ESPERANDO MI SENTENCIA. ----------------------- Era de medio día y me encontraba solo, en aquel viejo banco algo desgastado por los años. Mi mente no desvariaba, solamente recordaba momentos crueles que nunca en mi vida pude haber imaginado. Veía hambre, tristeza, odio, basura, y un montón de cosas más. Seguramente no te imaginás lo que es ver al miedo en imágenes. Seguramente ni pensás que cualquiera puede aterrarte de la forma que nunca soñaste. Ya eran las tres de la tarde, y el sol abrazaba a las personas con su calor. Todos iban de aquí para allá, con millones de problemas por delante. Pero sin embargo, todavía no te vi. No tengo ganas de volar para poderte encontrar. No tengo ganas de caminar porque no siento mis pies. No tengo ganas de llorar porque por vos nadie lo va a hacer... Siento todo el frenesí por dentro, que sería capaz de desquitarme con cualquiera. Sería capaz de transformar en odio mis penas, y así descargar de mí todo el dolor que me causaste en tus etapas de mujer estúpida, egocéntrica, apática e intrépida. El reloj marcó las seis. Pero ese momento fue único en el día. Todo porque por primera vez el sol jugó conmigo a las escondidas, obviamente ganándole yo, por su simple iluminación y distribución de calor. Te esperé toda la tarde, y no apareciste todavía. No quiero que me hagas odiarte. No quiero que te enojes si por esto te saco lo poco que tenés de vida... Yo no elegí matarte, por eso es que no voy a buscarte. Se supone que es tu voluntad la que tiene que tomar esta decisión tan importante... Ya son las ocho de la noche. Es sol ya se fue. Ya no quizo jugar. Ya no quizo iluminar más. Ahora está esta luna gigante. No despide calor, sino felicidad. Al menos es lo que siento cuando me quedo mucho tiempo mirandolá... En ese entonces había mucha gente. Creo que es medio raro que todavía hallan personas a estas horas en una plaza... Miento al decir que podría matarlos a todos. También miento al decir que me gustaría que se fueran, porque es bueno ver todavía, a estas horas, a parejas que se quieran. Parejas que caminen charlando sobre sus vidas. Parejas cerca de un árbol dándose un eterno beso. Parejas mirándose a los ojos sin decir nada... solamente mirandosé para caer en un abismo de felicidad eterna y ser víctimas del amor que los mantiene presos... La luna cambió de lugar, y la estrella de Venus la acompaña a donde quiera que va. Yo te esperé. Vos no Apareciste. En esos momentos tenía bronca y gritaba por dentro los cosas que te haría si te llegaba a encontrar... Si otra vez de mí te ibas a burlar. Me decía que estaría siempre alerta a cada broma tuya, y que no te volvería a creer cada vez que necesites mi ayuda. Tenía tantas cosas en mente... Hasta que apareciste. Por fín apareciste. Te sentaste en el mismo lugar que estaba yo. Sin más, me acerqué a vos, y te hablé. No me miraste. Te hiciste la estúpida y no me escuchaste. Quise tocarte la frente para acelerar el asunto y así de una buena vez matarte, pero te alejaste. No entendía lo que querías que haga. No entendía por qué hasta ese entonces no te mataba. No sabía que vos no querías eso, pero sin embargo tenía tantas ganas... Dios mío... fue impresionante de cómo pude contenerme y quedarme quieto. El tiempo pasó demasiado rápido. Apenas sentiste el primer rayo de sol, me llevaste a un lugar que no conocía. No sé donde era, pero tampoco me importaba. Caminamos mucho, y nos topamos con una puerta. Una gran puerta. Me dijiste que la abra, pero yo no quería. Pensaba que me engañabas para así burlarte de mí como siempre lo hacías. Me dijiste que no. Que no pasaba nada... No sé cómo fue, pero confié en vos. Abrí esa puerta, y no había nada, solamente una luz inmensa. Pero sin embargo pude sentir algo: Frío, dolor, y algo que retumbaba en mi pecho. Mis manos temblaban. Mis ojos lloraban. Comencé a agitarme sin motivos. Tenía el presentimiento de que algo me iba a pasar, y empecé a mirar para todos lados. Cada vez sentía con más intensidad el brote de mis venas y esa cosa que todavía retumbaba en mi pecho cada vez con más fuerza... En ese momento de angustia (proveniente de vaya uno a saber) sentí algo. Me tomaste de la mano. Al principio no me di cuenta, pero me quedé estupefacto al saber que me pudiste tocar... En eso me miraste a los ojos. Yo te miré, y no eras la misma de antes. Vos me miraste, y me dijiste algo que me dio mucho miedo... que ahora ya no era más un ángel. Sonreíste. Me abrazaste. Yo me quedé tildado, porque no pude descifrar tus palabras. Me alejé un poco de vos, levanté tu mirada, e hiciste caer una lágrima, como siempre. No sentí nada, ni pena, ni remordimiento... Todo por algo que me pasó. Por algo que pudo haber pasado antes. Por algo que ahora terminó: Ésa lágrima cayó en mi mano. Al sentir eso me di cuenta que algo se fue en mí. Algo que no esperaba. Miré a mis costados, y supe que algo me faltaba. Pude sentir el tacto... pero ya no pude sentir mis alas... Me las quitaste. Sin importarte que mis alas eran lo que tanto quería, lo que tanto anhelaba, lo único que de toda la gente me diferenciaba. Di un suspiro. Ya no podía hacer nada. Solamente me quedé mirando al piso sintiendo que vos me mirabas. Te miro, y ahora en vos ya no veo nada. Me miro, y veo que ya no soy el mismo. Me di vuelta, y vi que esa puerta seguía abierta. Me quise ir, pero vos no me dejabas. Me fui igual, sabiendo que con o sin mí vos te ibas a quedar... Al salir fui feliz, porque sin darme cuenta, ya estaba volando. Pude sentir a mis alas agitarse como siempre. Pude ver que volaba como si no hubiera pasado nada. Ya era de mediodía y el sol estaba presente como de costumbre. Yo te veía desde mi jardín de nubes un tanto asustado... De ahora en más voy a tener cuidado cada vez que te encuentre sola. Ya no confío en vos. Me infundiste miedo, algo que pudieron hacer muy pocas personas... Todo es tan distinto cuando mi tiempo apunta a vos... Todo pasa tan de golpe... ni siquiera me di cuenta que este cuento ya se terminó. Gonzalo Martín Montalvo | gonzaotaku@hotmail.com | 3º Polimodal. 0:34 AM 31/10/2002.