puertas invisibles, que solo yo sabía donde se ubicaban, con alfombras de arena y escaleras caracol, con océanos escondidos en cada rincón, con el techo estrellado y la luna de farol, con un jardín repleto de rosas y en el centro del imperio, reservar el lugar del anfitrión, mi antiguo reloj...

Silvina Vilaseco.

3º Polimodal.

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