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Pasó
una hora después de las cinco de la mañana. El sol salió e hizo de
hoy un nuevo día. Los pájaros volaban y cantaban, y yo sin hacer nada
me quedé tieso, admirando el buen tiempo del cual disfrutaría por unos
segundos.
Fui caminando por el parque para ver que había de nuevo. Caminé y me
encontré con muchas cosas. Me encontré con gente mediocre y falsa que
solamente tiene su mente en el trabajo y beneficencia... Pero creo que
eso es algo bueno... No me importa.
Miré al suelo. A través de él pude ver tumbas. A través de él pude
ver a más gente ahí abajo. Pero sin embargo toda las personas que
estaban en el parque ni siquiera se asustaban, porque seguramente
ignoraban que estaban caminando sobre muertos, los cuales también habrían
disfrutado el bello paisaje de unos árboles con gente mediática de un
lado para el otro sin fines importantes.
Pasó el tiempo. Ya eran las tres de la tarde, y yo ni me di cuenta que
estuve toda la mañana de pie en el mismo lugar. En eso pude ver a
alguien. Una chica de unos 16 años más o menos. Cuando me acerqué, ví
a alguien más. Era un chico. La estaba mirando, un tanto impresionado y
nervioso.
Esta chica estaba sentada en un banco de aquella plaza. No sé en qué
estaba pensando. Ni me intrigaba tampoco. Pero, como a mi me intereza el
significado de todo, me puse en frente, y miré a través de sus ojos.
Me quedé absorto cuando vi que estaba llena de felicidad e impaciencia.
Me quedé totalmente sorprendido cuando me di cuenta de que no tenía
motivos para estar contenta. Solamente estaba bien... Más que bien...
No le hablé porque sabía que no me iba a escuchar. No la toqué porque
sabía que no me iba a sentir. No le grite porque sabía que no se iba a
asustar. No me interiorizé en ella porque sabía que no me iba a dejar.
De su mochila azul sacó algo. No sé qué era. Tampoco me importaba. La
cuestión es que lo despapeló y se lo llevó a la boca. Algo comestible
seguramente...
A decir verdad, me cansé de mirarla. Porque me di cuenta que no tenía
nada de interezante para mí. En ese entonces me acordé del chico que
la estaba mirando, y me le acerqué. Era un chico adolescente también.
Muy parecido a mí, que llevaba consigo algo muy peculiar. Era algo
verde y blanco, chico, parecía una flor o algo así.
Tenía cara de ancioso, de contento. Quise leerle el pensamiento pero no
pude. Y no entiendo por qué. Pero no me hizo falta saberlo porque este
chico dijo algo. Algo que, por cierto, concuerdo yo también.
Pasó media hora, y ella seguía sentaba, mientras el chico seguía mirándola
detrás de aquél árbol, diciendo "Que linda que és..."
Los miré a los dos, y me di cuenta que era un encuentro. Yo comenzé a
impacientarme, hasta que ese chico que estaba detrás del árbol dio un
paso. Se acercó a ella, extendió su mano, y le dio esa cosa verde y
blanca... Era una flor.
Ahí me di cuenta de todo. La cuestión es que justo en el momento en
que se la dio, los dos se esfumaron. Los dos se fueron.
Ahí me di cuenta de algo. La plaza en la que estaban no era solamente
de personas, sino también de los muertos, y que ellos mismos pasean por
los lugares más íntimos que aquella plaza, que antes fue un
cementerio.
Gonzalo
Martín Montalvo.
3º
Polimodal.
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